Poesía segunda mitad del Siglo XX

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La Guerra Civil, el inicio de la dictadura franquista y el exilio de españoles interrumpen la evolución de la cultura y literatura españolas, y las sumen en un aislamiento vigilado por una censura política e ideológica. La falta de libertad y una sociedad empobrecida hace que la literatura emprenda un camino difícil entre los años 1939 y 1950. Se distinguen dos posturas: o aprobar la nueva situación o reflejar la desesperanza. Dámaso Alonso las definíó como poesía arraigada y desarraigada.


· La poesía arraigada: De forma clasicista e intimista. Los autores de la Generación del 36 aprobaron el régimen dictatorial en contraste con la pobreza que les rodeaba. En revistas como “Escorial” o “Garcilaso” publican autores como Luís Rosales, Leopoldo Panero, José García Nieto…

· La poesía desarraigada: poesía existencialista que refleja la tragedia individual en tiempos de angustia y poca fe en el futuro con un lenguaje desgarrado. Los autores desgarrados publicaban en la revista “Espadaña”. Destaca “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso, Blas de Otero y Gabriel Celaya, entre otros. Frente al mundo armonioso de los arraigados, los desarraigados muestran su desajuste con el medio. Hacia la década de los 50, el existencialismo desembocó en la literatura social realista, con tono de denuncia y protesta que refleja la vida colectiva y sus conflictos. Exigen cambios con una literatura comprometida y solidaria a través de un lenguaje transparente. Los autores más importantes fueron:


· Blas de Otero: fue censurado en varias ocasiones por la fuerza de su palabra, la cual repartía por todo el mundo a través de tertulias, recitales poéticos y conferencias. Sus tres etapas coinciden con las de la poesía española: la primera, existencialista, se centra en la búsqueda de Dios –“Ángel fieramente humano”, “Redoble de conciencia” y “Ancia”; esta última surge de la uníón de la primera sílaba de la primera obra con la última de la segunda –, la segunda significa su entrada en la poesía social –“Pido la paz y la palabra”– y la tercera es cercana al experimentalismo –“Hojas de Madrid–.


· Gabriel Celaya: comprometido con la sociedad y prosista voluntario. En su época existencialista –“Tranquilamente hablando”, y en la social –“Las cartas boca arriba”.

· Victoriano Crémer: fundador de la revista “Espadaña” junto con Eugenio de Nora. Su obra es primero existencialista –“Caminos de mi sangre”– y luego social –“La espada y la pared”–.

· José Hierro: Su obra existencialista evoluciónó hacia la poesía social, destacando su obra “Quinta del 42”.

·Eugenio de Nora: en su obra existencialista se centra en los temas del dolor y del amor. Fue el primero en editar libros de poesía social –“España, pasión de vida”–.


En la década de los 50 surge una generación de escritores, que alcanzan el auge en los 60. Comparten temas como la visión crítica de la realidad, pero son sus diferencias estilísticas lo que la diferencia de la poesía social. Su actitud humanista es personal y cuida el estilo, las formas poéticas y vuelven a los eternos temas de la poesía.

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Ángel González

Alterna contenidos sociales con otros más íntimos. Destaca su obra “Grado elemental”.

· José Ángel Valente: de tono intelectual y simbolista. Busca una depuración extrema del lenguaje –“La memoria y los signos”–.

· Claudio Rodríguez: Premio Nacional de Literatura. A los 19 años publica “Don de la ebriedad”. En su poesía se mezclan el Surrealismo de las imágenes, el clasicismo formal y la transparencia del paisaje. Sentido humanista presente en “Alianza y condena”.

· Jaime Gil de Biedma: critica a la sociedad burguesa desde su propio conocimiento: “Moralidades”.

En los años 70, José Mª Castellet publicó “Nueve novísimos poetas españoles”; antología que da nombre a la generación. Estos nueve poetas, nacidos entre 1939 y 1848 son: M. Vázquez Moltanbón, Martín Sarrión, J. M. Álvarez, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina-Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo Mª Panero. Son presentados con un movimiento de poesía vanguardista y adoptan una actitud formalista. De estilo artificioso, utilizan técnicas elípticas y elementos exóticos. Emplean temas de origen cultural e histórico, además de una mitología procedente del cine, la música popular o el cómic.

La poesía de las últimas décadas del siglo XX es difícil de organizar, debido a la convivencia de autores de distintas promociones y a la multitud de corrientes que se van sucediendo. No presenta una ruptura con la anterior, más bien indiferencia. Destacan el Surrealismo, con Ana Rosseti; la poesía de la experiencia, con Luís García Montero; la poesía épica, de Julio Llamazares; el neoexistencialismo de Luisa Castro y el neorrealismo social de Fernando Beltrán.


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