La Poesía Española de Posguerra: Una Mirada a la Evolución Literaria

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La Poesía Española Posterior a la Guerra Civil

A partir de los años treinta, convivían en la literatura española varias tendencias y autores de gran prestigio. La poesía de estos años se iba alejando de la poesía pura y de la deshumanización defendida por Ortega y Gasset y comenzó un proceso de “rehumanización”, es decir, de preocupación por el hombre. Este proceso se debió en gran parte al contexto social de la época. Esta vuelta hacia lo humano se aprecia tanto en la poesía social y revolucionaria (alentada por Pablo Neruda) como en el neorromanticismo de las obras de Cernuda o Salinas de estos años, en la poesía española de tendencia surrealista o en la poesía trascendente con la que se dan a conocer los poetas más jóvenes (Luis Rosales, Leopoldo Panero y L. F. Vivanco) en 1935.

La guerra civil dio lugar a una literatura de propaganda y la poesía se convirtió en un arma de lucha con la que se ensalzaba al dirigente, al compañero muerto, se burlaba y descalificaba al enemigo. Por este motivo, la poesía de estos años no se caracterizó por su calidad y las características de la poesía de ambos bandos fueron similares en la preferencia por las formas populares (romances, coplas, etc.) y en su visión maniquea del conflicto.

El final de la guerra supuso una ruptura total con el período anterior: con Unamuno, Machado y García Lorca muertos, Miguel Hernández encarcelado, los poetas del 27 exiliados, la llamada segunda Edad de Oro de la literatura española había llegado a su final. Así se dio una doble división en la cultura: por un lado, los que quedaron (que podían dividirse a su vez en vencedores y vencidos) y, por otro lado, la “España peregrina”, derrotada y desperdigada por el mundo.

Desde el fin de la guerra hasta la actualidad, la poesía ha tomado diversas orientaciones según las circunstancias histórico-sociales de la vida española. Se distinguen cinco etapas en la poesía: la poesía de los años 40, la década de los 50, la década de los 60, inicios de los 70 y desde el 75 hasta la actualidad.

La Poesía de los Años 40

En la España de los años 40, la misma división social se refleja también en la poesía. Podemos distinguir entre aquellos que se alinearon con la ideología y la estética de los vencedores (poesía arraigada: visión del mundo ordenada y apacible; religiosidad armónica –Dios como elemento fundamental de orden–; utilización de métrica clásica que refleja ese espíritu equilibrado) y los que permanecieron callados en un exilio interior a la espera de poder gritar su dolor y su rebeldía (poesía desarraigada: sentimiento de angustia y desesperación ante las circunstancias; apertura hacia los demás en un intento de solidarizarse con los que sufren; el estilo deja de ser clásico y se vuelve violento –lenguaje coloquial brusco y duro, verso libre y versículo–).

El panorama poético del período muestra diversas tendencias:

  • Las revistas Escorial y Garcilaso reúnen a poetas como Leopoldo Panero, Luis Rosales y Dionisio Ridruejo, que apuestan por una poesía clásica con temas como la nostalgia por los tiempos del imperio español, o las vivencias amorosas o religiosas con tono íntimo. Estos poetas arraigados evolucionarán hacia otras concepciones.
  • La revista Espadaña, dirigida por Victoriano Crémer y Eugenio de Nora, defendió una poesía opuesta a la de Escorial y Garcilaso. Prefería una poesía menos retórica y más comprometida con el ser humano.
  • Algunas revistas como la cordobesa Cántico (Pablo García Baena, Ricardo Molina) sirvieron de expresión para establecer un puente con la poesía exquisita anterior a la guerra. El Postismo (Carlos Edmundo de Ory) enlaza con la estética y la rebeldía vanguardistas.

En la recuperación de la poesía fue decisiva la labor de dos poetas del 27 que publicaron en 1944 Sombra del paraíso de Vicente Aleixandre e Hijos de la ira de Dámaso Alonso.

El primero es una exaltación de la naturaleza que el ser humano se empeña en destruir y de la que se aleja inevitablemente. Hijos de la ira refleja el malestar existencial de aquella época. El título se refiere a los poemas sentidos como fruto de la angustia y de la rabia ante la injusticia, el dolor y el horror de la vida.

La ruptura temática y formal es total: poemas escritos en versículos; expresión de un desarraigo profundo; protesta contra un mundo arrasado del que se ha adueñado la parte más siniestra del ser humano. En conexión con el existencialismo de la época, muestra a un Dios silencioso al que el poeta pide cuentas. El léxico empleado, lleno de palabras antipoéticas –pus, excremento, putrefacciones, amebas, hipopótamo– muestra sin eufemismos el malestar interior del poeta.

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