Picasso Dalí y miró en su contexto artístico

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Nos encontramos delante del óleo de Miró “El carnaval del arlequín”, obra que dentro de la fuerte individualidad de Miró está conectada con el Surrealismo. 

El Surrealismo deriva en parte del Dadá y frente al derrumbamiento moral de entreguerras pretende encontrar la felicidad desde la libertad individual. El manifiesto surrealista aparece en 1934 y será firmado por Andrés Bretón, en él se defiende “el automatismo psíquico “, método basado en la producción de imágenes sin reflexión previa.

 Pasando al análisis formal e iconográfico, la escena está repleta de su compleja iconografía, poblada de multitud de formas reconocibles pero profundamente transformadas.

Notas musicales, estrellas, pequeños animales..

Dos figuras tienen más entidad: la figura de Arlequín con sombrero, barba y bigote y la estilizada figura que lleva una guitarra en la mano y que ocupa el centro de la composición. A la izquierda una escalera, símbolo de evasión y elevación y a la derecha una ventana a través de la que se ve la Torre Eiffel y una mesa con varios objetos entre los que destaca una esfera oscura como representación del globo terráqueo. Una especie de serpentina terminada en una mano atraviesa parte del cuadro .Existen amebas flotantes, gatos, notas musicales.. Con todos estos elementos Miró construye un universo poético propio, en el que los objetos se convierten en signos de su mundo interior por lo que el cuadro aparece como la manifestación visual del inconsciente.       

El color lo aplica en tintas planas, utilizando sobre todo los colores primarios:

rojo, amarillo y azul, además del negro y el blanco. La composición es básicamente intuitiva basada en el equilibrio entre líneas y manchas de color.

Miró se acerca con sus imágenes al mundo infantil porque ese es el territorio en el que se manifiesta realmente el inconsciente, anterior a la educación que reprime y censura, un mundo en el cual se pue­den burlar los límites de la razón.

Hay ausencia de perspectiva y objetos aplanados

Como conclusión podemos decir que  el Surrealismo reivindica, el sueño, la imaginación, la intuición, frente a la razón. Según sus propias declaraciones quiso expresar en este cuadro las alucinaciones producidas por el hambre, anotando sus sensaciones tras regresar a casa sin haber comido, e imaginó un arlequín con todo aquello que le pudiera alegrar. El movimiento surrealista tiene su precedente en El Bosco y Goya.
En el caso del mismo autor destaca  obras como la Masía. Otros componentes famosos de este movimiento son Dalí y Magritte.

Nos encontramos delante de El Gran Profeta, sin duda la obra más ambiciosa de Pablo Gargallo  fundida en bronce. Este autor comparte con las vanguardias artísticas el rechazo al clasicismo  que estaba instalado especialmente en la escultura. En el origen de su obra aparte del vacío existencial del periodo de entreguerras que inspiró a numerosas vanguardias, se halla la desazón por la Guerra Civil.

 Pasando al análisis formal e iconográfico fue concebido en yeso, pero posteriormente se realizaron siete ejemplares en bronce. La figura representa a un hombre barbado, un profeta, apoyado con firmeza en el suelo. Alza el brazo derecho hacia el cielo, en un gesto de aviso o de amones­tación, no exento de cierta ira, y sostiene una vara con su mano izquierda.
Está ligeramente inclinado hacia delante y presenta un eje central formado por la cabeza, la columna y la pierna izquierda, a partir del cual se articulan los diferentes elementos del cuerpo. Es en la cabeza de este visionario donde se concentra la vehemencia del personaje, con los vacíos de la boca, que nos permite ver el grito y de la mejilla izquierda.

En esta obra se sintetizan dos de las aportaciones más importantes de Gargallo:

La creación de la  escultura hueca o de va­cío, anticipándose al trabajo de Julio González, era lo que él llamaba “La transparencia de la masa” y que el utilizó para lograr una mayor expresividad.
Sus esculturas dibujan perfiles cóncavos y convexos en el aire que suelen estar acotados por volúMenes curvos como en la mejilla de la figura. En las formas convexas la luz se resbala suavemente, las cóncavas dejan pasar el aire.

El equilibrio entre la verticalidad dominante y las líneas curvas que forman los laterales.

Como conclusión podemos decir que su obra pasó por diversas etapas desde planteamientos más clásicos, hasta postulados propios del cubis­mo o del expresionismo. Utilizó todo tipo de materiales con gran maestría técnica pero sobre todo se exprésó a través del hierro y del bronce, sin olvidar el barro, en el que modeló gran parte de sus ideas -dadas las penurias económicas que le acompañaron gran parte de su vida.

Nos encontramos delante del óleo de Dalí “La persistencia de la memoria”, englobada dentro del Surrealismo figurativo

.  El Surrealismo deriva en parte del Dadá y frente al derrumbamiento moral de entreguerras pretende encontrar la felicidad desde la libertad individual. El manifiesto surrealista aparece en 1934 y será firmado por Andrés Bretón, en él se defiende “el automatismo psíquico”, método basado en la producción de imágenes sin reflexión previa.

Pertenece a la época que Dalí denomi­nó "crítico-paranoica".

Pasando al análisis formal y funcional, Dalí ha pintado una playa, con el mar al fondo y un acantilado a la derecha, inspirados, seguramente, en la Costa Brava catalana. En primer plano, a la iz­quierda, una bancada sirve de apoyo a unos re­lojes, cuyas esferas reblandecidas como lonchas de un fiambre se disponen de for­ma inverosímil.
Uno de los relojes tiene el reverso de su caja atacado por las hormigas (muy habituales en toda su pintura, pues reflejan los miedos infantiles del autor y representan la podredumbre y la muerte) otro, que marca las siete menos cinco, tiene una mosca posada sobre su esfera y un tercer reloj cuelga de la rama de un árbol seco. La sen­sación de desolación es total en esa playa fantasmal envuelta en una luz de amanecer, en la que el tiempo y la vida parecen detenidos. Sobre la arena pintó Dalí una cabeza con rostro deforme y monstruoso en el que se identifican nariz, ojo, pestañas y lengua situados de forma inverosímil, con otro reloj blando sobre ella. El ojo cerrado indica que está durmiendo, tal vez soñando la escena que tiene lugar a su alrededor.

 El pintor ha representado en el cuadro elementos tomados de la realidad aunque modificados o deformados,  pero sobre todo fuera de su contexto habitual y asociados como nunca aparecerían en la realidad. El pintor crea así un “universo imaginario”, con imágenes que proceden del mundo de los sueños y del inconsciente, carácterística que define al Surrealismo. Es, como todas las obras del Surrealismo, una pintura compleja, cuyo significado no está claro aunque, sin lugar a dudas, hay una referencia al poder destructor del tiempo, pero también a un mundo en el que éste se ha detenido y sólo persiste la memoria de las cosas.

Como conclusión podemos decir que Dalí  definíó sus cuadros como “fotografías de sueños pintados a mano”, tomaba también elementos prestados procedentes de grandes autores (El Bosco, Vermeer…. ) y los reelaboraba a su gusto .
El  Surrealismo reivindica, el sueño, la imaginación, la intuición, frente a la razón  y tiene su precedente en El Bosco y Goya.
Otros componentes famosos de este movimiento son Miró  y Magritte.
Otras obras del mismo autor son “El gran masturbador”, retratos de Gala etc.

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