Perfeccion humana segun aristoteles

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2.2.6- POLÍTICA

Como en el resto del pensamiento aristotélico, su política posee un enfoque naturalista en virtud del cual la saciabilidad "por naturaleza" del ser humano se hace depender de su condición de "animal social" o "animal cívico".
Uno de los elementos en los que se fundamenta la política aristotélica es la distinción entre el gragarismo animal y la sociabilidad humana.
En este sentido, Aristóteles afirma que los animales se asocian "para vivir", es decir, por su propio instinto de supervivencia. Sin embargo, los seres humanos se asocian "para vivir bien", es decir, porque sólo en sociedad les es posible alcanzar la felicidad. Este es el sentido de la afirmación aristotélica "quien no precisa de los demás para vivir, es más que humano o menos que humano", es decir, se toma a sí mismo por un Dios o bien decide vivir como un animal.
El carácter natural de la sociabilidad humana y su diferencia respecto del gregarismo animal es explicado por Aristóteles a partir de la distinción entre la voz y la palabra. Así, también los animales poseen voz, puesto que al igual que nosotros pueden expresar pasiones, deseos y emociones, sin embargo, solo el ser humano tiene la palabra que expresa el pensamiento y que permite la organización racional de la convivencia mediante la determinación dialogada de lo que es bueno o justo.
Existe una teleología propia de lo social en virtud de la cual no todas las formas de asociación de los seres humanos poseen el mismo valor. Desde este enfoque teleológico la asociación humana empieza con la familia en la que se garantiza la procreación y el cuidado de los descendientes. La confederación de las familias crea la tribu o aldea que garantiza la supervivencia material. Finalmente, las aldeas o tribus se confederan para dar lugar a la ciudad, que es el único contexto social en el que la racionalidad y la libertad permiten a cada uno de sus miembros actuar "según su naturaleza", es decir, vivir según la virtud y alcanzar así la felicidad. Este es el sentido de su afirmación " la ciudad es una de las cosas naturales" queriendo indicar con ello que constituye la culminación del "telos" o tendencia natural de la sociabilidad humana.
Si la estructura de la unidad de convivencia que representa el ideal humano es la ciudad, Aristóteles analiza las diferentes constituciones políticas posibles, distinguiendo las justas de las injustas. En este sentido, una forma justa de gobierno es aquella que promueve el bien común, entendido como la suma de libertad individual y racionalidad en las relaciones entre los ciudadanos. En relación a este criterio afirmará que monarquía, aristocracia y democracia son formas justas de gobierno, puesto que en ellas quienes gobiernan buscan el bien de todos. Sin embargo, señala que tales constituciones tienden a degenerar en gobiernos injustos en los que quienes gobiernan buscan su propio interés y que son respectivamente la tiranía, la oligarquía y la demagogía.
El propio Aristóteles propone un modelo de constitución, "la politeia", en la que los "mesotes", es decir, una clase media acomodada e intelectualmente bien formada asume colegiadamente el gobierno. Este modelo político no se presenta como un modelo de perfección, sino como una constitución cuya única virtud es tener una menor tendencia a degenerar en un gobierno injusto.

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