Pensamientos filosóficos de Kant

Enviado por Chuletator online y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 5,34 KB

 
Inmanuel Kant (1724-1804) es, desde todos los puntos de vista, el más grande pensador de la Edad Moderna. Toda la problemática filosófica planteada desde el Renacimiento cayó bajo su genial examen y recibíó de su rigurosa filosofía respuestas que, cuando menos, merecen ser consideradas todavía en nuestros días. Y es que Kant, además de culminar la Ilustración y, con ello, cerrar una importante página de la historia de la filosofía occidental, la de la filosofía moderna, es un hito difícil de obviar por parte de los filósofos de la Edad Contemporánea y de la actualidad. El Siglo XVIII asistíó al crecimiento de una nueva potencia política y militar, Prusia, en donde se sitúa la ciudad natal de Kant, Könnigsberg (actualmente Kaliningrado, Rusia), de la cual nuestro filósofo apenas salíó. El estado prusiano, a través de la presión militar y un uso estratégico de los acuerdos de paz, logró durante este periodo la hegemonía entre los estados alemanes y adoptó un papel de liderazgo aglutinante entre los pueblos germánicos que conducirá finalmente, en el Siglo XIX, al nacimiento de Alemania como nacíón. Entre tanto, bajo el reinado de Federico II, Prusia se incorpora a las dinámicas históricas que vivía Europa por entonces y, por descontado, a la Ilustración. Federico II ha pasado a la historia como paradigma de gobernante ilustrado, protector de las artes y las ciencias – fue amigo personal de Voltaire –, y al mismo tiempo déspota paternalista que administra con eficacia y racionalidad, pero de manera autoritaria, la prosperidad de su pueblo. En ese contexto tan favorable para la creación – lo que no evitó la explotación de los creadores a manos de sus mecenas “protectores”, obispos, príncipes, reyes y emperadores – se desarrolla el arte neoclásico y, sobre todo, la música clásica alcanza cotas de genialidad difícilmente repetibles: en la estela dejada por Johan Sebastián Bach se suceden las obras de sus hijos, Carlos Felipe Enmanuel y Johan Christian, de Joseph Haydn y su hermano Michael, de Wolfgang Amadeus Mozart y de muchos otros maestros que conducirán el clasicismo hasta los albores mismos del Romanticismo, con Ludwig van Beethoven. Algo parecido pasa con la poesía y la literatura alemanas, de la mano de Goethe o Schiller, que prefiguraron con el movimiento Sturm und Drang la nueva sensibilidad ROMántica y su cuestionamiento de la razón ilustrada. En este periodo, en las universidades y academias alemanas, se extendieron las teorías y los planteamientos metodológicos de la nueva ciencia y la filosofía moderna. No debe olvidarse el papel pionero de Leibniz en el afianzamiento de este nuevo espíritu científico y racional. Un discípulo suyo, Wolff, fijó los parámetros de la filosofía racionalista predominante en los tiempos de formación de Kant, que la empezó adoptando y cultivando, pero de la que, aunque sin menoscabo de la influencia que ejercíó en su pensamiento, renegó más tarde tras la lectura de las obras de Hume. Por otra parte, el conocimiento de la física de Newton le hizo consciente del impresionante logro al que la razón humana había podido llegar con ayuda del método científico, matemático-experimental, desde un enfoque más cercano al Empirismo británico que al Racionalismo continental – el propio Newton, al hablar de las causas del fenómeno de la atracción gravitatoria, que magistralmente sintetizó en su ley de la gravitación universal, resumía su postura al respecto con un célebre lema: ''hypotheses non fingo'', ''no finjo hipótesis'', que debe entenderse como negación a admitir cualquier enunciado acerca de los fenómenos físicos que no fuera susceptible de comprobación empírica. Kant fue un pensador laborioso, lector concienzudo y reflexivo receptor de todo lo que se cocía en el ambiente intelectual, tan vivo y tan fresco, de la Ilustración, especialmente en Francia, donde trabajó otro de sus importantes referentes filosóficos, Rousseau. Su filosofía crítica puede considerarse, al fin, una síntesis de la Ilustración. Pero una síntesis creativa que, en la mayoría de los casos, quedó muy por encima de aquellos enfoques que influyeron sobre ella. La influencia del Empirismo y de la Ilustración francesa inspiró el programa crítico que Kant inició en la década de 1760 y dentro del cual escribe sus principales obras hasta su muerte. El núcleo de tal programa es el siguiente: la razón, como ya pusiera de manifiesto la filosofía racionalista y confirmaron los pensadores ilustrados, es la capacidad superior del ser humano y a la que debe ser confiada la guía de su vida. Ahora bien, tal y como la propia filosofía racionalista y, en general, todos los sistemas filosóficos de la historia han puesto de manifiesto, la razón, en su afán por alcanzar la verdad absoluta, universal y necesaria, tiende a extralimitarse al juzgar sus propias capacidades y a ir más allá de donde razonablemente puede llegar. Así pues, ha llegado el momento de que la razón se convierta en su propio objeto de examen, de ser sometida a un análisis minucioso, racional y crítico, que desvele las claves de su actividad y el alcance y los límites de sus capacidades. La razón, para asumir genuinamente el papel de guía fiable de la vida humana, ha de someterse a su propio juicio.

Entradas relacionadas: