El patio de los leones

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 La Alhambra de Granada constituye el máximo exponente tanto del arte nazarí como de la tradición musulmana y su tendencia a la exuberancia decorativa. Era la sede oficial del sultán, la función de este palacio era la de albergar el poder ejecutivo, de gobierno. El conjunto de la Alhambra se organiza en tres unidades: la Alcazaba o zona fortificada, la Casa Real y la ciudad, muy deficientemente conservada, y donde residían los artesanos que hacían posible la vida en el conjunto. Los conjuntos palaciegos son el foco de mayor interés artístico. Se organiza en torno a dos núcleos principales, el primero es precisamente el Patio de los Arrayanes, que comunica con el Salón de Embajadores; el segundo no es menos famoso que el primero, el Patio de los Leones, al que se abren cuatro salas. La decoración simula un espacio suntuoso, rico, fascinante, teatral e inesperado. Un conjunto de vestíbulos estrechos y umbríos, dispuestos en recodo, conducen al patio de los Arrayanes, epicentro del palacio de Comares, donde la corte nazarí establecíó su gobierno y el salón del Trono. El patio de Arrayanes es uno de los grandes santuarios del arte mundial, un lugar imperecedero, irrepetible... El agua con su quietud jugando a ser espejo, la vegetación introduce olor y color y por último la luz, cambiante a lo largo del día, convierten el espacio en mágico y poético. Hoy en día la Alhambra es una de las obras de arte más visitadas, declarada patrimonio de la Humanidad, su hechizo no sólo reside en conocer la construcción; también atrae el enclave, construida sobre la colina que bordea el río Darro, a sus pies la Vega de Granada y como telón de fondo Sierra Nevada.





Partenon 

Tras el fin de las guerras médicas en el 480 a. C. La ciudad de Atenas comienza una época de esplendor, tanto en lo económico, como en lo cultural y también en lo político tras liderar la Liga de Delos. A partir del año 450 a. C. Con la llegada de Pericles, podemos decir que es cuando se alcanza su cota más alta, y bajo su mandato comienza a construirse la Acrópolis de Atenas. El Partenón, como edificio más representativo de la Acrópolis, representa el triunfo de la razón y del sentido cívico sobre la barbarie, el equilibrio de sus proporciones, el hombre como medida de todas las cosas, que a pesar de sus dimensiones alejan el templo de la monumentalidad egipcia, la corrección óptica de algunos elementos como la inclinación de las columnas, o la distancia entre los triglifos, que no vienen sino a ser una corrección de la razón sobre los sentidos, la perfección de la factura de su ornamentación escultórica, llena de serenidad y templanza tanto en los rostros como en las posiciones adoptadas, incluso, la propia divinidad a la que está dedicada, Atenea, diosa de la inteligencia y de la sabiduría. Todo lo dicho, no responde sino a la manifestación de todo lo que entendemos como cultura clásica griega, es decir, simetría, proporción, medida, armónía y serenidad.

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