Todos los otros partidos políticos quedan fuera del sistema político, al que se oponen: carlistas, republicanos, regionalistas, nacionalistas, y el movimiento obrero socialista y anarquista

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La Restauración, además de dicha Constitución, tuvo dos instrumentos básicos para su funcionamiento:

  • Los partidos políticos:

Conservador: presidido por Cánovas y apoyado por la aristocracia, los terratenientes y la alta burguésía.

Liberal: liderado por Sagasta y respaldado por la burguésía industrial y la población urbana.

Fuera del poder estaban otros partidos políticos como el Partido Socialista Obrero Español, Republicanos radicales, Regionalistas catalanes y carlistas.

  • El caciquismo


    “falta de veracidad en los resultados electorales”. Es decir, se pretende poner en marcha un sistema de fraude electoral organizado desde el poder y con el consentimiento de los dos partidos que se turnan en el poder.

Teóricamente el procedimiento de elección era el siguiente: Convocar elecciones, los electores eligen diputados de uno y otro partido y el rey encarga gobierno al jefe del partido más votado. Pero en realidad, este mecanismo de elección y cambios de gobierno recogidos en la Constitución de 1876, estaban totalmente desvirtuados porque las elecciones no eran libres, sino que eran manejadas desde el poder, hasta el extremo de que el turnismo de los dos partidos se produce previamente a las elecciones por mutuo acuerdo de sus jefes. El voto del hombre de la calle que iba a las urnas estaba siempre controlado por una prepotente oligarquía que dirige la vida política y económica del país: ministros, senadores, diputados, altos funcionarios, nobleza terrateniente, burguésía industrial y latifundista.

Entre esta oligarquía surge la figura del cacique, personaje destacado en cada pueblo o comarca que regula el movimiento político de la zona y que controla los votos. El control de este fraude electoral era completo: Cuando se convocaban elecciones, el Ministro de Gobernación decidía junto con el jefe de la oposición cuáles diputados tenían que salir elegidos en cada distrito. Los jefes locales de cada municipio, los caciques, presionan a los votantes para que el resultado electoral fuese el que se diseña previamente en Madrid. En este sentido, el cacique es pieza clave del fraude electoral, de este sucio juego político y por ello recibe innumerables favores desde Madrid. Además, como el cacique suele ser el que da trabajo a la mayoría de la población, puede fácilmente presionar a los electores bajo amenazas de despido, de recorte de salario, etc. En muchas ocasiones, los caciques recurren directamente a métodos más "fiables" como el "Pucherazo" (computar votos no emitidos). En estas circunstancias, un elevado número de ciudadanos deja de votar, su abstención era la única forma de protesta que tienen ante el fraude electoral.

Caciques


Pedro Rodríguez de la Borbolla, Rodríguez Acosta, Romero Robledo, Larios.

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