Panorámica: el teatro español anterior a 1936:

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PANORÁMICA: EL TEATRO ESPAÑOL ANTERIOR A 1936: Los gustos del público -un público burgués que acudía al teatro en busca de diversión exclusivamente- determinan en gran manera la orientación del teatro, que presenta dos manifestaciones:
TEATRO DE ÉXITO O COMERCIAL: Destinado a satisfacer las exigencias del público, es, en general, un teatro costumbrista, cómico o melodramático que rehúye los planteamientos ideológicos y continúa con las formas dramáticas tradicionales. Pueden distinguir estas corrientes: Teatro cómico: La comedia burguesa. Jacinto Benavente (“Los intereses creados”, “La Malquerida”) fue el autor de más éxito. Sus obras se caracterizan por el dominio de los recursos escénicos y la habilidad e ingenio de los diálogos (acabó con la grandilocuencia del teatro posromántico). La mayor parte de su obra, que tiene como escenario los ambientes de la burguesía y la alta sociedad, plantea como tema la crítica amable, irónica y superficial de algunos vicios y defectos de las costumbres burguesas. Otro rasgo peculiar es su uso de la técnica del “escamoteo” (los personajes no representan los conflictos ante el espectador, sino que se limitan a narrar lo acontecido fuera del escenario). Teatro cómico costumbrista, basado en la presentación de costumbres y tipos populares: los sainetes de ambiente madrileño de Carlos Arniches y los sainetes y comedias de los hermanos Álvarez Quintero. Astracán o astracanada, subgénero cómico creado por Pedro Muñoz Seca (“La venganza de don Mendo”), que se basa en las situaciones disparatadas y en los juegos de palabras con el único fin de provocar la risa. Tragedia grotesca, en la que se unen lo caricaturesco y lo conmovedor, con una actitud crítica ante las injusticias: “La señorita de Trevélez”, de Carlos Arniches. Teatro en verso, de estilo modernista -sonoro y musical-, y temas de carácter histórico (exaltaciones de grandes hechos o personajes del pasado). Destacan: “La leona de Castilla” (Francisco Villaespesa), “En Flandes se ha puesto el sol” (Eduardo Marquina), “La Lola se va a los puertos” (los hermanos Machado).
TEATRO RENOVADOR: Esta corriente renueva las formas y los temas, pero hubo de esperar muchos años para ser valorado en su justa medida, ya que entonces fracasó en su intento de atraer al público. Propone nuevas formas dramáticas y plantea hondos problemas existenciales o sociales para sacudir la conciencia de un público “dormido”. Está representado, entre otros (Max Aub, Jardiel Poncela, Alejandro Casona, Miguel Mihura..), por los dos grandes dramaturgos de este período: Ramón Mª del Valle-Inclán (“Luces de Bohemia”, “Divinas Palabras”, la trilogía “Martes de Carnaval”...), que con su estética del “esperpento” crea un teatro basado en la deformación sistemática de la realidad que alcanza a los personajes, a los escenarios y al propio lenguaje, todo ello con intención de reflejar lo absurdo de la realidad y de la vida española de la época.  Federico García Lorca (“Así que pasen cinco años”, “Retablillo de Don Cristóbal”, “Bodas de Sangre”, “Yerma”, “Doña Rosita la Soltera”, “La casa de Bernarda Alba”...). Aborda la misma temática que en su poesía (conflicto entre realidad y deseo, el destino trágico, la frustración), con un lenguaje de sabor popular y aliento poético que equilibra lo personal y lo social, el verso y la prosa, lo didáctico y artístico; todo ello enraizado en la realidad andaluza, pero que adquiere una dimensión universal.

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