Novela novecentista

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La novela en el Novecentismo.
Pérez de Ayala y Gabriel Miró.
Los escritores del Novecentismo o generación del 14 pretenden una renovación estética, creando un arte nuevo, una literatura propia. La suya será una novela intelectual.
Defienden un arte puro cuyo objetivo es el placer estético; un arte intelectual, con la serenidad, la pulcritud y el equilibrio como valores fundamentales. Por eso se desprecia el Realismo. Piensan que no es tarea del escritor la reproducción fiel de la realidad puesto que el arte no debe confundirse con la vida. Por lo tanto el argumento ya no es el valor fundamental, lo importante es el estilo y la construcción.Defienden lo europeo y urbano frente a lo rural y castizo. La prosa se tiñe de lirismo. Sus autores más importantes son Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró.
La novela intelectual de Pérez de Ayala.Tras sus primeras obras, de carácter autobiográfico y crítico como “Troteras y danzaderas”, Ramón Pérez de Ayala manifiesta una actitud intelectual novecentista, con un lenguaje cuidado y afán de experimentación en la técnica narrativa en sus novelas más importantes como “Belarmino y Apolonio” (sobre dos zapateros que representan actitudes vitales diferentes, la del filósofo y la del hombre de acción) o “Los trabajos de Urbano y Simona”, que constituyen una crítica de los prejuicios y la hipocresía en la educación sentimental.La novela lírica de Gabriel Miró.Su obra es una muestra de la evolución del Modernismo al Novecentismo. Sus novelas modernistas como “Las cerezas del cementerio” utilizan un lenguaje brillante y sonoro. En su etapa novecentista la acción es casi inexistente y se convierte en mero soporte para sus descripciones. Obras destacables son “Nuestro Padre San Daniel” y “El obispo leproso”. Se ha llamado líricas a sus novelas porque su prosa es muy trabajada y en ellas prima la emoción sobre la acción.4 La novela de vanguardiaEn los años veinte, influenciada por Ramón Gómez de la Serna, Ortega y Gasset, Marcel Proust, el cine, etc, se desarrolló una narrativa vanguardista caracterizada por su afán de experimentación. Los escritores más jóvenes exploran nuevos caminos en busca de nuevas fórmulas: se juega con la realidad y la fantasía, con la inverosimilitud y la incongruencia e incorporan innovaciones lingüísticas.Influidos por la vanguardia europea, algunos narradores que podemos situar en la generación del 27 escribieron novelas con carácterísticas comunes:• Son historias urbanas y modernas, los conflictos eróticos se convierten en asunto relevante, los héroes y las heroínas son desenvueltos y deportistas.• En las narraciones se evidencia el culto al progreso y la inclinación al hedonismo, tienen un carácter lúdico y humorístico y son habituales las digresiones de los personajes y el narrador.Destaca Benjamín Jarnés (“Locura y muerte de nadie”, “Paula y Paulita”) y cabe añadir las obras de otros vanguardistas en sus comienzos como Max Aub, Francisco Ayala o Rosa Chacel (“Estación, ida y vuelta”).5 La novela social.Hacia 1930 aparecen novelistas comprometidos con la difícil situación política, que hacen de la literatura testimonio y denuncia, en claro contraste con las de vanguardia. Se puede considerar esta tendencia como precedente del Realismo social de los años cincuenta. Autor destacado es Ramón J. Sénder. Novelas que nos permiten situarlo en esta tendencia son “Imán”, “Siete domingos rojos” y “Mr. Witt en el Cantón”, aunque por su variada producción siempre resulta difícil su clasificación.


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