Novela del 27

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Pío Baroja (1872-1956) es el más destacado de los escritores del 98. Fue un hombre pesimista que no creía ni en el individuo ni en Dios. Sus novelas suelen responder a una serie de carácterísticas fijas: a) Espontaneidad. Se ha dicho de su obra que es antirretórica. B) Observación crítica de la realidad. C) Sus novelas se pueden clasificar en dos grandes tipos:
novela aprendizaje (obras en las que se cuenta cómo un personaje aprende a vivir) y novelas filosóficas (historias en las que se narra la evolución ideológica consciente del héroe o heroína). D) Trama única con un personaje central y una serie de personajes satélites que subrayan aspectos de la vida del héroe y clarifican la personalidad y el modo de pensar de aquél mediante conversaciones o por contraste. E) Sus obras avanzan con un tiempo lento. F) Estilo. Baroja tiende al párrafo breve y la frase corta, ya que persigue la nitidez, la claridad y la precisión. Las descripciones son rápidas, siguiendo la técnica impresionista 3 (mediante breves pinceladas el autor presenta ante el lector aquello que le interesa). G) Por último, es preciso decir que no faltan quienes han visto ciertos defectos en sus obras. Entre ellos, suele aludirse a la concepción que Baroja tiene de la novela como un "saco en el que cabe todo". Sus obras más importantes son El árbol de la ciencia, Las inquietudes de Shanti Andía, Zalacaín el aventurero, La busca…
El árbol de la ciencia es la novela más carácterística de la generación del 98, una novela que tiene mucho de autobiográfica y que responde a las carácterísticas de las novelas de “formación de un personaje”, ya que cuenta la vida de Andrés Hurtado, un personaje perdido en el mundo, cuyos conflictos existenciales no hallan respuesta ni en la cultura ni en la ciencia, por lo que se ve abocado al suicidio.
 La generación del 14 y los prosistas del 27.
El Novecentismo es un movimiento que nace como oposición a lo que se consideraba propio del siglo anterior: el Romanticismo y el Realismo, pero también a la estética de la generación de fin de siglo. Este movimiento comparte con el 98 la preocupación por España. Sin embargo, defiende la europeización del país, supera el pesimismo presente en las obras de la generación anterior, critica la exaltación sentimental y persigue un arte puro liberado de subjetivismo.
 La novela novecentista. La novela novecentista rompe con la estética del siglo anterior mediante el desarrollo escueto de la acción y la incorporación de reflexiones de tipo ensayístico. En la línea de las ideas que expresa Ortega y Gasset (guía de esta generación) en su libro Ideas sobre la novela, los escritores de este grupo pretendieron una novela “deshumanizada”, es decir, una novela alejada del sentimiento y de la reproducción de la realidad. También se aprecia en ellos un interés por la innovación en las estructuras o en el estilo. Sus principales representantes son Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala. 
 Gabriel Miró (1879-1930) cultiva tanto la novela como el relato corto. Entre sus obras destacan Nuestro padre San Daniel (1921) y El obispo leproso (1926), que están ambientadas en la ciudad de Oleza, nombre que encubre a Orihuela. La novela de Miró destaca por un marcado lirismo y una gran capacidad para transmitir sensaciones (la luz, los sonidos...) a través de la descripción.
Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) evoluciona desde posiciones próximas a la generación del 98 hasta el intelectualismo novecentista de la novela Belarmino y Apolonio (1921). Aunque también escribíó ensayos, artículos periodísticos y poesía, su producción más destacada se encuadra en el ámbito de la narrativa. Admirador de Galdós y de Clarín, elabora una novela intelectual, rica de ideas y centrada en la visión crítica de la realidad social española. Por ejemplo, AMDG (novela autobiográfica) constituye una crítica de los sistemas educativos poco liberales. Tigre Juan y El curandero de su honra presentan una crítica del concepto tradicional español del honor matrimonial, en el que la opinión importa más que la virtud auténtica. Asimismo, su novela se distingue por la precisión en la expresión, que se pretende adecuar fielmente al pensamiento.

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