Ningún rasgo cultural es natural

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6. La cultura de la suficiencia

Existen muchos obstáculos que impiden un cambio cultural favorable a más sostenibilidad medioambiental, entre ellos las condiciones institucionales, los hábitos y rutinas a los que estamos acostumbrados.
La cultura a la que apunta dicho cambio, es la que se conoce como cultura de la suficiencia.
La sostenibilidad despierta interés porque se ha difundido la convicción de que la presión ejercida por la sociedad contemporánea sobre los sistemas naturales que mantienen la vida, es excesiva. Y viendo que esta presión depende de los factores población tecnologías utilizadas y consumo, la sostenibilidad implica de algún modo un equilibrio razonable entre el control demográfico, la ecoeficiencia y la suficiencia, de modo que la escala, como la intensidad de la actividad económica se mantengan lo bastante alejados de los límites naturales como para proporcionar flexibilidad al cambio social, que es relativamente imprevisible.

Lo que sucede es que se trata de una experiencia social de aprendizaje, por lo que comporta tanto ensayo como errores. Por ello, se define la “cultura de la suficiencia” como el sistema de valores, normas y estilos de vida capaces de regular la forma de equilibrio mencionado y de construir un significado para ella.

Existen unos principios muy generales, que podrían ayudar a la sociedad a conectarse a una perspectiva suficiente y, también, con la de ofrecer una guía que ayude a identificar en el presente tanto en grupos como en prácticas sociales actuales. Siendo estos:1) Que el número de seres humanos se ajuste de tal forma que no sea necesario esquilmar (reducir, disminuir) el capital natural.
De modo que es necesaria una reelaboración cultural del significado de la reproducción, el envejecimiento y la muerte.2) El avance de la ciencia y sus limitaciones. La cultura de la suficiencia no acepta que algo se deba hacer sólo porque técnicamente sea posible hacerlo. No se rechaza la ciencia, pero sí se indagan sobre sus límites y reclaman sobre ciertos proyectos. Ej.: Clonaciones, ADN recombinante...3) Más consumo no conduce a más felicidad. La cultura de la suficiencia fluye y genera sus efectos, fundamentalmente fuera del mercado y del estado. Se tiende a renunciar a un incremento del bienestar a costa de la posesión y consumo de bienes y servicios producidos por el mercado. Sin embargo, sienten más satisfacción a partir de las funciones útiles del medio ambiente y de los intercambios no mercantiles con otros seres humanos. En resumidas cuentas, menos industria y más conversación fecunda.4) La cultura de la suficiencia tiende a percibir los problemas actuales como manifestaciones de una orientación básicamente mal dirigida del progreso, más que un progreso auténtico. Lo que quiere decir con esto, es que el progreso no significa que vayamos por el buen camino si este trae tantos daños consigo, como es la emisión de gases contaminantes, el aumento del CO2, la pérdida de muchos de los recursos hídricos, etc...5) La cultura de la suficiencia rechaza el autoritarismo, valora la participación y la solidaridad y se cuestiona cómo adecuar la democracia política a la sostenibilidad. Por lo que respecta a la solidaridad y la participación no hay problemática, el verdadero problema viene cuando se plantea la “democracia sostenible”, el porqué es claro, los ecologistas son más proclives (se inclinan más) a posiciones libertarias o de democracia de base. Pero también está la posibilidad de que se establezca un esquema ECOautoritarista que podría resultar muy coherente con una visión más tecnocrática del discurso del medio ambiente. A lo que este se refiere es a, por ejemplo, establecer un gobierno de sabios ecologistas mundiales que fijen unas cantidades a extraer de recursos máximas, tasas de emisiones de contaminantes y hacer cumplir estas pautas coactivamente (obligatoriamente).De todos modos, el concepto de democracia sostenible, aún está por definir consistentemente, por lo que este punto no está definido de un modo conciso.6) La cultura de la suficiencia necesita de un cierto grado de descentralización y diversidad cultural. Esto es así dado que la centralización y unificación cultural excesiva es antiecológica.7) La cultura de la suficiencia no cree que, si algo es bueno, más de lo mismo sea necesariamente bueno. Esto es algo obvio, el exceso nunca es bueno, puede llegar a ser contra productivo, como actualmente, la dependencia hacia el petróleo y los combustibles fósiles y su progresivo y no muy lejano agotamiento.

En conclusión, la necesidad de incorporar una dimensión ecológica con ciertas pautas irrebatibles a la comprensión de la sociedad contemporánea se hizo inaplazable desde el momento en que fue posible describir un antes y el después de un proceso de modernización tan estremecedor; el cual nos lleva a un sentimiento de crecimiento y desarrollo equívoco, que realmente implica un decrecimiento asombroso como bien se nombra en el punto 4.

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