Nihilismo y voluntad de poder la muerte de Dios

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1.2. Crítica del concepto de Dios. El Nihilismo


¡Dios ha muerto y nosotros somos quienes lo hemos matado!” Nietzsche afirma que Dios es una mentira creada por los hombres de espíritu débil, que aterrados ante la dura realidad, prefieren cobijarse bajo el manto artificial pero reconfortante de un ser supremo que les guía. (Aquí se separan los caminos de los hombres: ¿quieres paz espiritual y felicidad?, cree; ¿quieres ser un apóstol de la verdad?, entonces busca”) Esta aceptación supone una negación a la voluntad de poder del hombre, que los débiles en vista de sus lánguidas fuerzas y su incapacidad para afrontar los avatares e interrogantes de la vida inventan (“la fuerza del espíritu se expresaría por la cantidad de ’verdad’ que fuera capaz de soportar”), y a partir de la cual, construyen una realidad transmundana en la que prima el orden y es causa de nuestro mundo, siendo este en calidad de efecto también ordenado, y por ende, cognoscible (Sócrates, Platón, Descartes, Cristianismo). De este orden deriva el conocimiento y la moral, conceptos que para el autor alemán son una falacia puesto que presuponen el no-devenir de las cosas así como la igualdad entre las personas. La moral determina además qué es lo bueno y qué es lo malo, convierte dos conceptos -cuyo significado es meramente relacional (“bueno para”, “malo para”), es decir que por sí mismos no indican nada-, en realidades absolutas e universales lo bueno en sí, lo malo en sí, al estilo platónico y monista. Por otro lado, son los esclavos, que aún poseyendo una débil voluntad de poder hallan en el rebaño una fuerza considerable, los que imponen sus valores al conjunto de la humanidad, dándose entonces una trasmutación de los valores. En el nuevo orden de valores que adoptará Occidente la losa de la conciencia y la moral ahogarán las tentativas de los espíritus fuertes de ejercer su voluntad de poder, diezmando así su naturaleza que devendrá débil y sumisa. Es entonces cuando la humildad, el remordimiento, la compasión, en definitiva todos los rasgos definitorios de la clase esclava, apoyados en la idea de un Ser Supremo que, como afirma el autor, juzga y condena, y solo es capaz de un amor condicionado. De no responder a su voluntad, toma venganza contra aquel que se le opone. Estas ideas se han impuesto en nuestra cultura occidental. Nietzsche, por eso rechaza las religiones, por su carácter antivital y lo que esto conlleva en contra de la espontaneidad y la fuerza instintiva. Entre todas las religiones detesta con más fuerza las monoteístas, puesto que están fundadas en el monopolio de un solo Dios y una sola doctrina, y dirigirá contra el cristianismo la mayoría de sus diatribas (“la concepción cristiana de Dios [...] es una de las más corruptas alcanzadas sobre la tierra;”) 
Nietzsche considera la fe como una sumisión de la razón, producto de un pronunciamiento débil y equivocado de la voluntad, pues no se puede aceptar racionalmente un ser que no es ni claro ni distinto, y por tanto que no es objeto de conocimiento. Por otro lado, como ya hemos dicho anteriormente, Nietzsche niega el carácter absoluto del concepto “bueno” y “malo”, y por consiguiente niega la moral. Él sentencia que cada cosa es buena o mala en función de la perspectiva con que se vea. Es decir, depende de muchos factores, siendo el más importante el factor de la voluntad. Si un hombre quiere matar a otro porque le apetece, y además considera que la acción le va a reportar un beneficio, no hay impedimento fisiológico que se lo impida, y por tanto ¿por qué no hacerlo?. Es el impulso irracional, el acto no sopesado ni licuado por la moral, el “moralmente” correcto, puesto que se legitima por la voluntad del individuo. En definitiva, si no existe un Dios Supremo que esté por encima de mí y estipule las normas del juego, más bien conocidas como moral, seré autónomo de hacer aquello que quiera. La moral no existe como valor absoluto, pero cada uno por su cuenta puede crearse su propia escala de valores, totalmente autónoma y para nada heterónoma. 
Nietzsche sentencia que Occidente está despertando de un dilatado letargo en el que la falta de rigor y la deslealtad a la veracidad han sido patrón de conducta (“¡qué importan el buen corazón, la firmeza o el genio cuando el hombre que posee estas virtudes tolera en sí mismo la tibieza de sentimientos respecto a la fe y al juicio, sin que la exigencia de certeza sea para él el más profundo de los deseos y la más íntima de las necesidades...!). Paradójicamente será la herencia de la moral la que impulse el pensamiento occidental hacía el rechazo de la gran mentira, Dios y la moral, puesto que ella es la que ha parido la virtud y ciencia del amor por la verdad. (“Zaratustra creó ese error, el más fatal de todos, la moral; en consecuencia, también él tiene que ser el primero en reconocerlo.(…)Su doctrina, y sólo ella, considera la veracidad como virtud suprema - esto significa lo contrario de la cobardía del "idealista": que, frente a la realidad, huye; La autosuperación de la moral por veracidad, la autosuperación del moralista en su antítesis -en mí- es lo que significa en mi boca el nombre Zaratustra”). Conscientes entonces los hombres del engaño al que han sido sometidos durante siglos, y viendo derrumbarse los pilares fundamentales de su sociedad, primero Dios y luego inevitablemente la moral, se encontrarán con una realidad desoladora. Desorientado y angustiado, Occidente se hallará inundado de dudas, sin unos por qué, sin ningún sentido. Tras el oasis-espejismo de la Antigua Tradición, la visión del páramo-real debilitará a los individuos, hijos huérfanos de una sociedad sin tradición ni cultura. El Nihilismo, es decir, la negación de todos los antiguos ídolos será la consecuencia, y la nada de valores su realidad más patente. (“viene el tiempo en que será necesario pagar por haber sido cristianos durante dos milenios: perderemos el centro de gravedad que nos permitía vivir,- no sabremos por un tiempo ni por dónde salir ni hacia dónde ir”.) Frente a este Nihilismo pasivo, contrapone Nietzsche un Nihilismo activo. Según dice, los viejos valores no caen por si solos sino que son hundidos por la voluntad de poder de aquellos que los niegan. Una vez derruido el antiguo orden, liberado el hombre de las patochadas cristianas y de los dioses menores de la ilustración: la razón, la democracia, la igualdad, el ser humano estará capacitado para generar por sí mismo, desde sus vísceras, desde el instinto, su nueva escala de valores. Este nuevo hombre capaz de rechazar y destruir lo impuesto en su día por los débiles, y de generar con autonomía su propia moral es el superhombre, que en lenguaje darwiniano sería considerado el siguiente eslabón en la evolución mono-hombre. Para explicar el autor alemán la transición desde el Nihilismo pasivo al activo, utiliza la metáfora de la triple metamorfosis que se explica en otro lugar.


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