Nietzsche "niño, león, camello"

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Dios:


Para hablar de Dios, Nietzsche va a partir de la base de que la sociedad ha escogido el rol del débil o del esclavo. Esta moral tiene como valor fundamental la negación de todo lo dionisíaco y por tanto todo lo que esté relacionado con el disfrute. Es la moral del resentido, el que se resigna a aceptar aquello que la sociedad impone y que tiene como principal meta la negación de sí mismo para alcanzar una vida que él considera más verdadera pero que es inexistente. Pero de la misma manera que si queremos vivir en sociedad tenemos que aceptar el lenguaje socialmente admitido, en lo moral debemos aceptar la moral del débil. Esa moral está perfectamente ejemplificada en la figura de Jesús de Nazaret, el cual ha negado su propia esencia colocándose entre los últimos de los hombres y ha entregado pacíficamente su vida como un cordero llevado al matadero. Esto es para Nietzsche la mayor de las aberraciones, ya que lo único que consigue es acabar definitivamente con cualquier fuerza activa sobre la vida. Sostiene que Dios ha muerto porque ha traicionado los valores del fuerte y que cualquier religión que pueda darse en el futro tiene que reconocer el papel dañino del Dios cristiano y reconocer los cánones de las divinidades griegas. Una vez realizado el diagnóstico de cómo la sociedad ha llegado a ese grado de decadencia, se va a plantear como debemos transformar esa sociedad para conseguir su objetivo, es decir, para afirmar su vida.

Ética

Para tratar el problema de la ética Nietzsche determina algo innegable, que es que todo aquel que esté en la sociedad posee la moral del débil, ya que la sociedad ha obtenido dicho papel y aquel que no la acepta será excluido de dicha sociedad. Esta moral tiene como valor fundamental la negación de todo lo dionisíaco y por tanto todo lo que esté relacionado con el disfrute. El origen de esta sociedad se encuentra en la tragedia griega la cual aparece en los siglos IV y V a.C. En Grecia, y cuya estructura está determinada por la presencia de un par de alternativas las cuales nos conducen de manera indefectible al dolor. Afirma que la estructura de la tragedia es la de la realidad para los griegos y que existe una tensión dialéctica entre dos divinidades: Apolo, que es el Dios de la razón y su símbolo es la lira, que produce armónía; y Dionisio, que es el Dios de la fiesta, es decir del descontrol, y su símbolo es el disfraz. Sin embargo la sociedad coge el rol del débil que es la moral del resentido, el que se resigna a aceptar aquello que la sociedad impone y que tiene como principal meta la negación de sí mismo para alcanzar una vida que él considera más verdadera pero que es inexistente. Pero de la misma manera que si queremos vivir en sociedad tenemos que aceptar el lenguaje socialmente admitido, en lo moral debemos aceptar la moral del débil. Nietzsche realiza una metáfora, comparando a la sociedad con un camello.
La sociedad desde Platón hasta sus días es como un camello, seres que van por el desierto que es el lugar de la indiferenciación. El camello va cargado con pesadas cargas de las cuales ninguna son suyas y pasa toda su vida anhelando la llegada al oasis. El camello es el que voluntariamente y de manera autónoma acepta las normas impuestas desde fuera haciéndolas suyas y se deja guiar por el “tú debes”. Sin embargo, este no es el único rol existente sino que Nietzsche coge la figura de León, la cual se caracteriza por un ser animal agresivo y fuerte, es el rey de la selva. El león es el animal que domina por su fuerza, por lo tanto es un animal despreocupado y acaba o destruye cualquier resto de debilidad. El león va a ser quien realice una activación del Nihilismo, ya que niega para afirmar, es decir, destruye para crear algo nuevo y mejor. En el pensamiento nietzscheano el león es la metáfora del propio autor, por ello desea diagnosticar como está la situación del momento para acabar con ella. Es lo que se denomina como una filosofía a martillazos y por lo tanto debe también ser superada, es la fase del último hombre que viene a continuación del hombre que quiere perecer. Pero no todo se queda ahí, también está la fase del niño, que es la fase afirmativa. El niño es el que dice sí pero solo a aquello que quiere frente al “tú debes” del camello. El “yo quiero” del niño es el superhombre o transhombre y es el que quiere construir una realidad nueva a partir de las negociaciones del león. Es un ser que crea un lenguaje y una moral nueva. El niño es el héroe que produce una transvaloración de los valores para convertir la moral del débil en una moral del fuerte. Quiere decir sí a lo que le gusta y es el que vive buscando la diferencia. Para él, la moral no es más que una propuesta estética, ya que cada uno debe construir el conjunto de metáforas que le permitan vivir felizmente y debe hacerlo a partir de la voluntad de poder. Cree que la voluntad de potencia es la que nos puede permitir liberarnos del eterno retorno. El niño es el único ser que puede decir sí a la vida que quiere (voluntad de poder). Afirmar su vida es aquello que hace que este instante sea único e irrepetible. Esta moral es la que debemos tomar cada uno de nosotros en nuestra vida y realmente hacer lo que queremos alejados del “tú debes”.

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