La Monarquía Absoluta y el Despotismo Ilustrado en el Antiguo Régimen

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La Monarquía de Derecho Divino

El Antiguo Régimen era la monarquía absoluta de derecho divino, según la cual la autoridad del monarca provenía de Dios, en nombre de quien ejercía el poder. El Estado estaba controlado por el monarca, que concentraba en su persona todos los poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) y poseía un poder absoluto: nombraba a los magistrados, administraba justicia y dirigía la política exterior. Además, la arbitrariedad era la norma del Estado y ninguna ley protegía a los súbditos del despotismo.

El absolutismo llegó a España en 1700 de la mano de Felipe V. Todo el poder residía en el monarca; existían unas instituciones que lo asesoraban y que ejecutaban sus órdenes. El principal órgano de gobierno era el Consejo de Estado, cuyos miembros eran designados por el rey, y se hizo habitual la designación de secretarios de Estado, comparables a los actuales ministros. La administración estaba en manos de gobernadores o intendentes, que tenían atribuciones para aplicar las leyes. Por último, una legión de funcionarios y burócratas se encargaba de ejecutar las órdenes reales.

El monarca no compartía la soberanía y no debía rendir cuentas a nadie. Su poder estaba restringido tan solo por la ley divina, a la que estaba sometido como cualquier otro, por el derecho natural y por las leyes fundamentales de cada reino. Una de las limitaciones del poder real provenía de los parlamentos, unas instituciones nacidas en la Edad Media que reunían a los representantes de los tres estamentos.

El Despotismo Ilustrado

El pensamiento ilustrado alcanzó las cortes europeas, y algunos soberanos, sin renunciar a su carácter de monarcas absolutos, intentaron experiencias reformistas que pretendían unir la autoridad real con las ideas de progreso de la Ilustración. En Europa aparecieron monarcas ilustrados como:

  • Federico II en Prusia.
  • María Teresa en Austria.
  • Carlos III en España.

Como rasgos comunes se pueden citar:

  • El absolutismo centralizador.
  • La racionalización de la administración.
  • El fomento de la educación.
  • La búsqueda de la modernización económica.

Todos ellos promovieron programas de desarrollo agrícola e industrial y facilitaron la libertad de comercio. Estas experiencias resultaron muy limitadas. No era posible aceptar solo una parte de la Ilustración; no se podían admitir las reformas económicas sin cuestionar la estructura social. Las contradicciones de este reformismo abrieron el camino a las revoluciones liberales.

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