Modernización Económica en la España del Siglo XVIII: El Reinado de Carlos III

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Las Reformas Económicas en el Reinado de Carlos III

Introducción: El Reformismo Borbónico

La España del siglo XVIII se caracterizó por la pervivencia del Antiguo Régimen, definido por la sociedad estamental dividida en privilegiados y no privilegiados, una economía de base rural y señorial y la monarquía absoluta. La llegada al trono español de la dinastía francesa de los Borbones significó la implantación del absolutismo en nuestro país. El siglo XVIII fue la época del reformismo borbónico, cuyo objetivo era la modernización y racionalización del Estado, tarea a la que se dedicaron los cuatro monarcas del siglo: Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV. La muerte sin descendientes del último de los Austrias, Carlos II, en 1700, dio lugar a la Guerra de Sucesión. Finalizada con los Tratados de Utrecht y Rastadt, se reconocía a Felipe de Borbón (Felipe V) como rey de España, pero la monarquía española perdía su imperio en Europa. Esto supuso la construcción de un nuevo modelo de Estado centralizado, cuyo objetivo era reforzar el poder real, y la racionalización administrativa y económica. El siglo XVIII fue la época de transición entre el Antiguo Régimen y las revoluciones liberales que, a partir de finales del siglo y durante el XIX, transformaron Europa. El elemento esencial para ese cambio fue el surgimiento y difusión del pensamiento ilustrado, como Montesquieu, que planteó la separación de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), y Rousseau, que defendió el principio de soberanía popular.

Reformas Económicas

El conjunto de medidas fue muy amplio. Algunas pretendían aumentar la recaudación fiscal: creación de la Lotería Nacional y del Banco Nacional de San Carlos. Otras, influidas por el liberalismo económico, se dirigieron a mejorar las actividades productivas: libre circulación de mercancías en el interior de España (libre circulación de cereales y vinos en 1766), liberalización comercial con América, y la creación de las Sociedades Económicas de Amigos del País en muchas provincias, con el fin de fomentar la agricultura, el comercio y la industria, traducir y publicar libros extranjeros y difundir las ideas fisiócratas y liberales. Se impulsó la obligatoriedad de la educación primaria. Además, se promovió la fundación de Academias dedicadas a las letras y las ciencias. Carlos III encontró una fuerte oposición de los grupos privilegiados a su programa de reformas. En 1766 se produjo el Motín de Esquilache, una revuelta por el malestar popular ante la escasez y alto precio de los alimentos, el rechazo a la presencia de extranjeros en el gobierno (Grimaldi, Esquilache…) y el descontento de los privilegiados con las medidas reformistas del ministro Esquilache. El resultado fue la destitución de Esquilache y la expulsión de los jesuitas, acusados de instigar dicho motín.

La Política Agraria

La agricultura era la fuente esencial de riqueza y a ella se dedicaba más del 80% de la población. Más de la mitad de la tierra cultivable estaba en manos de la Iglesia, de la nobleza y de los ayuntamientos, y estaba amortizada, es decir, no se podía comprar ni vender y se transmitía en herencia. En consecuencia, la mayoría de la tierra cultivable estaba fuera del mercado. El gobierno y los ilustrados consideraban la agricultura como el mayor problema de la economía española y veían la tierra como la principal fuente de riqueza de un país. Además, el peligro de amotinamientos, motivados por el hambre, convencía a los intelectuales de la necesidad de una reforma agraria. Todas las propuestas de reforma coincidían en la necesidad de modificar la estructura de la propiedad; sin embargo, no se adoptó ninguna decisión al respecto y la propiedad agraria permaneció inalterada. Sí se emprendieron algunas reformas para mejorar la baja productividad del campo:

  • Se aumentó la superficie cultivada.
  • Se protegió a los arrendatarios en el disfrute de las tierras que explotaban.
  • Se construyeron infraestructuras de regadío.
  • Se estableció la libre comercialización de los cereales.
  • Se colonizaron tierras despobladas.
  • Se repartieron tierras comunales entre los campesinos sin tierra de Extremadura y Andalucía.

Las cargas señoriales sobre los campesinos eran tan altas que no les dejaba margen para realizar inversiones productivas en la tierra. La efectividad de estas medidas fue limitada.

Las Manufacturas

La principal novedad fue la aparición de la fábrica, lo que favoreció la lenta ruptura del sistema gremial. Felipe V fundó en España las Reales Fábricas, ya fueran de productos de lujo (tapices, porcelana, cristal…), con el fin de aumentar la producción, satisfacer la demanda de estos productos en la Península y América, y frenar las importaciones. Las manufacturas se implantaron en toda España, pero tres zonas concentraron la mayor actividad: Valencia, el País Vasco y Cataluña.

La Libertad Comercial

Se prestó especial atención a la articulación del territorio con la mejora de las comunicaciones interiores. El tráfico de personas y mercancías era lento y difícil por las deficientes infraestructuras. Las aduanas de Aragón desaparecieron en 1714, en tiempos de Felipe V, como consecuencia de los Decretos de Nueva Planta. Se mantuvieron las de Vascongadas y las de Navarra. Los Borbones, y especialmente Carlos III, se preocuparon por reorganizar el comercio con América. En 1765, el gobierno acabó con el monopolio del comercio con las Indias de Sevilla y Cádiz, concediendo autorización a una serie de puertos españoles para comerciar con las colonias. En 1778 se promulgó el Decreto de Libre Comercio de todos los puertos españoles con América. Estas medidas liberalizadoras ayudaron a la prosperidad de otras zonas peninsulares, pero Cádiz continuó siendo el gran puerto español en el siglo XVIII. En cambio, puertos como el de Barcelona se especializaron en la exportación de productos locales (indianas), generando un crecimiento económico en Cataluña, donde la burguesía catalana lograría reunir los capitales necesarios para abordar con éxito la revolución industrial en el siglo siguiente.

Las Infraestructuras

En tiempos de Carlos III continuó el cambio radical en la actitud del Estado con respecto a las vías de comunicación. Desde el reinado de Felipe V se advierte una gran atención gubernamental hacia estos asuntos. Carlos III emprendió un plan radial de carreteras destinado a enlazar la capital (Madrid) con los principales puertos. Los intercambios entre la costa y el interior se vieron facilitados por la mejora de la carretera entre Bilbao y Burgos, además de la construcción del Canal de Castilla. Con Carlos III hubo un desarrollo naviero importante, gracias a los nuevos astilleros.

Crecimiento Demográfico

Los Borbones, al igual que los monarcas del resto de Europa, estaban convencidos de que una población elevada promovería el desarrollo agrario e industrial, y adoptaron políticas poblacionistas. Los censos de población recogen un crecimiento demográfico continuo durante todo el siglo XVIII, debido, entre otros factores, al descenso de la mortalidad catastrófica, con la desaparición de la peste y la disminución de las crisis de subsistencias, así como al aumento de la natalidad.

Conclusiones

Los Límites del Reformismo Borbónico

El despotismo ilustrado de Carlos III presenta en su conjunto un balance positivo, ya que impulsó reformas económicas, proyectos para el saneamiento urbano y la mejora de la red de carreteras, reformas educativas, así como la defensa del poder del Estado frente a la Iglesia. Pero los intentos de reforma agraria implicaban trastocar el poder de los privilegiados y, por tanto, destruían la sociedad estamental sobre la que se asentaba la monarquía absoluta. Reformar tenía como límite el poder absoluto del rey y mantener la estructura del Antiguo Régimen.

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