Miguel Hernández: La Fusión Inseparable de Vida y Muerte en su Poesía

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La Dualidad de Vida y Muerte en la Poesía de Miguel Hernández

Entre la vida y la obra del poeta Miguel Hernández (MH) existe una relación muy estrecha. Su producción literaria es como una vida con sus balbuceos iniciales, sus momentos de empuje juvenil, sus alardes de autoafirmación y sus convicciones de que no queda más remedio que aceptar la realidad como una pena, como una sucesión de heridas. La muerte, problema fundamental de la vida y de la poesía, cobra una importancia dominante en la mayoría de sus poemas.

Primeros Acercamientos a la Muerte: De la Alusión a la Dicotomía

En los primeros momentos de su obra, se refleja una actitud vital despreocupada y optimista, su deseo de dedicarse a la poesía y su admiración por determinados poetas. Hasta Perito en lunas, el tema de la muerte es una alusión literaria, un recurso del poeta que se deja llevar por lo natural como fuente de experiencia y que presenta su obra como un proyecto de vida dedicada a leer y a escribir.

Es a partir de El rayo que no cesa cuando la vida y la muerte configuran una dicotomía inseparable. El fatalismo que se deriva del tratamiento concedido al asunto amoroso en esta obra, sumado a la muerte real de Ramón Sijé, ante la que el poeta se desespera y desconsuela, cargaron de intensidad la elegía y establecieron una inseparable relación emotiva entre los sonetos amorosos y el poema dedicado a su compañero del alma.

La Muerte como Mazazo Inmisericorde: Pérdida y Resignación

La muerte seguirá estando presente en la vida y obra de MH con el fallecimiento de su hijo en 1938, a los pocos meses de nacer. Esta pérdida supuso un mazazo inmisericorde en el corazón de un hombre que iba sobreviviendo a golpe de desgracia, alejado de su familia y solo. Consecuencia de esta herida son numerosos poemas de Cancionero y romancero de ausencias, donde se refleja este sentimiento de pérdida inconsolable.

Es dramática la coincidencia entre la muerte del padre y la del hijo, ambos con los ojos abiertos por una enfermedad común, como explica un relato sobre la muerte de MH. La fuerza y la rebeldía del poeta comienzan a resquebrajarse, y vislumbra un final inevitable en el que canta los pedazos de vida que va dejando en el camino, la agonía hacia la que vuela, la tristeza de las guerras, de las armas y de los hombres. Ha llegado la hora de la resignación.

El Amor como Redención Final

No obstante, los últimos poemas son tal vez los más tiernos y melancólicos de toda la obra hernandiana. Se cierra el ciclo volviendo al amor, porque no hay salvación ni redención posible si no se ama. Aparecen constantemente la amada, el hijo, la infinita añoranza del que, mientras se muere a chorros, respira por la esperanza de la inmortalidad. El amor pone alas al poeta, como leemos en el poema “Vuelo”.

Conclusión: La Indisoluble Fusión de Vida y Muerte

Miguel Hernández llenó de vida y de muerte el centro de su poesía. Ambas configuraron la indisoluble asociación de una biografía y de una producción literaria hasta que la muerte venció a la vida y al amor, convirtiendo al poeta en un “cadáver de espuma”.

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