Manifiesto de la huelga general del 1917

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La UGT y la CNT habían firmado en 1916 un acuerdo de colaboración. Ante la creación de las Juntas militares y la asamblea parlamentaria convocan una huelga general. Entre las causas de esta convocatori hay que señalar la subida de los precios que afectó especialmente a la clase trabajadora, la inestabilidad política (juntas de defensa y asamblea de parlamentarios) y la influencia de los acontecimientos en Rusia. La huelga general tiene como último fin el cambio de sistema de gobierno ("cambios fundamentales en el sistema").

La huelga, iniciada en Barcelona, el 13 de Agosto, se extiende durante una semana por Andalucía, Madrid, Asturias, País Vasco..., paralizando los núcleos industriales. La convocatoria era indefinida, pero no fue apoyada ni por la Asamblea de Parlamentarios, que defendía los intereses de la burguesía, ni por las Juntas de Defensa, ni del resto de los militares. La intervención del ejército fue rápida y dura (aceptada por las Juntas de Defensa). Hubo muchos presos, exiliados y muertos.

El movimiento anarquista durante el siglo XIX estaba escindido entre la tendencia partidaria de la acción sindical y la que optaba por la "propaganda por el hecho" es decir, el terrorismo. A principios de siglo se imponen los primeros y en 1910 se funda la CNT. Las relaciones entre la CNT y la UGT siempre han sido difíciles y hostiles. La CNT es un sindicato de ideología anarquista, más radicalizado y menos burocratizado que la UGT, de ideología socialista. En 1917 van a protagonizar conjuntamente la huelga general indefinida de 1917. La carestía y escasez de los productos provocados por la neutralidad de la primera guerra mundial, el clima de inestabilidad política provocada por la descomposición del sistema canovista y la influencia de la revolución comunista en Rusia les hicieron albergar esperanza de la posibilidad de un cambio de sistema y ello pasaba por la convocatoria común de una huelga general. La otra ocasión en que coincidieron en los mismos objetivos fue en la guerra civil; el resto del siglo XX ha estado salpicado de problemas y enfrentamientos entre las dos centrales sindicales.

La huelga general fracasó por la no incorporación de los campesinos, el miedo de la burguesía y el apoyo del ejército. 
La ficción del turnismo había terminado para siempre. El gobierno se vio en la obligación de acceder a las peticiones de los junteros: dar paso a un gobierno de concentración o unidad nacional, con la inclusión de Cambó y los catalanistas, que consintieron su participación ante el peligro de la revolución social.
El ejército avanzó en su participación en la política, dado que la presión de las Juntas acabo por derribar el gobierno de Dato y sustituirlo por un gobierno de concentración o unidad nacional.

La triple crisis del 17, aunque aparentemente había sido superada por el sistema canovista, lo dejó herido de muerte. Ante la inestabilidad y la radicalización progresiva se recurre a los gobiernos de concentración, con la inclusión de los políticos más importantes de las distintas tendencias (Maura, Romanones, Cambó...) pero las disputas internas y las presiones externas hacen imposible su consolidación. 
En 1918 al llegar las noticias del éxito de la revolución comunista en Rusia las huelgas y el enfrentamiento con el gobierno, las fuerzas de orden público y los patronos aumentan sensiblemente, produciéndose lo que se ha denominado el trienio bolchevique, especialmente en Andalucía. En 1920, al terminar la primera guerra mundial, aparece la recesión económica. Esta crisis económica va a recrudecer la tensión social, radicalizándose aun más el movimiento obrero. 
En el campo andaluz las revueltas son continuas y en Barcelona la situación es extrema. Después de la huelga de la canadiense, aparecen el Lock out (cierre patronal que deja sin sueldo a miles de obreros) y el pistolerismo catalán ( los patronos forman los sindicatos libres que eran grupos de pistoleros y sicarios a sueldo que se enfrentan con los anarquistas, con el apoyo tácito del gobierno que aplica la ley de fugas. Mueren líderes anarquistas moderados, patronos y Eduardo Dato) 
El desastre de Annual y sus consecuencias posteriores van a actuar de casus belli. La conmoción de la derrota de las tropas española en Annual fue muy importantísima en España. El rey y el ejército son atacados como culpables. El informe Picasso que adjudica la responsabilidad del desastre al rey y al ejército va a ser debatido en el congreso, no dio tiempo. El general Primo de Rivera, capitán general, con el apoyo del ejército, la burguesía catalana y el consentimiento tácito del rey da un golpe de estado, enviando simplemente un telegrama. Es la dictadura de Primo de Rivera. 
La crisis del 98 representa el inicio del sistema canovista (constitución interna, bipartidismo y protagonismo civil). El desastre del 98 posibilitó la extensión del regeneracionismo en España. El diagnóstico era común; la causa del desastre estribaba en el atraso de la Nación, para salir de él era necesario acabar con el caciquismo y modernizar España. La forma de llevar a cabo esto da lugar a la existencia de distintos regeneracionismos. El de la revolución desde arriba de los partidos dinásticos fracasó por la Semana Trágica, las divisiones internas y el fin del turnismo. El de los nacionalismos periféricos se vio pronto abortado con el fracaso de la Asamblea Parlamentaria ante el miedo a la revolución social. Primo de Rivera y su regeneracionismo militar también fracasaría. Cuando le toco el turno al regeneracionismo republicano-socialista en la segunda república era la última oportunidad. Su fracaso nos condujo a la guerra civil y a la dictadura franquista.


La crisis del 17 se inscribe en un ciclo mayor de nueve años, la crisis final del sistema de la Restauración, que finaliza con el colapso del sistema en 1923, cuando el golpe de Estado de Primo de Rivera certificó su fin. Pero no se puede hablar de una crisis, sino de la coincidencia en el tiempo de tres crisis que se mezclan y se relacionan entre sí; Una crisis militar , relacionada con los problemas internos del ejército. Una crisis política, relacionada con la intención de integrar en la España oficial (la Constitución de 1876) la España Real (los partidos no dinásticos). Una crisis social relacionada con el movimiento obrero y con la carestía de los artículos de primera necesidad. Está claro que la crisis militar espoleó a la crisis política, y que estas dos hicieron lo propio con la social. Pero si los obreros se sumaban a las peticiones de los militares y de los políticos, ambos se retiraron ante el miedo a una verdadera revolución "desde abajo", la del movimiento obrero.

  

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