Maeztu estilo

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La novela en la Generación del 98


Denominación del grupo y autores que lo constituyen


En un primer momento estuvieron incluidos en el concepto general de “Modernistas”. Más adelante algunos autores los denominarán “Generación del desastre” y, finalmente, fue Azorín el que acuñó el término de “Generación del 98”. A pesar de ello, Maeztu y Pío Baroja negarán la existencia de tal generación. No hay criterios unánimes para establecer la nómina de autores. Ganivet es comúnmente aceptado como precursor de la generación; Unamuno, Maeztu, Baroja y Azorín como los integrantes más claros de la misma; y algunos críticos incluyen a Antonio Machado y a Ramón M.ª del Valle-Inclán, sin embargo, éstos, evolucionan desde el Modernismo a posturas críticas, deformadoras o intimistas. Hay quien ha querido sumar a Vicente Blasco Ibáñez -más bien naturalista- y a Benavente -modernista-.

Trayectoria ideológica


En los autores del 98 se produce una notable evolución ideológica. Así, el grupo de “Los Tres” (Azorín, Baroja y Maeztu) parte de una intención inicial renovadora e incluso revolucionaria. La estrecha relación con Unamuno es paralela también en su trayectoria.  En 1902 difunden un manifiesto en el que denuncian la descomposición del país y lo negativo de la realidad e incitan a la búsqueda de soluciones. El manifiesto pasó desapercibido y como consecuencia cada uno optará por su propia vía, adoptando posturas idealistas y mostrándose favorables a la no-acción. Este giro se produjo hacia 1905, desde entonces continúa su preocupación por España, pero con una actitud escéptica y subjetiva. Ahora incluyen en los textos sus propios anhelos y angustias personales. Políticamente evolucionan hacia el conservadurismo, a veces reaccionario, como el caso de Maeztu y en menor medida Azorín. El caso de Antonio Machado y Valle-Inclán es bien distinto, ya que desde su Modernismo inicial llegarán a posturas socialmente comprometidas. En la última etapa de sus producciones el individualismo es una carácterística común: trágico en Unamuno  -predominio de la angustia existencial-, nihilista en Baroja -que posee un concepto negativo de la vida-, el de Azorín manifiesta la preferencia por las pequeñas cosas y el de Machado se centra en su actitud poética y filosófica ante la vida.

Pío Baroja


Nacíó en San Sebastián 1872 y se doctoró en medicina con una tesis sobre el dolor. Abandonó la profesión y se dedicó a la literatura. Colaboró en periódicos y revistas. Ingresó en la RAE. En 1935.

 Su pesimismo y amargura son claves en su vida. Las ideas que aparecen en sus obras están emparentadas con el existencialismo, de ahí su escepticismo religioso y la creencia en lo absurdo de la existencia. Su filósofo más admirado y leído fue Schopenhauer. Ideológicamente evoluciona del anarquismo juvenil a planteamientos favorables a una dictadura “inteligente”. Narrador por excelencia, considera la novela como un género permeable en el que cabe todo. Lo importante de sus argumentos son las anécdotas y los episodios; en ellas no persigue la defensa de ninguna tesis, sino que incitan a la reflexión.

Su estilo se caracteriza por la espontaneidad. Algunos críticos le acusaron de escribir mal ya que defendía el antirretoricismo. Se ha achacado a su estilo una cierta despreocupación que le llevan a cometer errores de composición. Su prosa es rápida, ágil y amena. Son muy importantes sus descripciones, pinturas rápidas de carácterísticas impresionistas. La sencillez en su estilo se manifiesta en su preferencia por la frase corta y el párrafo breve, así como en la autenticidad conversacional de los diálogos.

 Baroja escribíó varios géneros sin demasiado éxito; cabe destacar sus memorias Desde la última vuelta del camino (1944). Sus novelas sobrepasan la cifra de sesenta y se agrupan en trilogías: Tierra vasca -formada por La casa de Aizgorri (1900), El mayorazgo de labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909). Otras trilogías -no desarrollamos aquí las novelas de las que se componen- son: La vida fantástica, La lucha por la vida, La raza, Las ciudades y El mar. Entre 1913 y 1935 desarrolló una serie narrativa más extensa que lleva como título general Memorias de un hombre de acción integrada por 22 novelas protagonizadas por Eugenio de Avinareta, un dinámico personaje del Siglo XIX, antepasado del autor.

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