Liberalismo

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7. La primera República española
7.1 La experiencia de la República federal

Tras la dimisión de Amadeo I las Cortes decidieron someter a votación la proclamación de una República, aprobada el 11 de febrero de 1873, pero gran parte de la cámara era monárquica y sólo votaba a favor como estrategia para acelerar el deterioro político y organizar el retorno borbónico. La I República española nació pues, pero grandes problemas. Sus únicos partidarios eran los republicanos del Partido Demócrata Republicano Federal (de Pi i Margall). El federalismo (1868) contaba con un ideario republicano que buscaba un sistema de pactos entre las distintas regiones y eran partidarios del laicismo estatal, entre otras cosas. La República fue recibida con entusiasmo por las masas republicanas, constituyéndose Juntas revolucionarias y apareciendo pronto revueltas populares aclamando la abolición de los consumos y las quintas. Gran parte de los dirigentes reprimieron las revueltas y disolvieron las Juntas. Calmada la situación, se convocaron elecciones a Cortes constituyentes (con victoria republicana) y en 1873 definieron el nuevo régimen como República Federal y proyectaron una Constitución, parecida a la de 1869.

7.2 Los problemas de la República

La República aceleró el conflicto carlista. En 1873 se extendió por Cataluña, desde donde se hicieron incursiones hacia Teruel y Cuenca, y se consolidó en las provincias vascas y el Maestrazgo. Algunos éxitos militares de las tropas gubernamentales impidieron la extensión del movimiento a las ciudades, pero no acabaron con el conflicto hasta 1876.


En Cuba, la guerra continuaba y el nuevo gobierno no pudo mejorar la situación. Por último, en las zonas con fuerte implantación republicana, la población, radicalizada por las aspiraciones revolucionarias se alzó en cantones independientes (surgiendo entre otros los de Sevilla, Cartagena, Granada, Cádiz, Salamanca o Valencia). Los protagonistas eran un grupo social formado por artesanos, tenderos y asalariados dirigidos, en general, por los federales intransigentes descontentos con la República. Ante tal situación Pi i Margall dimitió, siendo sustituido por Salmerón, quien inicio una acción militar contra los cantonistas. Este abandonaría el gobierno al sentirse moralmente incapaz de firmar las penas de muerte impuestas por la autoridad militar hacia los cartonistas. Fue sustituido por Castelar, que representó el republicanismo más conservador.
7.3 El fin de la experiencia republicana
Castelar no tenía mayoría en las Cortes y suspendió las sesiones parlamentarias gobernando autoritariamente. En enero de 1874 el gobierno de Castelar fue derrotado y ante la inminente formación de un gobierno de centro-izquierda el general Pavía invadió el hemiciclo disolviendo por la fuerza la asamblea con fuerzas de la Guardia Civil. El poder pasó a manos de una coalición de unionistas y progresistas con el general Serrano a la cabeza, el cual intentó estabilizar el gobierno de forma conservadora. Finalmente, el 29 de diciembre de 1874, el pronunciamiento militar del general Martínez Campos, en Sagunto, proclamaba rey a Alfonso XII (para entonces ya había firmado el Manifiesto de Sandhurst) dando fin a la República.

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