La dinastia de los austrias

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LA DINASTÍA DE LOS AUSTRIAS (SIGLOS XVI Y XVII)

La política matrimonial de los Reyes Católicos trae a España una nueva dinastía: los Austria o Habsburgo. Éstos heredan tan grandes territorios que ocupan una posición hegemónica en Europa en el S. XVI. La posesión de las colonias americanas refuerza y contribuye a sostener económicamente esta hegemonía. Este siglo es una época de expansión económica y demográfica en España.

1. EL SIGLO XVI: CARLOS I Y FELIPE II

1.1. Carlos I (1516-1556).

El nacimiento del imperio español fue debido a la herencia humana y territorial que recibe el joven Carlos. Por parte de sus abuelos maternos, los Reyes Católicos, recibe Castilla y sus posesiones de ultramar, Navarra, Aragón y sus territorios mediterráneos y del norte de África; de sus abuelos paternos, Maximiliano de Austria y María de Borgoña, los territorios austríacos de los Habsburgo y los derechos a la corona imperial, los Países Bajos y el Franco Condado.

Desde que en 1516 Carlos I ciñe la corona de Castilla, su política exterior se caracteriza -al igual que la de su hijo Felipe II- por la ruptura con la política tradicional de los Reyes Católicos, así como por la conservación o extensión de los dominios territoriales. Los tres objetivos básicos del Emperador son:

a) enfrentamiento con Francia por la hegemonía europea, pugnando con Francisco I durante más de 25 años en tres frentes: Navarra, Milanesado y Borgoña, quedando los dos primeros para Carlos I y Borgoña para Francisco I;

b) defensa de la cristiandad frente a los infieles turcos, saldada con un fracaso a pesar de la conquista de Túnez;

c) defensa de la ortodoxia cristiana frente a los protestantes centroeuropeos. No obstante, la división religiosa era ya insalvable, tal y como se reconocerá en la Paz de Augsburgo (1555).

La estructura del poder imperial se basaba en una administración amplia, jerárquica y establecida en una serie de Consejos de carácter sectorial y territorial que son movidos por el secretario real, cuya figura irá tomando relevancia tras Carlos V. Esta estructura en consejos dará lugar a un atrofiamiento burocrático, lentitud, falta de conexión, y mezcla o interferencias de competencias, sin olvidar la concepción patrimonial que los consejeros tenían del cargo.

El mantenimiento de tan vasto imperio iba a provocar conflictos sociales. El más grave fue el de las Comunidades (1520-1522). Esta revuelta se denomina así porque estuvo protagonizada por varias ciudades castellanas que se autoproclamaban una comunidad. Se opusieron a las autoridades que acompañaban a Carlos V y a los grandes señores y expulsaron a los corregidores.

Las ciudades del interior de Castilla (Toledo, Segovia, Salamanca, Zamora, Ávila, Cuenca y Madrid) protagonizaron la rebelión, que tuvo un carácter marcadamente político, ya que pretendía imponer varias condiciones al monarca: que prescindiera de los consejeros extranjeros y que acatara la voluntad del reino, es decir, de los procuradores de las ciudades representadas en las Cortes. Los comuneros formulaban, además, una serie de peticiones: limitación del poder real, reducción de los impuestos, protección de la industria textil, realización de reformas municipales a favor de los plebeyos y disminución del poder de la nobleza. En la batalla de Villamar (1521), los comuneros fueron derrotados, y sus tres líderes (Padilla, Bravo y Maldonado) fueron ejecutados.

Simultáneamente al alzamiento comunero, en Valencia y Mallorca tuvo lugar el movimiento de las Germanías una revuelta encabezada por artesanos, pequeños burgueses y campesinos contra sectores laicos o eclesiásticos (oligarquía urbana). Aprovechando la huida de la nobleza en 1519 para salvarse de las pestes y de los ataques de corsarios, los germanados tomaron el poder municipal, pero de nuevo la alianza señores-poder real acabó también por vencer a los sublevados en 1521.

Entre las consecuencias de estos dos alzamientos destacan dos: debilidad de un estado fragmentado en distintos reinos, ya que ambos movimientos se ignoraban mutuamente; y la aristocracia terrateniente fue la fuerza social que acabó salvando a la Corona, quedando relegada la burguesía a un segundo plano. Con ambas derrotas el poder real salió ampliamente reforzado en su autoridad y su alianza con la nobleza bien sellada.

1.2. Felipe II (1556-1598).

Felipe II comienza a gobernar siguiendo un ideario muy similar al de su padre: fortalecer al catolicismo y engrandecer el poderío hispano. En política exterior, uno de los principales escenarios fue el de la lucha contra los turcos, para lo cual se alió con la Santa Sede y Venecia a través de la Liga Santa que obtuvo un gran éxito en Lepanto (1571), frenando la expansión otomana pero no la piratería en al Mediterráneo.

A partir de 1566 el principal problema exterior es la sublevación de los Países Bajos, donde la nobleza, encabezada por Guillermo de Orange, aspiraba a la autonomía política y religiosa, a lo que la intransigencia filipina ante la libertad de cultos respondió con el envío de tercios. Este conflicto se internacionalizó por la ayuda de Inglaterra, de los protestantes alemanes y de los hugonotes franceses a Guillermo de Orange. El resultado final fue la división de los Países Bajos en dos zonas: la zona norte (Unión de Utrecht), de mayoría protestante y la sur (Unión de Arrás), de mayoría católica y bajo dominio español.

Ese apoyo de los ingleses supuso un cambio radical en las relaciones de España con Inglaterra, a pesar de las buenas relaciones anteriores a causa del matrimonio de Felipe II con María Tudor. Pero al morir ésta, la nueva reina ofreció apoyo a los sublevados flamencos y animó los ataques de los corsarios ingleses (Hawkins y Drake). La consecuencia es, que desde 1580, un nuevo escenario bélico entra en juego: la zona atlántica, donde se desarrolla una guerra abierta, por lo que Felipe II decidió atacar a Inglaterra con el envío de la Armada Invencible, operación que será un rotundo fracaso a causa de las tempestades y de la pericia de la escuadra inglesa.

Las relaciones con Francia fueron menos conflictivas que antes, pero la mayor tensión se alcanzó con la oposición de Felipe II a la subida al trono del protestante Enrique de Borbón, quien al final, tras una breve contienda se convirtió al catolicismo.

El hecho más importante acaecido durante el reinado de Felipe II fue la anexión de Portugal en 1580, al morir el monarca sin descendientes, lo que significaba la unión territorial peninsular y de los dominios americanos y africanos. Las clases populares portuguesas estaban recelosas del poderío castellano, pero la nobleza aceptaba a Felipe II, que fue reconocido soberano en las Cortes de Tomar, al mismo tiempo que se garantizaba la independencia portuguesa, por lo que se trataba de una unión temporal.

En cuanto a la política interior, se van a producir unos movimientos periféricos en el interior de la península, como respuesta a la castellanización y centralización del Estado, que no hacían más que reflejar la tensión entre autonomismo y centralismo, entre fueros de las antiguas Coronas y el reforzamiento del poder real:

  • Rebelión morisca de las Alpujarras, descontentos por sus condiciones de vida y por las presiones de la Corona para anular sus diferencias culturales y religiosas. La revuelta duró dos años y 20.000 personas salieron del reino de Granada, si bien no se solucionó el problema hasta su definitiva expulsión (1609) en tiempos de Felipe III.
  • Movimiento catalán, con la entrada de hugonotes y el avance del bandolerismo rural, Felipe II tuvo importantes enfrentamientos con Cataluña: encarcelamiento de diputados de la Generalitat por negarse a pagar el excusado, discusiones sobre los límites del poder real y respeto a las leyes catalanas, etc.
  • Movimiento aragonés, proveniente de la defensa que los aragoneses hacían de sus fueros, unido a un cierto sentimiento anticastellano que culminó con el caso Antonio Pérez, secretario del rey acusado de traición, ante lo cual se refugió en Aragón aprovechando que era oriundo para ampararse en los fueros. La tensión desembocó en las Cortes de Tarazona (1592) en las que Felipe II modifica la administración, frenando los fueros autónomos de Aragón.

1.3 Economía y sociedad en el S. XVI

El S. XVI es de expansión económica. Los nuevos descubrimientos geográficos impulsan el capitalismo comercial en toda Europa. El crecimiento demográfico y el comercio con América provocan una fuerte demanda de productos agrícolas y artesanales. Se roturan nuevas tierras; los artesanos aumentan su producción e, incluso, se enriquecen. Pero el auge dura poco: los artesanos no son capaces de competir en precios y calidad con los productos extranjeros y muchos se arruinan, presionados también por los altos impuestos. La Mesta, muy protegida por los ingresos que suministra a la Corona, exporta grandes cantidades de lana.

El comercio internacional tiene un gran desarrollo provocado por el Descubrimiento de América. El comercio con las Indias se organiza desde Sevilla a través de la Casa de Contratación (1503). Se envían productos alimenticios y manufacturados, muchos de estos últimos extranjeros, y se traen algunos productos coloniales y grandes cantidades de metales preciosos.

En el S. XVI se produce la llamada revolución de precios, relacionada con la llegada de metales preciosos y con el aumento de la demanda por el crecimiento de la población. La Hacienda Real Castellana vive en un déficit crónico a pesar de la subida de los impuestos y de los metales americanos. Los reyes acuden a la emisión de deuda pública -juros (títulos de deuda pública que se colocan en el mercado)- y a préstamos de los banqueros -asientos (deuda flotante a corto plazo)-. Pero ni siquiera esto es suficiente y Felipe II declara su primera bancarrota nada más subir al trono (1557).

El S. XVI es un siglo de crecimiento demográfico general: los reinos hispánicos pasan de 5,5 millones de habitantes a principios de siglo a 8 millones a finales de la centuria. Castilla sigue siendo el reino más poblado con el 80% de la población.

La Sociedad. Su estructura es la propia del Antiguo Régimen: privilegiados (nobleza y clero) y no privilegiados (artesanos, campesinos, marginados).

  • La nobleza, cortesana desde los Reyes Católicos, sigue conservando su preponderancia social y económica, pero no el poder político, que se reserva la monarquía autoritaria; no obstante colaboran en puestos secundarios cuando los reyes se muestran fuertes, o dirigen el Gobierno cuando éstos son débiles (validos o privados).
  • El Clero es una sociedad dentro de la sociedad, pues en este estamento pueden entrar miembros de todas las capas sociales. El alto clero, intelectualmente bien preparado, dispone de la mitad de las rentas del país. El bajo clero tiene inferior nivel económico, intelectual y moral.
  • El estado llano lo integran todos los no privilegiados, es decir, los que tienen obligación de pechar. Dentro de éste cabe destacar a los burgueses o mercaderes y campesinos. Los primeros, los más ricos se ennoblecen, es decir, invierten en comprar tierras y títulos para vivir de la renta. El prestigio lo sigue dando la tierra, y persiste la creencia de que es un deshonor el trabajar. La inmensa mayoría de los campesinos son arrendatarios (cultivar tierras de otros) o jornaleros y braceros.

2. LA CRISIS POLÍTICA DEL S. XVII: FELIPE III, FELIPE IV Y CARLOS II

Tras la muerte de Felipe II en 1598, se sucedieron tres reinados cuyos monarcas reciben el nombre de Austrias menores. Estos se encargaron personalmente del gobierno de sus reinos, mientras que los del siglo XVII recurrieron a validos, o privados para gobernar. El valido era un personaje de la alta nobleza, aunque también los hubo del clero e, incluso, plebeyos, que desempeñaba las funciones de gobierno con la confianza del rey.

2.1. Felipe III

Tuvo un breve reinado desde 1598 hasta 1621. Su primer valido fue Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma, el principal líder político durante la mayor parte de su reinado. En 1618, el duque de Lerma perdió la confianza del monarca y fue reemplazado por su hijo, el duque de Uceda.

Ambos validos tuvieron características comunes que luego imitaron sus sucesores: eran aristócratas e intentaron gobernar prescindiendo de los consejos, creando juntas y rodeándose de partidarios entre sus parientes y amigos, a los que dieron los mejores cargos.

El duque de Lerma aprovechó su posición para enriquecerse; sus logros como gobernante fueron limitados. Aunque durante su gobierno se firmó la paz en Europa, no aprovechó esta circunstancia para emprender reformas sociales y políticas. Trasladó la corte a Valladolid (entre 1601 y 1606), su ciudad natal, para aumentar su poder e influencia sobre el rey; consiguió que le nombraran cardenal, lo que evitó que se tomaran represalias contra él tras su caída del poder.

La principal medida adoptada en política interna por el duque de Lerma fue la expulsión de los moriscos (1609-1614), a quienes se consideraba falsos conversos, difícilmente adaptables a la sociedad cristiana. Para expulsarlos, se argumentó que constituían un peligroso enemigo que, además, cada vez era más numeroso, dada su elevada natalidad. Esta medida afectó gravemente a la economía agraria, sobre todo en Valencia y en la corona de Aragón. Los moriscos que salieron de la península se dirigieron generalmente hacia el norte de África.

En política exterior, su reinado se caracteriza por ser de relativa paz al firmarse la Tregua de los Doce Años (1609), que reconocía de hecho la independencia de Holanda.

2.2. Felipe IV

Gobernó entre 1621 y 1665. Durante su reinado se sucedieron las mayores dificultades internas y externas, para el mantenimiento de su imperio. El monarca dejó el poder durante la mayor parte de su reinado en manos del más famoso y el mejor dotado de los validos, Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, pero cuya acción política estuvo llena de fracasos.

Olivares abordó una ambiciosa política de reformas fiscales que pretendió imponer de forma absolutista. Su objetivo era incrementar los ingresos de la corona para financiar su costosa política exterior, pues durante su mandato se reactivaron las hostilidades en Europa. Entre sus reformas, la más importante estaba destinada a conseguir que los reinos no castellanos de la monarquía aumentaran sus contribuciones para que la presión fiscal no recayera de forma exclusiva sobre Castilla.

Para ello presentó el proyecto conocido como la Unión de Armas (1625), por el cual se crearía un ejército de 140.000 hombres, reclutado y mantenido por cada reino en función de sus recursos demográficos y económicos. Este proyecto chocó de inmediato con la realidad de la crisis económica y social, y la resistencia de los distintos fueros y privilegios que existían en la península.

Como respuesta a esta política de Olivares, en 1640 se inició la sublevación de Cataluña, que dio lugar a una terrible guerra que se prolongó hasta 1652. En 1640 se inició también la rebelión de Portugal que, tras una larga guerra, logró su independencia, aceptada por España en la Paz de Lisboa (1668), ya durante el reinado de Carlos II.

En cuanto a la política exterior, durante el reinado de Felipe IV España se volvió a involucrar en los conflictos europeos. Las causas de este cambio hay que buscarlas en el estallido de la Guerra de los Treinta Años (1618-48) y en la voluntad de Olivares de mantener la hegemonía en los asuntos europeos y frenar las ansias de Francia de pasar a ejercer el papel dominante en Europa. A pesar de algunas victorias iniciales (Breda, 1626), muy pronto se sucedieron las derrotas (Rocroi 1643). La paz de Westfalia (1648) daría fin a la guerra y haría patente la hegemonía francesa en el ámbito europeo y el declive de la monarquía hispánica.

2.3. Carlos II

La dinastía concluyó con este rey que reinó entre 1665-1700. Fue un monarca enfermizo y débil, aquejado de problemas de salud, hasta el punto de haber recibido el sobrenombre de El Hechizado, y que murió sin descendencia. En su largo y complicado reinado se sucedieron los validos. Primero, mientras era menor de edad, gobernó como valido el confesor de su madre, el padre jesuita Nithard, de origen alemán. Concitó tal oposición que hubo de ser destituido, siguiéndole un plebeyo, Francisco de Valenzuela. A éste le sucedió el hijo bastardo de Felipe IV, Juan José de Austria. Este personaje había adquirido prestigio en las campañas militares de la monarquía, fue respaldado por la aristocracia y recibió apoyos dentro de la Corona de Aragón. Tras su muerte le sucedieron una serie de primeros ministros (el duque de Medinaceli o el conde de Oropesa) que intentaron imponer una serie de medidas económicas y políticas, muchas de las cuales se quedaron en proyectos y promesas.

2.4. La crisis del siglo XVII

El siglo XVII se caracterizó en toda Europa por una fuerte crisis social y económica: pestes, malas cosechas, guerras, parálisis del comercio y de la industria. En los territorios hispánicos esta crisis fue todavía más profunda y originó la pérdida de la hegemonía política europea.

a) La crisis demográfica: la población disminuyó, pasando de ocho millones de habitantes en 1600, a siete en 1700. Las causas de este descenso hay que buscarlas en el flujo migratorio a América, en las bajas ocasionadas por las constantes guerras, en la expulsión de los moriscos y en el conjunto de epidemias y malas cosechas que asolaron el territorio peninsular entre 161 y 1685.

b) Los problemas económicos: la agricultura empeoró su ya precaria situación. El hambre, la guerra y las epidemias comportaron la despoblación de las tierras, mientras aumentaban los impuestos. También la Mesta vio cómo se reducía el número de cabezas de ganado, por la falta de pastos y por la destrucción provocada por las guerras peninsulares (Portugal y Cataluña). Asimismo, la industria y el comercio padecieron una profunda depresión. La tradicional competencia de los productos extranjeros se agravó ahora con la pérdida de territorios en Europa, y por tanto de mercados, el incremento de los impuestos y la pérdida de poder adquisitivo de una población cada vez más arruinada.

c) Las finanzas: la situación de las finanzas públicas no permitía mejorar el panorama. Los gastos aumentaron, tanto por una corte que despilfarraba cada vez más, como por las necesidades de las constantes guerras. Ni el aumento de los impuestos, ni las devaluaciones de la moneda, ni la constante emisión de deuda pública pudieron salvar al Estado de la práctica bancarrota. Además, el recurso a la plata y el oro americanos fue cada vez más difícil, al agotarse parte de las minas y descender drásticamente la llegada de metales preciosos.

d) La sociedad: el mantenimiento de una mentalidad aristocrática había imposibilitado rentabilizar la riqueza proveniente de América. En vez de estimular las actividades productivas, esos bienes fueron dedicados a pagar empresas imperiales de la monarquía y a consolidar un modelo social nobiliario en el que los capitales se dedicaban a la compra de tierras, casas o gastos suntuarios. Sólo los territorios periféricos, especialmente los de la Corona de Aragón, marginados de la aventura americana y de las cargas imperiales, sufrieron la crisis con menor intensidad.

3. EL GOBIERNO Y LA ADMINISTRACIÓN DE AMÉRICA.

3.1. Conquista.

La conquista se realiza en dos fases:

  1. Hasta 1517: se conquistan las islas Antillas (Puerto Rico, Cuba, Jamaica) y se descubre el mar del sur (Océano Pacífico) por Vasco Núñez de Balboa.
  2. Desde 1519 a 1550, en la que se realizan las más importantes conquistas americanas: el imperio azteca (Hernán Cortés, desde Cuba se apodera en 1521 de México y Panamá); el imperio inca (desde Panamá, Francisco Pizarro toma Perú entre 1527 y 1533 y Diego Almagro y Pedro de Valdivia toman Chile); el imperio chibcha (Gonzalo Jiménez de Quesada toma Colombia entre 1536 y 1538) y el imperio maya (Pedro de Alvarado, desde Panamá se apodera de Guatemala en 1524, y Francisco de Montejo conquista Yucatán).

Todas las conquistas se realizan por particulares que consiguen de los reyes unas capitulaciones (contratos suscritos por el jefe de la expedición por los que el expedicionario se compromete a realizar y costear el viaje y entregar al rey el décimo de las ganancias. A cambio, el rey lo reconoce como funcionario público con el rango de capitán mayor).

3.2. La colonización.

Tras la conquista comenzó el proceso de colonización y explotación de los recursos. Se inició igualmente el comercio con América, que exportaba metales preciosos y productos agrícolas e importaba nuevos cultivos, ganado y manufacturas industriales. Fue frecuente también la importación de esclavos africanos para sustituir o apoyar a la mano de obra indígena. El comercio fue controlado en régimen de monopolio por la Corona y por Castilla a través de la Casa de Contratación de Sevilla (instituida en 1503).

Sin embargo, para los colonos que llegaban a las Indias la riqueza mayor la constituían los nativos. La mano de obra indígena se repartió primero de forma espontánea (repartimientos) y, a partir de 1512, con las Leyes de Burgos, se estableció el sistema de encomiendas: se asignaba un grupo de indígenas a un encomendero, quien, a cambio de su trabajo y del pago de tributos, se comprometía a alimentarlos, cristianizarlos y respetarlos. Este sistema, prácticamente feudal, convirtió a los colonos en señores de los indios.

A la encomienda siguió el reclutamiento forzado (sistema que obligaba a los indios a trabajar por un tiempo y una cantidad estipulados en obras, caminos, edificios y minas. El reclutamiento en México se llamó régimen de tandas, y en Perú, mita) de la mano de obra. La explotación de los indígenas llegó a tales niveles que se alzaron voces de protesta desde ciertos sectores de la Iglesia, especialmente entre los dominicos.

Entre las denuncias destacaron las del dominico andaluz Bartolomé de Las Casas, que había sido encomendero en las Antillas. Como consecuencia de las protestas contra la explotación de los indios, la Corona aprobó las Leyes Nuevas de 1542, que suprimían las encomiendas e introducían reformas para evitar abusos. Estas normas fueron recibidas con hostilidad por los encomenderos.

La Corona hubo de ceder a las presiones y se llegó a una solución de compromiso, reduciendo la encomienda al tributo. A finales del S. XVI, las encomiendas decayeron debido a la disminución de la población indígena, causada sobre todo por las enfermedades importadas de Europa, que se convirtieron, al llegar a América, en auténticas epidemias.

3.3. Las instituciones de la América española.

La monarquía organizó la Administración de América inspirándose en las leyes e instituciones castellanas. El control de los dominios americanos se realizaba desde la Casa de Contratación y el Consejo de Indias (creado en 1524), un órgano consultivo del monarca con jurisdicción sobre los asuntos de América. Las instituciones más importantes fueron las siguientes:

  • Los virreinatos. Eran áreas gobernadas por un virrey (representante del rey), casi siempre procedente de la nobleza castellana. Hasta el S. XVIII hubo dos: Nueva España (1535), con capital en Ciudad de México que abarcaba todos los territorios al norte de Panamá; y el de Perú (1543), con capital en Lima que comprendía todos los territorios del sur.
  • Las gobernaciones. Eran circunscripciones administrativas similares a las provincias; cuando eran fronterizas o conflictivas se denominaban capitanías generales. Los gobernadores tenían funciones administrativas, judiciales y militares.
  • Los corregimientos. Llamados también alcaldías mayores en Nueva España, eran distritos más pequeños que los virreinatos y las gobernaciones. Los corregidores (o alcaldes) presidían los cabildos o ayuntamientos. Estas instituciones estaban controladas por las oligarquías locales formadas por españoles y sus descendientes.
  • Las audiencias. Eran tribunales de justicia; aunque había otros funcionarios con atribuciones judiciales, la última instancia de apelación correspondía a las audiencias. También ejercían funciones gobernativas (en ausencia del virrey).

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