Kant 1

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Lo único bueno sin restricción es una buena voluntad. El valor, el poder, la riqueza, el honor, son buenos y deseables pero pueden ser extraordinariamente dañinos, si la voluntad hace un mal uso de estos dones. Lo que los antiguos consideraban el valor interior de la persona (la moderación de afectos y pasiones, el dominio de sí mismo, la sobria reflexión, etc.) no son buenos sin restricción. La buena voluntad tampoco es buena en relación al fin que alcanza.
Si suponemos que el fin del hombre es la felicidad, entonces habría sido mejor que la naturaleza hubiera dotado al hombre de instinto en vez de razón para alcanzar este fin. La razón no proporciona la felicidad y la satisfacción en la vida, porque la razón tiene un propósito mucho más digno. El fin de la razón es el producir una voluntad buena, que es el bien supremo y la condición de cualquier otro fin. La consecución de este fin supremo puede ir unido a algún perjuicio para alcanzar los fines de las inclinaciones, que se resumen bajo el nombre general de «felicidad».
Desarrollo del concepto de buena voluntad:
A. Una acción tiene valor moral si se hace por deber y se excluye la inclinación.
El concepto de deber está contenido en el de buena voluntad. Kant, primero, elimina las acciones contrarias al deber, incluso cuando éstas pueden ser útiles, y las acciones debidas a una intención egoísta, debidas a una inclinación. Se limitará a las acciones conforme al deber. Entre ellas distingue las acciones debidas a una inclinación, acciones honradas pero no debidas al deber, de aquellas acciones debidas al deber, en contra de nuestras inclinaciones. Considera Kant varios casos y entre ellos el mandato evangélico de amar al prójimo, incluso al enemigo. Claramente aquí no se hace referencia al amor en el sentido de sensación, de tierna compasión, sino que es un mandato basado en la voluntad.

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