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  1. Define las diferencias entre “sexo y género” según Judith Butler.

A los conceptos de sexo y género la autora los construye durante el primer capitulo de su obra.

El genero se puede entender como una performance en cuanto actuamos y tomamos un rol para presentar al mundo el genero que queremos mostrar o se nos exige. Cuando se dice que el género es performativo, implica consecuencias. Es decir, actuamos cotidianamente de una manera que se identifica como femenina o masculina dentro del sistema binario de género que rige la sociedad hoy en día. Nadie nace con un género, sino que, basándose en Beauvoir, se llega a él.

Estamos condicionados por la opinión y las críticas de otros, siendo el género una construcción social represiva basada en la normativa según la raza, la religión, la clase, el movimiento histórico… Este binarismo hombre-
mujer no admite que existan otros géneros “incoherentes” y discontinuos en género: el cuerpo determina que sean concebibles como posibilidad. Es más, aunque los sexos aparecen nítidamente binarios, los géneros no tienen por qué.

El concepto de género se ha ido formando a lo largo de la historia, empleándose para dividir a las personas entre las que se merecen representación política y las que no, porque la representación exige un sujeto previo y la mujer no era considerada como tal. El sujeto se forma en el seno del sistema que decide emanciparlo, haciéndolo de una manera problemática en cuanto a términos representativos. La crítica feminista debería entender cómo las mismas estructuras del poder que busca la emancipación restringen a mujeres el sujeto del feminismo aun siendo “mujer” un constructo social.  Butler dudo de que el discurso científico que asegura ese sexo biológico, no tenga influencias sociales para argumentar que haya atributos corporales femeninas o masculinas. Sin embargo, este afán de corporalidad deja a la vista que no es incompatible que esta res extensa no pueda corresponderse con las res congnitans, donde residiría el género.

Así afirma que la idea del patriarcado universal, que algunos feministas defienden, solo destruye al movimiento por recurrir al constructo binarista. La oposición femenina/masculina descontextualiza y separa analítica y políticamente etnias, religión, condición política y judicial, incluso las relaciones de poder que constituyen la identidad de forma abrupta, desvirtuando el propio concepto de “identidad”. Lejos de lograr mayor universalidad y unidad dentro del movimiento, hay mujeres contra el propio movimiento al no quedar fijados los limites de identidad.

El feminismo debería reconstruirse considerando el género e identidad como construcciones variables por normatividad y metodología. Quizá, se aventura la autora, “la representación tendrá sentido para el feminismo solo cuando el sujeto de las mujeres no se dé por sentado en ningún aspecto”.

El género se construye a nivel de reconocimiento jurídico y social. No es resultado casual del sexo ni tan fijo como él. Consecutivamente, no es correcto decir que el género es la cultura, como sexo la biología.

La distinción entre sexo y género y la teorización por separado supone que hombre y masculino seas aplicables a cuerpos de hombres y de mujeres, igual que con los conceptos de mujer y femenino. La naturaleza sexual se explica en un contexto prediscursivo heterosexual (antecedentes que han condicionado el pensamiento y han construido el rol que aceptamos “preformar”). La biología ha ligado el sexo y el género, práctica sexual (reproducción) y deseo sexual.


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