Que es el gobierno de turno

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¿Cómo funcionaba el sistema electoral de la Restauración?
A la altura de 1885 era ya evidente que el funcionamiento
constitucional experimentaba una clara adulteración. Los gobiernos no
cambiaban porque tuvieran o les faltara el apoyo de las Cámaras, sino más
bien al contrario. Cuando un partido experimentaba el desgaste de su
gestión, o sencillamente cuando los líderes políticos consideraban necesario
un relevo en el disfrute del poder, se sugería a la Corona el nombramiento
de un nuevo gobierno.
El partido en el gobierno fijaba los resultados
electorales de forma pactada y negociada con los líderes del otro partido,
siguiendo la estrategia turnista. El nuevo Presidente era siempre el líder del
partido hasta entonces en la oposición, y recibía junto con su nombramiento
el decreto de disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas
elecciones.
Entonces actuaba su Ministro de Gobernación, que fabricaba los resultados
electorales desde el llamado encasillado del Ministerio, adjudicando escaños
a partidarios o adversarios en función de los acuerdos que se pactaban en la
cúspide de los partidos.
El encasillado consistía en la elaboración de una lista con los nombres de
cada uno de los diferentes distritos electorales; posteriormente, se colocaba
en cada casilla el nombre del candidato, que tenía ganada la elección, por
decisión gubernamental, ya que era el más idóneo para sus intereses, antes
de producirse las votaciones. Se producían negociaciones previas a las
designaciones de los candidatos muy duras y difíciles, pues había de
contentar a muchos solicitantes y al dirigente político saliente. También
debían negociaciones previas a las elecciones.
Sin embargo, para asegurar los resultados electorales deseados por el
gobierno era imprescindible la colaboración y la intervención de los
llamados “caciques”. Estos eran individuos poderosos y muy influyentes en
la vida local (terratenientes, prestamistas, notarios, médicos…), cuya
función consistía en controlar las elecciones en los pueblos y municipios
rurales para “fabricar” y garantizar de modo fraudulento los resultados
fijados en el “encasillado”. Los caciques, tanto liberales como
conservadores, hacían de intermediarios entre la vida local y el Estado. Este
cacique creaba su clientela proporcionando trabajo y favoreciendo
económica y socialmente a sus clientes.
Los procedimientos que utilizaban para controlar las elecciones en su
localidad, con el apoyo en todo momento de la Guardia Civil y de los jueces,
eran variados:
- Utilizar la violencia y las amenazas sobre los votantes.
- Realizar trampas el día de las elecciones.
- Cambiar votos por favores, prometiendo empleos en el
Ayuntamiento, concediendo permisos para edificar, rebajando
impuestos, saldando préstamos, librando a los amigos del servicio
militar mediante la simulación de inutilidad o influyendo en las
decisiones judiciales para beneficiar siempre a los leales.
Para los caciques la regla era “para los amigos el favor, para los enemigos la
ley”. Manipular las elecciones a través de la extensa red de caciques y
autoridades repartida por todo el país era bien sencillo, y el resultado daba,
invariablemente, una holgada mayoría al partido gobernante, que podía
actuar así sin dificultad. Este falseamiento electoral funciónó sin grandes
problemas durante los primeros veinticinco años de la Restauración, pero a
partir de la década final del siglo comenzó a resquebrajarse, con el
establecimiento del sufragio universal, la difusión de la prensa y el
surgimiento de partidos ajenos al turno, como se llamó a la monótona
alternancia de conservadores y liberales.
Los únicos distritos electorales que quedaban libres de manipulaciones
caciquiles eran los grandes núcleos urbanos e industriales. El caciquismo,
carácterístico del mundo rural, aislado y mal comunicado, persistíó tanto
con el sufragio restringido como con el sufragio universal. Por lo general las
listas de los elegidos aparecían en prensa, incluso antes de la fecha de la
realización de las elecciones.






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