Funciones de la diputación permanente en las cortes medievales del reino de Aragón

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5.1. Para ejercer su poder, los reyes se ayudaron de instituciones de gobierno. Así el Consejo Real o Curia Regia asesora al rey en asuntos de gobierno, y la Audiencia imparte la justicia en su nombre. Las Cortes surgen cuando los reyes deciden convocar a las reuniones de la Curia Regia a representantes de las ciudades, quedando por tanto integradas por miembros de los tres estamentos: nobles, eclesiásticos y burguésía urbana. Los monarcas convocaban las Cortes a fin era obtener tributos para financiar su política, pero los miembros de las Cortes aprovechaban el momento para presentar sus quejas y peticiones al rey. Este se irá apoyando cada vez más en los procuradores de las ciudades, pues el monarca les solicita impuestos a cambio de mantener su poder en los Concejos. Estos Concejos gozaban de autonomía y privilegios en base a los fueros; pero el rey comenzará a controlarlos mediante la figura del Corregidor, representante del rey en los principales municipios. En Castilla el monarca gozaba de mayores poderes que en la Corona de Aragón debido al carácter pactista de esta, en la que el monarca debía respetar las leyes e instituciones propias de los reinos de Aragón, Cataluña y Valencia. El rey estará representado en dichos reinos por la figura del virrey, y en las Cortes de cada reino se crean comisiones para vigilar el cumplimiento de los pactos. Diputación del General en Aragón y Valencia, y Generalitat en Cataluña acabarán teniendo gran poder. Asimismo, en Aragón se creó la institución del Justicia Mayor, encargado de velar por el cumplimento de los fueros del reino.



5.2. En la primera mitad del Siglo XIV las malas cosechas desencadenaron crisis de subsistencia. Además, la peste negra arribó en 1348, extendíéndose con rapidez y produciendo gran mortandad. Disminuyó la mano de obra y la producción, y los señores latifundistas, ante la disminución de rentas y vasallos, reaccionaron subiendo los tributos (malos usos) sobre los campesinos, que veían así empeorada su situación. En las ciudades, la subida de precios agrícolas disminuía la demanda de productos artesanales, con la consiguiente ruina de comerciantes y artesanos. Todo ello generó rebeliones y enfrentamientos entre campesinos y señores (guerras irmandiñas en Galicia, remensas en Cataluña, forans en Mallorca) o entre artesanos y oligarquías urbanas (conflicto Busca-Biga en Barcelona). Asimismo tienen lugar ataques a las minorías, como los pogromos o ataques a la población judía. Por otro lado se inicia el proceso de fortalecimiento de las monarquías. En Castilla Pedro I (1350-1369) se enfrenta a la nobleza que apoya a su hermanastro, Enrique de Trastámara. La Guerra Civil (1366-1369) termina con el asesinato de Pedro I por su hermanastro, que pasó a reinar como Enrique II. En Cataluña, payeses de remensa y Busca cuentan con la protección del rey Juan II, mientras los señores y el patriciado urbano contaban con el apoyo de la Generalitat. Al final estalló la Guerra Civil (1462-1472), con enfrentamientos entre los grupos sociales y contra la propia monarquía. Los problemas continuaron sin solución hasta el reinado de su hijo Fernando II.



5.3. En la Corona de Aragón, los reinos de Valencia y Mallorca y sobre todo Cataluña se abrían al Mediterráneo, por lo que desde finales del Siglo XIII los monarcas aragoneses emprendieron una importante expansión por este ámbito. A pesar de la oposición de Francia y el Papado, se inicia ese proceso expansivo, cuyos principales pasos fueron: 1. La conquista de Sicilia por Pedro III (1282). 2. El control de enclaves en el norte de África como Tremecén, Bugía y Túnez. 3. La conquista de Cerdeña por Jaime II (1323-24). 4. Los, mercenarios catalano-aragoneses al servicio de los bizantinos en su lucha contra los turcos, llegaron a dominar los ducados de Atenas (1311) y Neopatria (1318), que mantuvieron como vasallos de Aragón hasta finales del s. XIV. 5. La conquista de Nápoles por Alfonso V (1442). Gracias a esta expansión se desarrolló un activo comercio exterior, en el que sobre todo Barcelona tuvo un papel prioritario y en el que tuvieron mucho que ver una serie de instituciones creadas al efecto, como los Consulados del mar, tribunales con competencias exclusivamente marítimas y comerciales, y las lonjas de contratación, entre otras. Los comerciantes catalanes importaban fundamentalmente productos orientales como sedas, especias y tejidos de lujo, mientras que exportaban hierro, telas, paños y otros artículos artesanales. La etapa de máximo esplendor del comercio catalán fue en el Siglo XIV, pero la crisis bajo medieval afecto a esta actividad y Valencia sustituyo a Barcelona como principal puerto mercantil.



5.4. Tradicionalmente el Atlántico había representado una vía de gran interés comercial. La ruta norte era la vía de exportación de lana castellana e hierro vizcaíno y de importación de manufacturas de lujo. Por su parte, la ruta sur controlada por los genoveses permitía el acceso a los productos africanos (oro, marfil, esclavos), a las telas italianas y a las especias orientales. En esta ruta meridional, Portugal toma la iniciativa colonizando Madeira (1418) y las Azores (1432) y explorando la costa occidental africana. En 1434 doblan el Cabo Bojador; en 1444 llegan a Cabo Verde, y en 1456 a las costas de Guinea. En 1487. Bartolomé Díaz dobla el Cabo de Buena Esperanza. En 1497-98, la expedición de Vasco de Gama llega a la India. En la carrera por el control del Atlántico Castilla se lanza al dominio de las islas Canarias, archipiélago habitado hasta entonces por aborígenes y que interésó inicialmente como base marítima de operaciones y aprovisionamiento. Entre 1402-28 Enrique III de Castilla promovíó expediciones encabezadas por caballeros normandos como Jean de Béthencourt que permitieron controlar Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera y El Hierro, en las se instalaron en ellas colonos andaluces, comerciantes genoveses, misioneros y traficantes de esclavos, y que fueron entregadas por la corona en régimen de señorío. La empresa colonizadora fue prácticamente privada hasta la época de los Reyes Católicos y la rivalidad entre Castilla y Portugal se extendíó hasta 1479, fecha en la que el Tratado de Alcaçovas reconocía la soberanía castellana sobre las islas.

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