La Filosofía de San Agustín: Libertad, Mal y Predestinación

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El problema de la libertad

Tenemos, pues, que el hombre está en el mal porque ha pecado. Para que el hombre haya pecado, para que pueda ser culpable, tiene que haber sido libre. Una vez caído en el pecado, el hombre no puede salvarse a sí mismo; necesita de la fe. Pero la fe es concedida por Dios, es una gracia que Dios concede a quien quiere en virtud de designios que solo Él conoce. Esta concepción del pecado original y de la gracia motivó otra larga disputa entre diversas facciones cristianas.

El problema que se debatía era que, si el pecado original se transmite a todos los hombres de modo inexorable y si Dios decide de antemano a quiénes les será dada la gracia y a quiénes no, parece que la conclusión lógica es que los hombres no son libres de salvarse o condenarse.

San Agustín defiende las siguientes tesis:

  1. Por un lado, defiende su peculiar doctrina de la predestinación, según la cual Dios sabe desde la eternidad quiénes serán condenados, pero estos continúan siendo libres de salvarse. Agustín lo explicaba así: Dios ofrece la posibilidad de la salvación a los hombres, pero estos, libremente, la rechazan.
  2. San Agustín distingue, además, entre libre albedrío y libertad. El libre albedrío es la capacidad de elegir del hombre, capacidad que le puede llevar a elegir el bien o el mal. Ahora bien, como el hombre es un ser caído que está en el mal, usa su libre albedrío para el mal. La gracia le permite al hombre elegir el bien, y a esta capacidad de elegir que se orienta al bien la llama Agustín "libertad".
  3. El problema de cómo pueda explicarse el pecado original lo resuelve recurriendo al traducianismo, aunque tampoco descarta las tesis creacionistas.

El problema del mal

Un problema que preocupó enormemente a San Agustín fue el origen del mal. Esto le llevó a adherirse en su juventud a las tesis maniqueas, según las cuales hay dos principios que rigen el cosmos: un principio del bien y un principio del mal. Una vez convertido al cristianismo, la concepción plotiniana del mal como no-ser le permite explicar cómo, siendo Dios bueno y autor de todo, existe sin embargo el mal: este no sería creado por Dios, puesto que no es nada sustancial, sino ausencia del bien. Sin embargo, no identifica el mal con lo sensible, con la materia.

Distingue entre:

  • Mal moral (pecado): Es fruto de una mala voluntad, de una perversión del querer, consistente en anteponer lo sensible a Dios.
  • Mal físico (enfermedades): Es una consecuencia del mal moral.

Contexto histórico y filosófico

Contexto cultural

En el terreno cultural, la extensión del Imperio Romano facilitó las relaciones entre los diversos ambientes culturales. El centro cultural de la época se encontraba en Alejandría, en la que confluían el pensamiento griego helenístico y la tradición judía. Pero el mundo antiguo estaba en su última etapa: la cultura romana se agotaba y seguía nutriéndose de una cultura —la griega— que no era capaz de renovarse. Es más, la lengua griega empezaba a perderse y las ciencias se encontraban en notable retroceso. Tras la caída de Roma, el protagonismo correspondió a la Iglesia. A San Agustín le tocó vivir los concilios donde los intelectuales de la época (los Padres de la Iglesia) trataron de sentar las bases ideológicas de lo que sería el mundo cristiano.

Contexto filosófico

Filosóficamente hablando, después de Aristóteles y Platón, las escuelas filosóficas que subsistían se reducían a:

  • Epicureísmo: Para Epicuro, la vida humana hay que orientarla hacia la felicidad, que consiste en el placer sabiamente administrado (hedonismo), junto con el alejamiento del dolor.
  • Estoicismo: La felicidad la da la actitud imperturbable ante el destino. Todo está determinado y hay que aceptarlo. Quien rige el destino es la ley del Logos o Razón universal.
  • Neoplatonismo: Plotino defiende una concepción en la que todo emana, sale del Uno. La felicidad del hombre consiste en la ascensión hasta el Uno. Al final de ese camino ascensional está el éxtasis, que supone la liberación del mundo sensible y la plena felicidad.

El cristianismo surgirá dentro de este contexto no como una doctrina filosófica, sino como una religión. La filosofía aportará al cristianismo su terminología (adaptada a los dogmas cristianos) y el cristianismo dará a la filosofía una nueva visión sobre la realidad (creación, filiación divina, no circularidad de la historia, etc.).

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