La Filosofía de Nietzsche: Vitalismo, Nihilismo y Crítica a la Religión
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Nietzsche transmitirá a N: el vitalismo (la vida y no la razón es la realidad primordial), el irracionalismo (la razón es algo secundario), el nihilismo (todas las esperanzas humanas son vanas y falsas), el pesimismo (esta pérdida de sentido hace que la vida no tenga valor). Solo el arte es capaz de mantener al hombre en la existencia trágica. N reaccionará contra S promoviendo un nihilismo positivo que acepte la caducidad de la vida, pero que le diga alegremente que sí.
Richard Wagner
N encontró en el arte el modelo inicial para ese proyecto. En sus primeras óperas, especialmente en “El héroe del anillo de los nibelungos”, se encuentra un modelo distinto de hombre que N llamará dionisíaco. Su ruptura posterior con Wagner le dejó una huella que nunca se cerró, e intentó promover una filosofía moral en la que tuviesen lugar esos individuos, capaces de aceptar la vida tal y como es, pero de forma alegremente trágica.
Los Oponentes
La filosofía de N es reactiva frente a los planteamientos socráticos y la filosofía platónica que surge de ella, después de la rígida moral protestante y todo el cristianismo con su amor a la humanidad.
Valoración
Es el pensador más leído en nuestros días. Desde 1950, el interés por las obras de N despierta un gran interés entre los lectores del final de la adolescencia y de la juventud, pues advierten en él esa fuerza de la rebeldía. N se calificó a sí mismo como "dinamita". La influencia de N se ha notado en muchos ámbitos de la cultura. En el ámbito filosófico, se manifiesta el impacto de su crítica al racionalismo en buena parte de la filosofía del siglo XX. Los factores que más impactan son su carácter intempestivo (capaz de enfrentarse con las demás corrientes), su activa crítica, su defensa vigorosa de la vida, su desprecio de los débiles y su posible influencia en el nazismo.
La Finitud y la Contingencia del Sujeto
Nietzsche, a mi juicio, reconoce mejor que nadie la finitud y la contingencia del sujeto: el hombre es aquí y ahora; no existe un más allá al que debamos sacrificar y encadenar nuestra vida. Y desde esa finitud y contingencia, Nietzsche subraya el carácter interpretativo, subjetivo, de toda comprensión de la realidad. La realidad no es unívoca, sino que depende de la perspectiva que adoptemos. No existe la “VERDAD”, sino verdades parciales igualmente válidas y defendibles.
Relativismo y Fundamentalismo
Esta actitud tiene, desde mi punto de vista, una doble lectura; por un lado, es un antídoto perfecto contra cualquier fundamentalismo, sea religioso, político o de cualquier índole, pues acepta las distintas formas de concebir y valorar la realidad; pero al mismo tiempo puede desembocar en un relativismo absoluto, donde cualquier opinión, cualquier hecho, puede justificarse y considerarse válido. De ahí la importancia de valorar en su justa medida la propuesta nietzscheana.
La Dimensión Pasional de la Vida
Otro aspecto esencial del pensamiento de Nietzsche, desde mi perspectiva, es la revalorización de la dimensión pasional, afectiva, corporal de la vida, frente a la primacía de la razón propugnada por toda la tradición filosófica y cultural. El hombre es pasión, instinto, fuerza vital, en definitiva, voluntad de poder. Se trata de descubrir a la razón como no soberana, de mostrar la otra cara de la razón.
Crítica a la Religión Cristiana
No obstante, Nietzsche se excede en su valoración de esa otra dimensión del ser humano. Su rechazo de la racionalidad es, a mi juicio, un error, y muchos son los ejemplos de irracionalidad que han marcado la historia de Occidente: dictaduras fascistas, dictaduras comunistas, terrorismo, etc. Finalmente, la última cuestión que no quisiera pasar por alto es la crítica de Nietzsche a la religión cristiana. Una crítica que busca afrontar la existencia como es, sin apelar a un más allá transmundano que implique sacrificar esta vida.
Nietzsche propone adoptar una actitud optimista ante la vida, enfrentarse a los problemas con fortaleza, con vitalidad. Y ello frente a las enseñanzas de la tradición, que ha pretendido hacer del resentimiento, de la debilidad, de la cobardía y la resignación virtud. Los planteamientos de Nietzsche gozan, pues, de enorme actualidad y sus impugnaciones cuestionan todavía hoy las tradiciones cristianas y las teologías. Su denuncia del moralismo y sus acusaciones contra un cristianismo dolorista y supranaturalista siguen vigentes como crítica a las formas de vida propuestas en las iglesias cristianas. Desde esta perspectiva, Nietzsche constituye, a mi entender, una tarea pendiente para las tradiciones cristianas, y su crítica es la más central para la tradición religiosa occidental.