Expansión del Imperio Británico y la Partición de África
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El Imperio Británico
El Imperio Británico, aunque con orígenes anteriores, experimentó una fase de gran expansión a partir de 1815, tras el Congreso de Viena. En este periodo, el Reino Unido se centró en asegurar su posición estratégica global.
La estrategia clave fue la ocupación de puntos estratégicos, especialmente islas y puertos en todos los mares del mundo, garantizando así la seguridad de sus rutas comerciales y el acceso a sus puertos.
La India se convirtió en la joya de la corona, una colonia de explotación que proporcionaba inmensas riquezas. El control de las rutas marítimas hacia la India era vital, pero también existía la preocupación por la seguridad terrestre frente a posibles avances de Rusia o China. Para protegerla, se promovió la creación de estados tapón como Afganistán, el Tíbet o Persia.
La India ofrecía abundantes materias primas y una vasta mano de obra.
El Reino Unido realizó grandes inversiones en infraestructuras en la India (ferrocarriles, puertos, ciudades), consciente de que el retorno económico superaría con creces el capital invertido. Esta explotación fue fundamental para la base de su riqueza imperial.
El Imperio Continuo en África
Uno de los grandes objetivos británicos fue la creación de un imperio continuo en África, que permitiera conectar sus posesiones de norte a sur sin salir de sus territorios. Este proyecto implicó varios pasos clave:
- El Reino Unido estableció un protectorado en Egipto.
- Obtuvo el control del Canal de Suez. Aunque construido por una empresa francesa, la quiebra de esta permitió al Reino Unido adquirir sus acciones y asegurar la posesión estratégica del canal.
- La expansión llevó a un conflicto de intereses con Francia en Sudán, culminando en el Incidente de Fachoda. La victoria británica obligó a Francia a retirarse.
- Influencia en la región de los Grandes Lagos, cercana al Congo.
- Ambición de crear un eje norte-sur (El Cabo a El Cairo). Esto generó tensiones con Portugal, que reclamaba un territorio que uniera Angola y Mozambique (el "Mapa Rosa"). El ultimátum británico de 1890 forzó a Portugal a ceder, consolidando la influencia británica en la región que se convertiría en Rodesia.
- Las colonias del Cabo. Originalmente asentamientos neerlandeses (los Bóers), el Reino Unido solo poseía inicialmente Ciudad del Cabo. El descubrimiento de importantes minas de diamantes y oro en el siglo XIX en territorios como Orange, Natal y Transvaal intensificó el interés británico. Tras las Guerras Bóer, los Bóers fueron derrotados y sus repúblicas anexionadas. El territorio se unificó en la Unión Sudafricana. Lamentablemente, esta unión institucionalizó la segregación racial, que culminaría en la política de Apartheid, separando a la población blanca de la población negra.
Estos avances permitieron al Imperio Británico acercarse a su ideal de un "imperio continuo" en África, conectando sus posesiones desde Egipto hasta Sudáfrica.
El Problema del Congo y la Conferencia de Berlín
La exploración de la cuenca del río Congo, impulsada inicialmente por el rey Leopoldo II de Bélgica a través de expediciones científicas, atrajo rápidamente el interés de otras potencias europeas como Francia, Italia y Portugal. La competencia por el control de este vasto y rico territorio generó serias disputas y amenazaba con desencadenar un conflicto internacional.
Para evitar una guerra, se convocó laConferencia de Berlín (1884-1885), presidida por Otto von Bismarck. En ella, las potencias europeas establecieron las reglas para la ocupación y el reparto de África.
- El principio de "ocupación efectiva": solo se reconocería la soberanía sobre los territorios que una potencia pudiera controlar y administrar realmente. Esto invalidaba las reclamaciones basadas únicamente en descubrimientos o derechos históricos (como las de España y Portugal en América).
- Libertad de navegación en los grandes ríos y lagos africanos (Congo y Níger) para todas las potencias. Este punto benefició especialmente al Reino Unido.
- Compromiso formal de respetar los derechos de las poblaciones locales y suprimir la esclavitud (aunque en la práctica, estas promesas a menudo no se cumplieron).
- Se delimitaron las esferas de influencia y se reconocieron las posesiones de potencias como Bélgica (Estado Libre del Congo para Leopoldo II), Francia, Portugal, Italia, Alemania y España, formalizando así el reparto de gran parte del continente africano.
La Conferencia de Berlín logró evitar un conflicto a gran escala entre las potencias europeas por el control de África, aunque sentó las bases para futuros problemas y tuvo consecuencias devastadoras para las poblaciones africanas.