Expansión Atlántica de Castilla y Portugal en el Siglo XV y la Unificación Territorial de los Reyes Católicos

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La Expansión Atlántica de Castilla y Portugal en el Siglo XV

En la segunda mitad del siglo XV, Castilla y Portugal lideraron una expansión por las costas atlánticas de África. Varios factores hicieron esto posible:

  • Avances técnicos: Nuevas embarcaciones como las carabelas e instrumentos de navegación como la brújula, el astrolabio y la cartografía mejorada.
  • Interés económico: La búsqueda de nuevas rutas para acceder al oro africano y la necesidad de canalizar los intereses económicos de ambos estados en un espacio aún no controlado por otras potencias.

La primera etapa de esta expansión llevó a Castilla a controlar el Estrecho de Gibraltar (siglo XV). Aunque la exploración de las costas africanas había comenzado en el siglo XIV, no cobró verdadera importancia hasta el siglo XV. Castellanos y portugueses, coincidiendo en la misma línea de expansión, se disputaron algunos territorios. En la segunda mitad del siglo, navegantes portugueses llegaron al Golfo de Guinea, superando la línea del Ecuador. Simultáneamente, Castilla ocupó las Islas Canarias, aunque su conquista no se completó hasta después del descubrimiento de América.

La Unificación Territorial bajo los Reyes Católicos

Integración del Reino Nazarí de Granada

Uno de los pilares de la política de los Reyes Católicos fue la unificación territorial, integrando los diversos reinos peninsulares. En el caso del Reino Nazarí de Granada, existía el peligro de una alianza con los turcos o de que el propio Imperio Turco reactivara el poder nazarí como trampolín hacia Europa Occidental.

La guerra contra Granada fue más larga y costosa de lo previsto. Sin embargo, a partir de 1484, Castilla combinó eficazmente la artillería y la infantería, aprovechando las disensiones internas de la familia real nazarí. Finalmente, Boabdil entregó a los Reyes Católicos el último reducto, la ciudad de Granada, que capituló el 2 de enero de 1492.

Incorporación de Navarra

Tras la muerte de Isabel, Fernando, como regente de Castilla, incorporó Navarra a Castilla en 1515. Aunque Navarra conservó su autonomía y sus instituciones, este hecho consolidó la unificación territorial. Navarra estaba controlada por Francia en ese momento, y Fernando aprovechó un enfrentamiento mayor con Francia para conquistar el reino.

La Conquista de las Islas Canarias

La ocupación del archipiélago canario por Castilla, iniciada a finales del siglo XIV, se relaciona con su expansión por las costas atlánticas de África. Castilla competía con Portugal por el acceso a las rutas del oro del interior del continente y por encontrar rutas marítimas hacia el Extremo Oriente.

La ocupación total de las Islas Canarias se había demorado. Faltaba la conquista de las islas mayores, bien defendidas por los guanches. La importancia estratégica del archipiélago, en la encrucijada de África y las rutas atlánticas, impulsó la conquista de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, finalizada en 1496, con el apoyo de comerciantes sevillanos y genoveses establecidos en Andalucía.

La Cuestión Portuguesa

Dentro de la política de unificación territorial peninsular, Portugal representaba un caso especial. No se planteó una conquista, sino reforzar los lazos familiares buscando un heredero común. Aunque varios enlaces previstos por los Reyes Católicos fracasaron, e incluso falleció a corta edad el que habría sido heredero común de Castilla, Aragón y Portugal, esta política matrimonial se mantuvo en generaciones posteriores, como continuación del objetivo de unificar toda la Península bajo una misma corona.

La Monarquía Autoritaria y la Organización del Estado

La monarquía autoritaria de los Reyes Católicos continuó el proceso de fortalecimiento de la autoridad real sobre los estamentos privilegiados. Sin embargo, esta monarquía también respetó las diversas instituciones de gobierno, algunas creadas o desarrolladas debido a la creciente complejidad del estado.

Se crearon:

  • Un ejército permanente, donde la nobleza, apartada de la política, conservó cargos y prerrogativas.
  • Un cuerpo permanente de embajadores para asuntos diplomáticos.
  • La Santa Hermandad, con atribuciones policiales, judiciales y de recaudación de impuestos.

Se mantuvo el cargo de corregidor en los ayuntamientos y apareció el de secretario, ambos ocupados por miembros de la burguesía y la baja nobleza. Se mantuvieron y reorganizaron los Consejos (de Castilla, Aragón, Navarra, etc.), que eran consultivos, pero algunos también tenían capacidad de decisión. También permanecieron las Cortes, con un protagonismo cada vez menor, y otras instituciones o cargos de origen medieval (como el Justicia de Aragón).

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