Evolución Política y Social en la Zona Republicana Durante la Guerra Civil Española
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La Evolución Política y Social en la Zona Republicana Durante la Guerra Civil Española
El Inicio del Proceso Revolucionario
El levantamiento militar de 1936 desencadenó un profundo proceso revolucionario en la zona republicana. El Gobierno, presidido desde el 19 de julio por José Giral, perteneciente a la izquierda republicana, fue incapaz de imponer su autoridad. De hecho, quedó desplazado por la aparición de nuevos centros de poder revolucionarios de carácter local o regional. Así, en los diferentes pueblos, ciudades y provincias de la España republicana, se crearon de manera espontánea diferentes comités revolucionarios populares. Estos comités, dirigidos en algunos casos por anarquistas, en otras ocasiones por socialistas o comunistas, pasaron a asumir el control y tomaron decisiones políticas, económicas y militares por su cuenta. La situación era bastante caótica.
División y Conflictos Internos
Desde el principio, el bando republicano careció de unidad política y, con el paso del tiempo, el desorden y las divisiones internas entre los distintos partidos y organizaciones sindicales se acentuaron. En alguna ocasión, los anarquistas y los comunistas llegaron incluso a enfrentarse con las armas.
Los milicianos anarquistas entendían que ganar la guerra y completar la revolución socioeconómica debían ser procesos paralelos e inseparables. Por consiguiente, impulsaron la colectivización de la tierra para que cada comunidad local pudiera cultivar los campos y repartirse los beneficios de acuerdo con el trabajo realizado por cada individuo y según sus necesidades familiares.
Por el contrario, los comunistas y los socialistas consideraban que el desarrollo de la revolución era un obstáculo que podía restar eficacia al esfuerzo militar y, por ello, preferían aplazar la liquidación del sistema capitalista hasta derrotar al enemigo. En cualquier caso, en Madrid y Cataluña, muchas empresas fueron confiscadas y socializadas.
El Papel de las Mujeres
Las mujeres también colaboraron de forma muy activa en el esfuerzo bélico. Realizaron todo tipo de tareas en los servicios hospitalarios y en las fábricas, encargándose asimismo de la asistencia a los refugiados y de la confección de ropa para los soldados.
Algunas jóvenes milicianas republicanas llegaron incluso a participar en los combates hasta que el Gobierno ordenó su retirada de todos los frentes a finales de 1936. Esta medida fue justificada por la supuesta falta de capacidad femenina para la lucha y para evitar la propagación de enfermedades venéreas.
Vida Cotidiana en la Retaguardia
La vida cotidiana en la retaguardia republicana estuvo marcada por el hambre, el desbarajuste económico, el absentismo laboral, los ataques aéreos y las continuas evacuaciones. Los alimentos básicos y los productos de primera necesidad pronto escasearon en las ciudades y fue necesario organizar un sistema de racionamiento de comestibles que no pudo impedir la expansión de la desnutrición entre la población civil. La falta de carbón en invierno agravó los problemas, y muchas personas se vieron obligadas a comer cáscaras de naranja y animales domésticos para sobrevivir. Además, las alarmas aéreas obligaron a la gente a refugiarse y permanecer largas horas dentro de los sótanos de los grandes edificios o en el interior de los túneles del metro en Barcelona y Madrid. Las autoridades republicanas también optaron por evacuar a 38.000 niños y enviarlos a Francia, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña, entre otros países, para que pudieran escapar de los horrores de la guerra.
Gobiernos de Largo Caballero y Negrín
Desde septiembre de 1936, el socialista Largo Caballero asumió la presidencia de un nuevo Gobierno integrado por distintas fuerzas políticas (había ministros socialistas, comunistas, republicanos, anarquistas y también nacionalistas vascos y catalanes). Intentó reforzar la disciplina militar, frenar la colectivización de los medios de producción y posponer las experiencias revolucionarias para concentrar todos los esfuerzos en vencer la guerra.
Aprovechando el respaldo de la URSS, los comunistas españoles fueron incrementando poco a poco su influencia, situando a sus hombres en puestos clave e imponiendo así decisiones militares, políticas e ideológicas en la zona republicana. Esta tendencia se acentuó con la llegada a la presidencia del socialista Juan Negrín, quien compartía los planteamientos del PCE y prescindió rápidamente de los ministros anarquistas.
Conflictos con los Nacionalismos Periféricos
También se produjeron numerosos conflictos entre las autoridades del Gobierno Republicano y los dirigentes nacionalistas catalanes y vascos. En repetidas ocasiones, Manuel Azaña, Indalecio Prieto y Juan Negrín reprocharon al presidente de la Generalitat, Lluís Companys, su escasa contribución al esfuerzo bélico conjunto. Asimismo, recriminaron al presidente del Gobierno autonómico vasco, José Antonio Aguirre, por sus intentos de conseguir la independencia del País Vasco y por su negativa a coordinar las acciones de los batallones vascos con el resto de las tropas republicanas.
El Desmoronamiento Republicano
El desmoronamiento republicano se aceleró durante las semanas finales de la guerra. Azaña presentó su dimisión como Presidente de la República y se marchó a Francia. Pocos días después, y en medio de una enorme confusión, el coronel Segismundo Casado, que había sido nombrado Jefe del Estado Mayor republicano poco antes, se rebeló en Madrid contra el Gobierno de Negrín. Este último, con el respaldo de los comunistas, pretendía prolongar la resistencia militar hasta el límite y se negaba a entablar negociaciones con el bando franquista. Por el contrario, la intención del coronel Casado era pactar una rendición con Franco, ya que se daba la guerra por perdida y se deseaba evitar posibles represalias por parte de los vencedores. En consecuencia, los republicanos del sector casadista terminaron enfrentándose a tiros contra los partidarios comunistas de Negrín en las calles de la ciudad de Madrid. Tras lograr imponerse, el coronel Casado, que ordenó el arresto de centenares de comunistas y el fusilamiento de dos altos mandos militares del PCE, se decidió finalmente a negociar la entrega de Madrid al ejército franquista. Al mismo tiempo, Juan Negrín y los principales dirigentes comunistas, como Santiago Carrillo, huyeron del país en avión.
Conclusión: Factores de la Derrota Republicana
Sin duda alguna, la quiebra del poder central gubernamental y la fragmentación política debilitaron al bando republicano y fueron dos de los factores que más contribuyeron a la derrota final. Del mismo modo, la falta de unidad de mando impidió una dirección ordenada y eficiente tanto en las operaciones militares como del esfuerzo económico necesario para la victoria.