Evolución de la Novela Española desde 1939: Del Exilio al Realismo Social
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La Novela Española desde 1939: Del Exilio a la Renovación
El Exilio y la Evocación de la Guerra Civil
El final de la Guerra Civil llevó al exilio a numerosos narradores en cuyas obras se refleja la evocación nostálgica de España y la huella de la Guerra Civil. Entre estos novelistas destacan:
- Max Aub, con su ciclo novelístico de El laberinto mágico, que aborda el conflicto civil español bajo un enfoque realista.
- Francisco Ayala, con dos novelas (Muertes de perro y El fondo del vaso) que suponen una reflexión moral sobre el poder y la violencia.
- Ramón J. Sender (Réquiem por un campesino español o las novelas autobiográficas que conforman Crónica del alba).
La Novela de Posguerra (Década de 1940)
La narrativa de la posguerra está condicionada por las enormes penurias materiales y las imposiciones del régimen franquista (represión política, implantación de una férrea censura). En este contexto aparecen novelistas vinculados al bando vencedor que practican una literatura triunfalista (Agustín de Foxá, Rafael García Serrano). Pero en general predomina un realismo de corte convencional. Dentro de él hay algunas obras que manifiestan cierta actitud disconforme con la realidad. Ello se manifiesta en la aparición de ambientes sórdidos y de personajes marcados por cierta angustia existencial. A esta corriente, llamada a veces tremendismo, pertenecen estas novelas:
- La familia de Pascual Duarte (1942), primer libro de Camilo José Cela, que desarrolla una historia de violencia y miseria en un contexto rural. Posteriormente, publica La colmena (1951), novela coral que traza un despiadado panorama del Madrid de posguerra y que influirá en el realismo social de los 50. Después, Cela se suma a la narrativa experimental (San Camilo 1936).
- Nada (1945), de Carmen Laforet. A través de los ojos de una joven se describe el ambiente sórdido y asfixiante de una familia en la Barcelona de posguerra.
- La sombra del ciprés es alargada (1948), de Miguel Delibes. Aunque su primera novela importante es El camino, donde aparecen ya sus preocupaciones habituales (el mundo rural, los humildes). Después aparecen novelas importantes como Las ratas, Cinco horas con Mario (largo soliloquio que revela su asimilación del experimentalismo de los sesenta) o Los santos inocentes. La obra de Delibes se define por su compromiso ético, el dominio del castellano en sus más variados registros y por la capacidad para captar tipos y ambientes.
La Novela en los Años 50: El Realismo Social
Durante esta década empiezan a aparecer obras que reflejan, a través de una estética realista, la falta de libertad, la desigualdad social y la miseria de la sociedad española (el atraso del mundo rural, la explotación de la clase obrera, el fenómeno de la emigración urbana, los vicios morales de la burguesía). Esto explica el nombre de realismo social bajo el que se agrupa a unos escritores que habían vivido la Guerra Civil como niños o adolescentes. Ahora bien, en la novela social se pueden distinguir dos tendencias:
- La novela objetivista, que pretende registrar de forma objetiva los comportamientos de los personajes. Para ello reduce al máximo la presencia del narrador, utiliza técnicas cinematográficas y privilegia los diálogos.
- El realismo crítico, que comparte la mayoría de los rasgos formales del objetivismo, pero que hace gala de una intención crítica más explícita, especialmente en sus personajes, que suelen encarnar los valores y problemas de ciertos estereotipos sociales (obreros explotados, burgueses frívolos, etc.).
Con independencia de la tendencia a la que se adscriben, algunos de los principales narradores sociales (también conocidos como Generación del 50 o del medio siglo) son:
- Rafael Sánchez Ferlosio, autor de la novela objetivista más importante, El Jarama (1955), que refleja mediante una técnica casi magnetofónica las conversaciones triviales de la jornada dominical de unos jóvenes. Aunque es autor de algunas novelas más, se consagró después casi en exclusiva al ensayo.
- Ignacio Aldecoa. Destaca sobre todo por sus cuentos, que retratan con precisión la vida cotidiana de la gente humilde. También escribió novelas como Gran Sol.
- Carmen Martín Gaite, que retrata la estrechez de la sociedad provinciana en Entre visillos.
- Ana María Matute, cuya intención social no excluye un fuerte componente poético en sus novelas (Pequeño teatro, Primera memoria…).
Mezcla de objetivismo y realismo crítico se encuentra también en novelas como Los bravos, de Jesús Fernández Santos, o Tormenta de verano, de Juan García Hortelano. La lista se puede completar con otros novelistas como José Manuel Caballero Bonald o Alfonso Grosso.