Evolución de la Narrativa Gallega: Finales del Siglo XX y Principios del XXI
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La Prosa Gallega a Finales del Siglo XX y Comienzos del XXI
La producción prosística está vinculada al proceso de democratización de las instituciones, a la consecución del estatus de oficialidad de la lengua y a su posterior proceso de normalización en todos los ámbitos de uso. A partir de 1975, la prosa gallega dirige su mirada hacia la historia reciente, fundamentalmente sobre la Guerra Civil y la posguerra. En la década de los 80, los escritores afianzan los pilares de la novela y, al mismo tiempo, inician algunos de los subgéneros como la novela negra, la novela femenina o la narrativa experimental y urbana. En la década de los 90, se continúa la labor de desarrollo de los géneros anteriores, muchas veces con un prisma renovador.
1. La Narrativa Posfranquista (1975-1979)
Se desarrolla el proceso de adaptación de la narrativa a la nueva situación social y cultural. Conviven autores consolidados como Álvaro Cunqueiro y Eduardo Blanco Amor, obras editadas en la diáspora y el experimentalismo de la Nueva Narrativa Gallega, que había comenzado en los sesenta. En esta etapa predomina la evocación de las memorias infantiles. Destacan autores como Xosé Fernández Ferreiro, autor de A morte de Frank González (1975), considerada el primer western gallego. Otras obras de su autoría son Morrer en Castrelo do Miño (1978), Corrupción e morte de Brigitte Bardot (1981), O Minotauro (1989), etc. En 1991, gana el Premio Xerais con Agosto do 36, novela que recupera la memoria de la Guerra Civil. Y Paco Martín publicó No cadeixo (1976), en la que presenta el ambiente de una villa marinera; E agora cun ceo de lama (1981), con mayor dosis de experimentalismo y presencia de lo maravilloso; cultiva la literatura infantil y juvenil con Das cousas de Ramón Lamote, con la que gana en 1985 el Premio Nacional de Literatura.
Otros autores destacados de esta época son Anxo Adolfo Rei Ballesteros (Dos anxos e dos mortos, Loaira, y más recientemente Non sei cando nos veremos); Xoán Ignacio Taibo (Homes de ningures, Por tras dos meus ollos); y Lois Diéguez (A canción da vagabundo, A casa de Galiaz).
2. La Narrativa de los Ochenta
Muchas de las novelas de ese periodo giran en torno a los certámenes literarios, de tal manera que se habla de la Promoción de los Premios, en la que habría que incluir a autores como:
- Víctor Fernández Freixanes, se da a conocer con A caza das cascudas, con la que gana el Premio Pedrón de Ouro en 1979; en 1981, gana el Premio Blanco Amor con O triángulo inscrito na circunferencia. Posteriormente publica O enxoval da noiva (1988) y A cidade dos Césares (1993). En esta última, retoma el ciclo iniciado con su primera novela en la que cobra protagonismo la colectividad de una Galicia colonizadora y marinera.
- Xavier Alcalá, su lanzamiento se produce con la publicación de sus dos mejores obras A nosa cinza y Fábula (Premio de la Crítica Española), ambas de 1980. En la primera de ellas, a través del protagonista, Xoán, presenta el tema de la educación en la posguerra en un ambiente urbano en el que los conflictos ideológicos cobran una dimensión simbólica. A partir de este momento, su producción se va a debatir entre la crónica y la ficción, entre Galicia y la Patagonia, a través de novelas como Nos pagos de Huina Loo (1982), Arxentina (1990) y Latitude Austral (1991). Recientemente publicó Unha falsa luz (2007).
Otros autores destacados son Alfredo Conde (Breixo, Memoria de Noa, Sempre me matan...); Xosé Manuel Martínez Oca (Un ano e un día, A fuxida, A chamada escura dos caborcos, Beiramar...etc). Pero esta década es también destacable por el inicio de nuevos subgéneros dentro de la novela gallega como son:
a. La Novela Negra
Cabe destacar a Carlos G. Reigosa, quien gana el Premio Xerais en 1984 con Crime en Compostela, que no solo marca el inicio de la novela negra, sino también el de una producción literaria más popular en el sentido de que va dirigida a un público de amplio espectro. El detective protagonista, Nivardo Castro, continúa sus pesquisas en la siguiente obra, O misterio do barco perdido (1988). En 1991, publicó Os outros disparos de Billy, en el que presenta al famoso pistolero del western bajo un prisma vital filosófico.
b. La Narrativa Femenina
Destacan en este momento dos novelistas, María Xosé Queizán, que vuelve a la narración interesándose por la causa de las mujeres en Amantia (1984). En la siguiente obra, A semellanza (1988), aborda el tema de la homosexualidad y en Amor de tango (1992) exhibe la interioridad de una mujer llamada Margot. La otra autora destacada, Margarita Ledo Andión, destaca por su activismo en el feminismo y en la política. Escribió el libro de relatos Mamá – Fé (1983), Trasalba ou Violeta e o militar morto (1985) y Porta blindada (1990).
c. La Narrativa Experimental
Va a ser Suso de Toro el principal cultivador de este tipo de narrativa, guiada por el vanguardismo y la ruptura con la tradición y compuesta por textos fragmentarios que reflejan el caos que rige en la sociedad. De entre sus novelas podemos destacar Caixón desastre (1983), Polaroid (1986) y Land Rover (1988). A partir de esta última, intenta cultivar dos líneas de producción: una de vocación más popular con obras como Ambulancia (1991) o A sombra cazadora (1994) y otra más intelectual como se refleja en Tic-tac (1993). En 1997, confluyen las dos líneas en una novela que gana el Premio Blanco Amor, Calzados Lola.
3. La Narrativa de los Noventa
Se consolida de manera definitiva el género novelístico dentro de la literatura gallega. Uno de los hechos más significativos de esta década es la tendencia, ya iniciada en los ochenta, a la diversificación genérica, de modo que al lado de los géneros de la etapa anterior (novela negra), surgen otros, como son:
a. La Ficción Futurista
Dentro de ella destaca Ramón Caride Ogando con la novela Soños eléctricos (1992), ganadora del Premio Blanco Amor.
b. La Nueva Novela Histórica
En esta década se abandona el tratamiento alegórico de la historia más reciente y se toman episodios del pasado como pretexto para centrarse en temas psicológicos o existenciales. También cobra importancia la novela de aventuras, trabajada por autores como Xosé Miranda en Mornig star (1998).
Manuel Rivas, con una línea novelística centrada en el conflicto entre la vida rural y la urbana, mezclando realismo y fantasía. El salto a la popularidad se produjo en 1990 con Un millón de vacas, un año más tarde sale a la luz Os comedores de patacas. En 1994, consigue el Premio de la Crítica de Galicia con En salvaxe compaña. Más recientemente publicó As chamadas perdidas (2002) y Os libros arden mal (2006).
c. La Narrativa Experimental
En estas obras proliferan los registros más variados, códigos de otros géneros o de otras artes y multiplicidad de voces dentro de la misma historia. En esta tendencia habría que incluir a autores como Xelís de Toro, Xabier Queipo o Xurxo Borrazás.
4. La Narrativa Infantil y Juvenil
Ha experimentado un notable avance en los últimos años gracias a la consolidación del gallego en la enseñanza y al fomento de hábitos de lectura entre los jóvenes. Cultivaron este tipo de narrativa algunos de los autores mencionados anteriormente y otros nuevos como Agustín Fernández Paz (As flores radioactivas, Cartas de inverno, Aire negro o O único que queda é o amor, Premio Nacional de Literatura en 2006) y Fina Casalderrey (Mutacións Xenéticas, O misterio dos fillos da lúa...).
5. Últimos Narradores
En los últimos años se continúa trabajando en las líneas narrativas iniciadas en los ochenta y consolidadas en los noventa, por lo que estamos ante un panorama muy variado en cuanto a temas, formas y público. Se mantienen novelistas anteriores como Xelís de Toro, quien en Riofero (2009) reflexiona sobre la literatura misma; y surgen nuevas voces como la de Rosa Aneiros, quien publicó Resistencia (2002) o Teresa Moure con Herba moura (2005) en la que aborda motivos feministas.