Ética y moral según Kant

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2.5. EL formalismo Kantiano  

Kant considera que la acción moral es un fin en sí mismo y no un medio. Su concepción es deontológica porque la acción buena es aquella que se basa en el deber.
Kant estudió el hecho moral. Este pensador toma como punto de partida la moral que comparten la mayoría de las personas y no duda respecto a lo que se considera bueno o malo. La finalidad de Kant consiste en identificar la esencia de la moral, aquello que convierte una acción moral. Por lo tanto, su interés no es tanto saber qué es bueno o malo, sino por qué algo es bueno o malo. Según él los buenos actos siempre se hacen con
buena voluntad.

La buena voluntad

Para Kant, la buena voluntad es lo único realmente bueno sin restricción. Cualquier otra carácterística del ser humano son moralmente ambivalentes. Lo que garantiza que alguien trate de actuar de la mejor forma posible es la buena voluntad.                                                                                     Este concepto ha sido muy criticado, ya que se considera que a partir de él Kant elabora una moral de intenciones y se desentiende de las consecuencias. Pero, hay que tener en cuenta que tener buena voluntad suponer poner todos los medios que estén a disposición de uno mismo para alcanzar un fin determinado. Kant es consciente de que se puede hacer todo lo posible para hacer el bien y no lograrlo. En ese caso la buena voluntad, y no las consecuencias, es lo que realmente determina que una acción haya sido buena.

El deber

Para Kant, actuar según la buena voluntad o actuar por deber son términos equivalentes. El deber es la necesidad de obrar de una determinada manera por respeto a una norma de conducta. Por ello la ética de Kant es una ética deontológica.                                                                                  -Actuar por deber es lo contrario que actuar por intereses, móviles o inclinaciones. Obrar moralmente o por deber supone actuar de forma desinteresada, obrar únicamente porque uno piensa que es su deber, aunque esta acción pueda acarrear consecuencias negativas. Pero no estamos obrando moralmente si solo lo hacemos cuando nos apetece y nos desentendemos en caso contrario.                                                                                                                                                              -Actuar por deber no es lo mismo que actuar conforme al deber. Actuar por deber significa que el deber es la única motivación de la acción, sin pensar en las consecuencias. Lo contrario es actuar por intereses o inclinaciones. Para Kant tienen una valoración moral muy diferente: en las acciones conforme al deber existe una motivación externa a uno mismo. Por esa razón, Kant considera que las acciones que son meramente conforme al deber no sor morales, porque cuando cambien los motivos se dejará de actuar conforme al deber. Per Kant también cree que solo es un acto moral cuando no se busca nada a cambio, por lo que una acción por deber es aquella motivada únicamente por la buena voluntad.

El imperativo categórico

Actuar por deber es también actuar respeto a una ley moral, que es una norma o principio objetivo y universal valido para todos los seres racionales y en todos los casos. Kant denominó el imperativo categórico
:                                                                                                                                                -Hipotético. Representan la necesidad práctica de una acción como un medio para conseguir otra cosa. Son imperativos pragmáticos, formados por reglas que se aplican en las acciones que  se hacen por interés.                                                                                                                                          -Categórico. Enuncia la forma que debe adoptar toda acción que se base en el deber, en la buena voluntad.

La autonomía de la voluntad

Kant defiende una ética autónoma ya que nuestra decisión depende de cada uno de nosotros, de los principios de nuestra razón y de nuestra libertad. Por lo que cuando alguien obra por deber, actúa siguiendo los criterios de su propia voluntad. La voluntad es, por tanto, autónoma.


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