La España Republicana en Guerra: Crisis Política y Social (1936-1939)
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El Derrumbe del Estado Republicano y la Emergencia Popular
Tras el alzamiento militar, José Giral organizó una fuerza militar capaz de oponerse a los sublevados. Para ello, entregó armas a las milicias de los partidos y los sindicatos, disolvió el ejército tradicional y decretó la creación de batallones voluntarios. En consecuencia, emergió una estructura de carácter popular que sufrió un desplome casi total y fue sustituida por consejos, juntas y comités. En algunas zonas se formaron consejos regionales en los que se reunían las fuerzas del Frente Popular con sindicatos y partidos obreros. En este contexto, se creó la CNT-FAI.
El Desencadenamiento de la Revolución Social
El alzamiento militar provocó un clima revolucionario en la zona republicana. El elemento más significativo fue la colectivización de gran parte de la propiedad industrial y agraria. Entre finales de julio y principios de octubre, una serie de decretos dieron cobertura legal a las incautaciones de industrias y tierras efectuadas por organismos populares. Se desencadenó una respuesta popular contra los sublevados, y la Iglesia, la burguesía, los propietarios y las clases acomodadas sufrieron persecuciones. Además, hubo incidentes graves, con la muerte de presos políticos.
El Gobierno de Largo Caballero y las Tensiones Internas
Los milicianos no conseguían detener el avance de los sublevados, por lo que eran conscientes de la necesidad de establecer un pacto. De esta manera, Largo Caballero formó un nuevo gobierno constituido por republicanos, socialistas y comunistas. Su proyecto se basó en recomponer el poder del Estado, eliminando juntas y comités, y en dirigir la guerra militarizando las milicias de los partidos y creando el Ejército Popular. Sin embargo, una serie de fracasos militares volvieron a abrir el enfrentamiento entre las fuerzas republicanas. Por una parte, había un sector formado por los republicanos, comunistas y socialistas, y por otra parte, estaban los anarquistas y los comunistas del POUM. El problema que debilitó el gobierno de Largo Caballero fue la lucha que se desencadenó cuando las fuerzas del Gobierno de la Generalitat intentaron desalojar a los anarquistas del edificio de Telefónica.
El Gobierno de Negrín y el Fin de la Resistencia
Los hechos de mayo fortalecieron las posiciones comunistas, que exigieron la disolución del POUM y la detención de sus líderes. Largo Caballero se negó y dimitió, por lo que Azaña encargó la formación de un nuevo gobierno a Juan Negrín. Este nuevo gobierno estaba formado por los partidos del Frente Popular, pero sin la UGT ni la CNT. Prieto asumió el Ministerio de la Guerra y el nuevo gabinete basó su política en la prioridad del esfuerzo militar. El gobierno intentó buscar una salida negociada a la guerra, por lo que Negrín propuso el programa de los Trece Puntos, en los que se establecía el cese de la lucha armada, la permanencia de la República y la apertura de un proceso de elecciones democráticas. En septiembre de 1938, la República recibió un revés cuando se firmó el Pacto de Múnich, en el que Gran Bretaña y Francia reconocían la ocupación de los Sudetes por Hitler. Negrín insistió en la necesidad de la resistencia militar, pero la pérdida de Cataluña significó el exilio para los gobiernos de la República, de la Generalitat de Cataluña y del Gobierno Vasco. A finales de febrero, Gran Bretaña y Francia reconocieron el gobierno de Franco y Azaña presentó su dimisión.