España Bajo Alfonso XIII: Reformismo, Crisis y Conflictividad Social (1902-1923)
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El Reformismo Conservador (1902-1909)
La mayoría de edad de Alfonso XIII se inició con una fuerte crisis provocada por el desastre del 98 que llevó a los partidos dinásticos a iniciar un programa de reformas para regenerar la vida política española. Los gobiernos conservadores de Silvela-Polavieja y de Antonio Maura intentaron, hasta 1909, algunas reformas, como las de hacienda, la administración local o la ley electoral. Pero este intento de sanear el sistema político, sin acabar con el caciquismo y la corrupción electoral, fue un fracaso. Mientras los partidos de turno dinástico iban perdiendo influencia, la oposición se fortalecía:
- El republicanismo aumentó su ascendiente electoral con la creación de la Unión Republicana y del Partido Radical.
- Los grupos nacionalistas catalanes alcanzaron un amplio triunfo electoral en 1907, gracias a su agrupación en una coalición llamada Solidaritat Catalana.
- El socialismo (PSOE) y su central sindical (UGT) consolidaron su presencia en Madrid, el País Vasco y Asturias. Pablo Iglesias fue, en 1920, el primer diputado socialista.
- Los anarquistas siguieron fraccionados. Mientras los más radicales defendían las acciones terroristas, otros grupos fundaron la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en 1910.
La Semana Trágica (1909)
En 1909 se produjo un deterioro de la vida política con motivo del levantamiento popular en Barcelona. La chispa que inició la revuelta fue la oposición al reclutamiento de soldados para la guerra de Marruecos. El levantamiento fue aplastado por el ejército, y la represión resultó desproporcionada (fusilamiento de Ferrer i Guardia). Estos hechos provocaron la repulsa de la opinión pública y la dimisión de Maura. Ante esta situación, el rey encargó la formación de un nuevo gobierno a los liberales.
El Reformismo Liberal (1910-1912)
A partir de 1910, los liberales iniciaron una experiencia reformista. José Canalejas intentó un reforzamiento del poder civil del estado frente a la influencia de la Iglesia Católica. También inició una cierta descentralización del estado, que se plasmó en la Mancomunidad de Cataluña (1914). El asesinato de Canalejas por los anarquistas (1912) abrió un periodo de inestabilidad que condujo de nuevo a los conservadores al poder, a partir de 1913.
La Crisis de 1917
Ante los crecientes problemas sociales, los conservadores de Eduardo Dato gobernaron de forma autoritaria, clausurando frecuentemente las Cortes y gobernando por decreto-ley. El descontento social estalló en 1917 cuando la coyuntura económica creada en España por la Primera Guerra Mundial originó un amplio movimiento de protesta. Las fuerzas políticas de oposición exigieron la dimisión del gobierno y la convocatoria de Cortes constituyentes. Al mismo tiempo, grupos de militares organizaron juntas de defensa y se enfrentaron a la política del gobierno. Los sindicatos CNT y UGT convocaron una huelga general revolucionaria, con el objetivo de derrocar al gobierno. Esta situación de crisis generalizada era un reflejo del deterioro de la vida política y social, y aunque el gobierno consiguió reprimir las huelgas y pactar con militares y políticos, se evidenció una situación de grave crisis política.
Gobiernos de Concentración (1917-1923)
Entre 1917 y 1923 se formaron 13 gobiernos diferentes, lo que muestra la falta de apoyo parlamentario de los partidos gubernamentales. Con la crisis de 1917, el turno pacífico llegó prácticamente a su fin y se formaron sucesivos gobiernos de concentración que no consiguieron estabilizar el sistema. La inestabilidad política estuvo acompañada de una fuerte conflictividad social. Los sindicatos aumentaron su afiliación. Los sectores más radicales del PSOE crearon el Partido Comunista de España (PCE).
Conflictividad Social (1918-1920)
Los sindicatos y los grupos políticos de izquierda radicalizaron sus posiciones e impulsaron movilizaciones obreras. En el campo andaluz, entre 1918 y 1920 (Trienio Bolchevique), los jornaleros ocuparon y repartieron tierras, y sus huelgas llegaron a paralizar las cosechas. Pero fue sobre todo entre los trabajadores industriales, especialmente en Barcelona y su área industrial, donde la lucha obrera tuvo un carácter más intenso: la huelga de la empresa de electricidad La Canadiense paralizó, en 1919, la industria y los servicios de Cataluña durante 40 días. Ante esta situación, el gobierno y la patronal endurecieron su actitud, y se entró en un grave proceso de violencia social. Por ello, frente al radicalismo obrero, las organizaciones patronales favorecieron la creación de unos sindicatos más dóciles (sindicatos libres) y de grupos armados contrarrevolucionarios que atemorizaban y asesinaban a dirigentes obreros a la vez que reventaban violentamente las huelgas (pistolerismo).