El burlador de sevilla

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Don JuanUna de las novedades introducidas por Tirso consiste en que Don Juan -libertino, pero creyente- tiene un alma diabólica, colindante a la locura. Su temperamento restallante le impide que siga un mínimo orden de vida. Don Juan se encuentra en lucha interna consigo mismo de donde nacen tantas inquietudes, cuidados y hasta violencia que, desde su interior, irrumpen fuera y se proyectan en sus relaciones con el mundo y con los demás hombres. El tremendismo, el personaje truculento -autor de tantos actos crueles, canallescos, a los que ha sometido como víctimas a cuatro buenas mujeres-, deriva de esa concepción pesimista del hombre. Su oficio, que es el de burlador, lo conduce arrolladoramente, hasta el final trágico. De ahí que Américo Castro haya señalado lo siguiente: Tirso dispuso la trayectoria de su héroe a modo de vendaval erótico con una técnica impresionista y barroca2.Para Don Juan no existe nada que no sea su albedrío. Los más caros sentimientos no tienen cabida en su alma. No pelea por pelear, sino por conseguir lo que su soberbia exige. Su vida gira en torno del yo. Fuera de esto, no existe nada más que su voluntad. Su desafío a la ley, y a todo lo que se le opone apuntan hacia un personaje que es prototipo de la más exigente de las libertades.La más fiable aproximación sobre Don Juan como personaje la tenemos en los monólogos y en los apartes. La intención clara del personaje es la de engañar. Y en el primer monólogo, y el más explícito, el que sigue a la recepción del billete amoroso de Doñan Ana, teníamos un apunte de carácter: El mayor gusto que en mí puede haber es burlar a una mujer y dejarla sin honor. Se autocalifica.



Su inclinación le fuerza a burlar y engañar y él es consciente de que esta conducta es delictiva. El último monólogo nos lo muestra solo en la posada, después de la visita de la Estatua: reconoce la presencia de lo Infernal, que a un tiempo abrasa y hiela, pero se ensaña a sí mismo sobre su vivencia física (todo el cuerpo se ha bañado de un sudor helado) creyendo, o queriendo creer que todo son ideas que da a la imaginación el temor. Y el colmo del temor es temer a los muertos. La imagen que Don Juan se hace a sí mismo, y su consecuencia social y personal, lo que la psicología moderna llama la autoestima, es la imagen que corre por Sevilla: un profesional de la burla y un hombre temerario (frente a Catalinón, el hombre temeroso). La fama de Don Juan le ata y le obliga a atenerse a lo que de él se espera. Se espera que burle más y mejor que sus posibles rivales y en ello entra el burlar a sus propios rivales; y se espera también que no retroceda antre el miedo, ni siquiera ante el miedo corporeizado en la figura de ultratuma.La divisa de Don Juan parece ser: Burlar y no temer nada ni a nadie, coherentemente revelada por el dicho ¿Tan largo me lo fiáis?. Piensa que la muerte le queda muy lejos, ya que Don Juan es joven. Así es como se ve a sí mismo Don Juan, aunque Catalinón lo vea como langosta de las mujeres, es decir, una de las plagas bíblicas.

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