El amor y la muerte en ATDC

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  1. El amor y la muerte en El amor en los tiempos del cólera.
    Este tratado sobre el paso del tiempo, vida y muerte, y sobre el amor en todas sus variantes coloca la fuerza del amor, tan terco como el de Florentino Ariza, por encima del tiempo y su destrucción de vidas. Hablamos pues de un amor intenso que sobrepasa los límites del tiempo y que podría quedarse temblando incluso después de la muerte. También, por otra parte, encontramos que es una peripecia de amor domesticado, amor convencional, que habita en la mansión de la costumbre. El amor de Florentino se encuentra lleno de lirismo y pasión mientras que el de los esposos es práctico y resignado que dura 50 años.
    El narrador sabe que el amor auténtico está asociado a la idea de la muerte, que es intransigente y severa. Pero cualquier recuerdo puede llegar a instalarse en el alma del enamorado, sobrepasando los efectos devastadores de la muerte. El amor habita en el corazón de un personaje, Florentino, que se presenta ante su eterna amada, Fermina, el día del entierro de su marido, Juvenal, “Sólo entonces se dio cuenta de que había dormido mucho sin morir, sollozando en el sueño, y que mientras dormía sollozando pensaba más en Florentino Ariza que en el esposo muerto”. El temor de que la muerte pudiera dejar inconclusas las expectativas amorosas de Florentino lo sobrecoge tras ver tropezar a Fermina a la salida del cine, pero gana la partida el amor que siente este telegrafista que, cincuenta años atrás, quedará embelesado ante la figura de aquella muchacha “…esa mirada casual fue el origen de un cataclismo de amor que medio siglo después aún no había terminado”.
    El amor y la muerte se convierten en los dos grandes temas de El amor en los tiempos del cólera, no hay amor sin muerte, incluso la muerte puede llegar a mitificar el amor que los personajes se profesan, aunque ese amor no fuera en vida todo lo mitificable ni lo intenso que pudiera esperarse, “Sólo Dios sabe cuánto te quise” fueron las últimas palabras de Juvenal. El relato se abre con un suicidio, el de Jeremiah de Saint-Amour “…se había puesto a salvo de los tormentos de la memoria con un sahumerio de cianuro de oro”, y se cierra con la noticia de otro suicidio, el de América Vicuña, la última de las amantes de Florentino Ariza. Lo que se cuenta en la obra es, sobre todo, la historia de un amor al que sólo la muerte puede poner fin. Sin embargo, la muerte que se cuenta al comenzar la obra se trata de una muerte programada de antemano desde que el propio personaje comienza a vislumbrar los estragos de la vejez “Nunca seré viejo” y en contraste con esta en el mismo capítulo encontramos la muerte absurda e inesperada de Juvenal Urbino. Con esta última se cumple el deseo de Florentino que ve la oportunidad de conseguir sus aspiraciones aplazadas y por lo tanto supone el reinicio de las estrategias amorosas de algo que quedó pendiente, se pasó la vida esperando y demostrando que el amor es más consistente que la idea de muerte y al final consiguió su propósito.
    El amor que se profesan Florentino y Fermina de jóvenes viene a ser un amor fervoroso y lleno de misterios pero la atracción quedará truncada de un plumazo tras el “viaje del olvido”. Antes de esto Fermina siente curiosidad ante el enigma de la figura de Florentino, extraño, silencioso y sombrío. Fermina llega a enamorarse pero la reflexión sobre la realidad que aconseja poner fin a esas relaciones al ser un desconocido casi sin identidad, “Es como si no fuera una persona sino una sombra”, pone las cosas en su sitio y se resuelven las dudas “No, por favor- le dijo-. Olvídelo”. Sin embargo, Florentino no sucumbe ante la decisión sino que queda perturbado y siempre vivirá urgido por los estigmas del recuerdo, de la constancia y de la fidelidad, su convicción es rotunda y piensa que, tarde o temprano, Fermina será suya. Pero la amada decide aliarse con el olvido y casarse con Juvenal Urbino. El amor terminó cediendo el paso a la realidad. Alguna de las reacciones que provoca el desmedido amor de Florentino son la idealización de la amada y baja autoestima del personaje despechado, el hecho de que nunca deja de pensar en la amada y sigue convencido de que la conseguirá, un quijotismo que se corresponde con lo desvaríos de Florentino y la enajenación que exhibe a través de las cartas lo convierten en un Quijote del amor y por último que el Florentino poeta también es músico y a través de la música expresa sus mensajes amorosos.
    Es proverbial el sentido de la lealtad hacia la figura de la amada y hacia sus propios sentimientos. No teniendo muchas posibilidades de manifestar su emoción se dedica a escribir cartas gratuitas de amor a los enamorados “le sobraba tanto amor por dentro, que no sabía qué hacer con él”. El sentimiento de Florentino llega hasta la extravagancia y lo cómico como cuando se empeñó en comprar el espejo del mesón porque vio reflejada la imagen de Fermina.
    Finalmente vemos como obtiene una recompensa final ante los desvelos de tantos años de espera cuando Florentino revive una carta escrita por Fermina, ya viuda, “…era la carta que había esperado, sin un instante de sosiego, durante más de medio siglo”. Por fin consigue el amor tras medio siglo de tormentos y añoranzas “… el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte”.
    Florentino llega a instruirse en lo que el propio narrador denomina “amor sin amor”. Cuando ponen a su disposición un cuarto en un prostíbulo comienzan los episodios de los distintos amores furtivos. Al llegar a la conclusión de que nada puede hacer contra la firme e inesperada decisión de Fermina comienza una serie de aventuras amorosas que servirán de bálsamo contra los estragos del desaire, suplantando un amor lírico por un amor de cama. Entran en la vida del poeta unas mujeres a las que ama sin amor, es tan evidente este remedio intencionado que el mismo personaje se pregunta por las dos maneras de amar. Los remedios atenuantes del dolor causado por los desdenes y la boda derivarán en una sucesión de aventuras secretas. Busca el alivio en otras mujeres a las que convierte en amantes ocasionales y objetos de una pasión efímera. Asistimos a una serie de episodios en los que el amor aparece como amor sexual, amor callejero, amor-trampa, amor desaforado, amor de ocasión o amor de alivio para un necesitado de amor “…la esperanza de encontrar algo que fuera como el amor, pero sin los problemas del amor”, “…de encontrar un alivio para el dolor de Fermina Daza”. A veces, también habita la ternura en el corazón del amante ocasional, quedó tocado por los efectos de un amor que iba más allá de la cama, Olimpia Zuleta, “Fue la única vez en que se sintió atravesado por una lanza de amor”. No tanto por el amor que pudiera sentir, cuanto por la necesidad que tenía de ser amado. Siempre con un amor “hasta donde no interfiriera su determinación de conservarse libre para Fermina Daza”.
    Tras el matrimonio de Fermina y Juvenal encontramos el amor convencional, una vida matrimonial escasa de emociones y vacía de profundos sentimientos líricos. La relación de Juvenal y Fermina, es, en principio, el reverso de lo que podría haber sido la de Florentino y Fermina. Al doctor Urbino “le gustaba decir que aquel amor había sido el fruto de un equivocación clínica”. El soltero más apetecido elige a una mujer a la que lo único que había ocurrido en su vida fue conocer a un personaje extravagante y raro. Viven un amor domesticado, rutinario, salpicado de crisis, per aderezado con conjeturas de felicidad resignada y cómoda. Opta por la seguridad, el equilibrio, el sosiego, es decir, por algo que podría parecerse a la felicidad. Se casa en la catedral y no tiene ningún pensamiento “de caridad para Florentino Ariza”, siempre aparecieron en público como un matrimonio ejemplar, armónico y feliz.
    Mientras ocurren los hechos, Florentino Ariza espera que llegue la oportunidad de reconquistar el corazón de su amada. Durante la espera, ha muerto su rival amoroso, pero también ha ocurrido algo mucho más sutil e imperceptible: el tiempo ha jugado su macabro juego de destrucción y los protagonistas se han convertido en unos viejos irreparables. Sin embargo, es Florentino quien menos miedo tiene a la vejez porque su propósito y su convencimiento pasaban por el hecho de poder conseguir su amor aplazado y pensaba que quien tanto estaba amando no podía morir. A parte cuando estuvo a punto de sufrir un accidente fatal pensó con una lógica curiosa que los accidentes no se repiten y que si Juvenal había muerto de forma inesperada, él no moriría de la misma forma y “Tuvo razón”. La muerte adquiere una importancia capital en El amor en la obra porque supone el acontecimiento narrativo que modifica el rumbo de los hechos, así la novela se puede dividir en dos partes delimitadas por la viudedad de Fermina.
    Las dos muertes más contundentes de la novela, la de Jeremiah de Saint-Amour y la del doctor Urbino, suceden de forma muy distinta y contrastan el sentimiento dramático que la muerte inspira en el médico, frente a la forma de morir del mismo. En ocasiones, la grandeza de unos pensamientos de unas convicciones quedan desautorizadas por el azaroso capricho de una realidad miserable y burlesca “la muerte era una realidad inmediata”. Finalmente la muerte de América Vicuña cierra el tratado del tiempo y el círculo estructural del relato. Parece que la consecución de un amor definitivo se tiene que presentar como un logro de exclusividad y no puede haber amores compartidos.


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