Duplicidad vida y muerte

Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Filosofía y ética

Escrito el en español con un tamaño de 16,65 KB

 
El arte trágico y lo dionisíaco
Para Nietzsche, el arte trágico de la civilización presocrática representa la plena y valienteaceptación de la vida, y en él existe una tensión permanente entre dos elementos.Por un lado, Dionisos, Dios del vino, de la embriaguez, de las montañas, representa elinstinto, la salud, la ebriedad creativa, la pasión. Es la humanidad en pleno acuerdo con lanaturaleza. Es el Dios de la risa, de la no resignación, y representa la noche, el caos orgiástico, lamúsica. Es la aceptación de la vida que transforma el dolor en alegría, la lucha en armónía, lacrueldad en justicia y la destrucción en creación. Representa la vida, que no puede ser juzgada nidesde la moral, ni desde la filosofía; y también el instinto y la voluntad irracional. Dionisos seidentifica con las artes no figurativas (música).Por otro lado, Apolo, Dios del Sol, de la ciudad, del Olimpo; representa el orden, la visiónideal. Constituye el esfuerzo por expresar el significado de las cosas con una medida y unamoderación. Es la búsqueda de figuras equilibradas y límpidas. Representa lo individual y seidentifica con las artes figurativas (escultura, arquitectura).Esta oposición entre lo apolíneo y lo dionisíaco explica la concepción trágica de la vidanietzscheana: la vida es la lucha permanente entre lo dionisíaco y lo apolíneo, dos contrariosirreconciliables. La unidad y tensión entre ambos elementos se corrompe con Eurípides en el teatroy Sócrates (sobrevaloración de lo racional) y Platón (dualismo mundo sensible-mundo inteligible)en filosofía. La cultura europea prima lo apolíneo sobre lo dionisíaco
2.5.Los “conceptos supremos” y el concepto de “Dios”
Para Nietzsche la historia de la filosofía es la historia de un error porque, entre otras cosas,se centra en que la razón aspira a englobar lo plural en el concepto universal. Así, los filósofos seconvierten en “egiptólogos” que detienen el fluir incesante de la tierra, pretendiendo comprender elmisterio de lo real. Los filósofos olvidan que sólo las emociones y los sentimientos, la metáfora y elaforismo, la poesía y el arte, pueden rozar la vida, porque esta es pura apariencia, devenir constante.Los “conceptos supremos”, y entre ellos el “estupendo concepto Dios” son momiasmanejadas por los filósofos que se empeñan en encontrar lo inmutable y eterno, el “fundamento nofundamentado”, la condición incondicionada, la “causa sui”. Y cuando la encuentran le dan realidady, lo peor de todo, la idolatran, olvidando el instinto, el impulso creador y la vida.Creemos en Dios porque, en el fondo, seguimos creyendo en la gramática; nos empeñamosen dar crédito a la razón. Cuando olvidemos el nombre de Dios porque no es más que puro humo,dejaremos de creer en Él y en la razón que lo inventa.Con la muerte de Dios se acaba la historia antigua y comienza la verdadera historia: en ellael hombre se libera de las supersticiones, del “otro mundo” y de los conceptos que petrifican larealidad. En esta nueva era, el “concepto supremo” se destierra.


2.6.Los sentidos y el cuerpo
Sócrates, Platón y Kant inventaron fábulas acerca de otro mundo distinto de este. Losfilósofos, a excepción de Heráclito, temen lo que deviene porque les recuerda que se harán viejos ymorirán. Por ello, recelan contra la vida y la odian y, por ello mismo, inventan esa otra realidad,mejor y superior, estática y perfecta.Los filósofos solo creen a la razón y piensan que los sentidos son expertos en crear ilusiones,en fabricar quimeras. Están convencidos de que el conocimiento sensible nos desvía de “lo que es”,de la esencia de lo real. Los sentidos, dice Nietzsche, han sido también considerados inmorales porque nos permiten ver, tocar, oír y sentir, y esto no es bueno. Afirman, como también loscristianos, que el cuerpo es insolente, descarado y por eso hay que refutarlo, castigarlo si es preciso
con la castración, ahogando las pasiones y, por supuesto, arrancándole el alma que no le pertenece.Solo el artista trágico no tiene objeciones contra la vida, y por ello estima los sentidos, queofrecen multiplicidad y hablan del instante que pasa sin detenerse. El artista dionisíaco es optimistay “dice ¡sí!” al cuerpo y también a la tierra. Para Nietzsche los sentidos no nos engañan, sino quenos ofrecen la esencia de lo real que es lucha inacabable de contrarios; aceptar esto es aceptar elsentido trágico de la vida (que es a la vez alegría y dolor).

Entradas relacionadas: