Diferencia entre novela tradicional y novela contemporánea

Enviado por Programa Chuletas y clasificado en Lengua y literatura

Escrito el en español con un tamaño de 33,72 KB

 

LA  NOVELA  ESPAÑOLA   DESPUÉS  DE  1939


1. LA NOVELA  DEL  EXILIO

Bastantes novelistas que empezaron a publicar en los años 30 marcharon al extranjero tras el  triunfo del franquismo. Rosa Chacel escribe por ejemplo Memorias de Leticia Valle, sobre la recuperación de la memoria. Ramón J. Sender con obras muy variadas; destaca con Réquiem por un campesino español (1953) sobre la culpa de un respresentante de la iglesia durante la Guerra Civil. Max Aub con La calle de Valverde (1961), sobre el Madrid de los años 20; y El laberinto mágico, ciclo de seis novelas sobre la Guerra Civil, con una gran riqueza estilística. Francisco Ayala destaca con la novela
Muertes de perro (1958), reflexión amarga sobre el poder político.

2.La NOVELA DE LOS AÑOS CUARENTA

Son "años de convalecencia" con una gran desorientación existencial y estética. No es posible conectar con el Vanguardismo de los veinte; solo queda Baroja que influye en la orientación realista de los narradores jóvenes. Hay dos tendencias:
 1ª  Novela conformista:   Con estilo e ideología tradicionales, sin reflejar el malestar de la posguerra. García Serrano con La fiel infantería (1943), visión franquista de la guerra o Tomás Borrás con Checas de Madrid (1940). En la novela tradicional de ambiente burgués destacan Ignacio Agustí, Zunzunegui o Darío Fernández Flórez.
2ª   Novela existencialista:  Narración inconformista, fuera del triunfalismo o la evasión, con personajes desorientados que expresan el malestar vital sin salir del ámbito individual. La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela inicia la corriente tremendista por la crudeza con que describe ambientes sórdidos y sucesos truculentos. Retrata un drama rural con cruel y descarnada sinceridad, a partir del testimonio de un condenado a muerte por varios críMenes.

 Nada de Carmen Laforet (Premio Nadal, 1944) cuenta en primera persona la peripecia vital de Andrea en la Barcelona de posguerra, en un ambiente de miseria económica y moral. Es una novela de aprendizaje con cierto lirismo triste y una vaga crítica sobre la pequeña burguésía.
En este grupo puede incluirse la primera novela de Miguel Delibes, La sombra del ciprés es alargada (1947), el malestar se compensa con cierto sentimiento cristiano.

3.     LA   NOVELA    DEL    Realismo   SOCIAL   (AÑOS  CINCUENTA)


También en la narrativa influye la tendencia a favor del compromiso de los escritores; además aparece una generación que no participó directamente en la Guerra Civil; influyen movimientos europeos como el neorrealismo italiano, el nouveau Román francés o la generación perdida norteamericana (Hemingway, Steinbeck...)
  La aparición de La colmena (1951) en Buenos Aires de Cela marca la transición de los 40 a los 50: ahora el personaje es colectivo, hay concentración espacio-temporal, y el narrador es totalmente objetivo: son rasgos de la novela social.
La estructura ("novela reloj", seguún el autor) se fragmenta en múltiples secuencias breves en el que se mueven varios cientos de personajes con los rasgos comunes de la insolidaridad y el egoísmo. El lenguaje se caracteriza por la crudeza y la sátira, a veces matizada por cierto lirismo.

Dentro del Realismo crítico aparecen estos temas y títulos: La vida del campo deja novelas como Los bravos de Fernández Santos o Dos días de Septiembre de Caballero Bonald.
Conflictos obreros:  Central eléctrica de López Pacheco; La mina de López Salinas.
Vida urbana: además de la novela de Cela, La noria de Luis Romero o La piqueta de Antonio Ferres. Visión crítica de la vida burguesa: Nuevas amistades y Tormenta de verano, ambas de Juan García Hortelano. 
La  más importante es El Jarama (1956) de Rafael Sánchez Ferlosio que narra un anodino día de excursión dominical que acaba con una muerte accidental y rompe así la aburrida vida de esos jóvenes empleados sin alicientes vitales.
Esta novela se clasifica en el Realismo objetivista, que extrema la técnica del narrador objetivo al máximo hasta asemejarla a una especie de cámara de cine en un lenguaje directo y desnudo; es el modo conductista: reflejar la conducta externa solo con palabras y movimientos. 
Como otros rasgos formales de ambas tendencias: argumento lineal; personaje colectivo o representativo de una clase social; importancia de los diálogos, lenguaje sencillo, poco elaborado.
Además, Miguel Delibes destaca con dos grandes novelas: El camino (1950) y Las ratas (1962) con ambiente rural castellano, enfoque ético de raíz cristiana, defensa de la naturaleza y rechazo del materialismo y la deshumanización. El lenguaje es una elaboración artística del castellano rural.

4.LA NOVELA EXPERIMENTAL (AÑOS   SESENTA Y SETENTA)


Se produce un inevitable cansancio del Realismo social y combinado con la apertura de España al exterior y el mayor contacto con la narrativa universal del momento (Kafka, Proust, Faulkner, Joyce y novelistas hispanoamericanos) determinan un interés por las novedades técnicas.
  Las principales: reducción del argumento, a veces fragmentado o difuso; entrada de elementos fantásticos y oníricos; identidad conflictiva del protagonista; innovaciones en el punto de vista narrativo (narrador múltiple y alternante; segunda persona autorreflexiva; perspectivismo...); desorden cronológico; uso del estilo indirecto libre y, sobre todo, del monólogo interior; experimentación con el lenguaje (secuencias poemáticas, artificios tipográficos, ausencia de puntuación, inserción de dibujos, uso de  todo tipo de letras...). Todo esto, obviamente, exigía un lector activo, consciente y colaborador con este tipo de literatura, a un alto nivel de exigencia.

 La gran novela del periodo es Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín-Santos, que sintetiza las tres grandes tendencias: social (denuncia del atraso, la incultura, la miseria); existencial (protagonista inseguro y fracasado) y experimental (muchas innovaciones técnicas, sobre todo el monólogo interior). El lenguaje es casi Barroco, en contraste irónico con la realidad miserable que refleja. El narrador omnisciente alterna con los monólogos interiores y las digresiones críticas. Como dice Palley es una novela a un tiempo "comprometida políticamente y altamente sofisticada estéticamente".
Autores de los 40.   El veterano Miguel Delibes destaca con Cinco horas con Mario (1966), un monólogo de una mujer provinciana ante el cadáver de su marido; en Los santos inocentes (1971) se alterna la denuncia con la experimentación formal. Cela se incorpora a los nuevos tiempos con San Camilo 1936 (1969), relato-monólogo en vísperas de la Guerra Civil y con Oficio de tinieblas 5 (1973), monólogo inconexo sin signos de puntuación.
Tal vez la mejor novela del experimentalismo sea La saga-fuga de J.B. (1973) de Gonzalo Torrente Ballester, ambientada en una Galicia con elementos fantásticos y una experimentación verbal constante.
utores del medio siglo.  Juan Goytisolo destacó con Señas de identidad (1966), visión crítica de los mitos de España por un exiliado voluntario, trasunto del propio autor. En la técnica destacan las rupturas espacio-temporales, del punto de vista. Se narra desde una segunda persona autorreflexiva; hay mezcla de registros lingüísticos y todo tipo de variantes tipográficas y de puntuación. En esta línea publicó luego: Reivindicación del conde don Julián y Juan sin tierra.
Juan Marsé publicó Últimas tardes con Teresa (1967) y Si te dicen que caí (1973) en la que juega con distintos planos y voces narrativas para reflejar una Barcelona corrupta en la posguerra.
Juan Benet se hizo un hueco con Volverás a Regíón (1967), en un territorio inventado, lleno de odio,que vagamente recuerda la Guerra Civil. Las oraciones largas y complejas, los variados monólogos interiores y el tratamiento subjetivo del tiempo revelan su deuda con Faulkner.

Generación del 68.   Son autores jóvenes que, aunque continúan con la experimentación en el lenguaje y la estructura, se centran más en lo individual que en lo social. Además valoran cada vez más el argumento y la intriga. La dificultad de las novelas experimentales las lleva "por caminos difíciles y las echa en brazos de un público minoritario". El cambio se produce con La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza; ahora se retoma el placer de contar historias. Ambientada en Barcelona entre 1917 y 1919, en plena lucha social, tiene además una intriga policíaca y una trama amorosa con rasgos folletinescos. El primer capítulo tiene un desorden cronológico total; hay toda clase de elementos no literarios usados y una gran variedad de estilos.

LA NOVELA   ESPAÑOLA DE  1975   A  FINALES DEL XX


Tras la muerte de Franco hubo un cambio político que no afectó demasiado a la novela, pues este género ya se había empezado a transformar en los años anteriores. Se tiende a moderar los excesos experimentales de los años 60, incluso en una novela tan audaz como La saga/fuga de JB (1972) de Torrente Ballester se parodian algunos de esos excesos vanguardistas. Esos recursos experimentales están asimilados y, por tanto, se vuelve a una novela más tradicional.  La novela que marca el cambio de tendencia es La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza, narración en que se alternan el relato histórico (Barcelona entre 1917 y 1919), lo social y realista con una intriga policial esperpéntica. Luego publicó La ciudad de los prodigios (1986), entre otras.         
        Con la democracia, desaparece la censura, se publican las obras de los exiliados y otras inéditas aquí. Conviven varias generaciones de novelistas con dos rasgos generales: abandono de todo radicalismo estético, tanto del rígido Realismo social como del experimentalismo más audaz: las técnicas innovadoras se integran con moderación; en general, se recupera la concepción realista y tradicional del relato. Pluralidad y diversidad de tendencias, favorecida por el individualismo de la mayoría de los autores; no hay  escuelas literarias ni maestros indiscutibles. Hay un aumento enorme del número de lectores, de las ediciones, de premios, de versiones cinematográficas; todo ello, es el aspecto más esperanzador de la última novela española. Los novelistas tienen muy en cuenta al lector, por eso planifican sus relatos con niveles de mayor o menor dificultad: para el lector culto y el menos exigente. Escriben con rigor pero con amenidad e ironía, en un lenguaje comprensible y sugerente, con recursos de la novela popular, y de humor si es conveniente.
Entre los rasgos comunes:   ambientes urbanos prioritariamente; preferencia por los problemas individuales sobre los colectivos, con lo que decae el interés por el análisis social y el abandono de las intenciones ideológicas, salvo excepciones, o como medio de interpretar el mundo; valoración y aprovechamiento de subgéneros novelescos, sobre todo, de la novela policíaca o negra; importancia otorgada a la memoria y a la indagación en el  pasado.  
Muchas de estas novelas responden al nuevo sistema de pensamiento imperante en el mundo occidental: el posmodernismo, consistente en poner en duda los conocimientos y valores heredados y, en general, los conocimientos racionales y las normas éticas; por eso, hay una relegación del compromiso político que queda como residual. También hay un distanciamiento claro hacia las normas éticas imperantes en el marco familiar o en las prácticas sexuales, tratadas ahora con libertad e incluso amoralidad.
Entre las tendencias a destacar:
1ª    Novela experimental  y metanovela.   Puede adoptar la forma de una reflexión irónica sobre la relación compleja entre realidad y ficción: El desorden de tu nombre (1988) de Juan José Millás, que sigue la fórmula de "vivir lo escrito y escribir lo revivido". También es interesante Larva (1983) de Julián Ríos una de las más experimentales; también Antagonía de Luis Goytisolo. En todo caso, ha perdido la intensidad radical de los años sesenta; los recursos empleados son más sencillos; el argumento no suele ser complejo pero sí la manera de presentarlo por la subversión lógica o cronológica. El uso del monólogo interior es ahora menos radical: se respetan las normas de escritura y la coherencia del discurso. En lenguaje directo y comprensible que favorezca el autoanálisis personal mediante sueños, recuerdos y obsesiones.
2ª    Novela lírica y psicológica.  Suele tener tono intimista; a veces, se expresa como novela autobiográfica o de memorias sean reales o ficticias. Una de las primeras y mejores es Mortal y rosa (1975) de Franciso Umbral. Se da mucho la búsqueda de la identidad y las dificultades de las relaciones interpersonales; en Soledad Puértolas, por ejemplo. Muy interesante y de gran aceptación fue La lluvia amarilla (1988) de Julio Llamazares, sobre el abandono del mundo rural. En la línea intimista: Nubosidad variable (1992) de Carmen Martín Gaite, por ejemplo; o varias novelas de Álvaro Pombo como El metro de platino iridiado (1990).
3ª    Novela histórica.   Tras la recuperación de la narratividad, es una de las temáticas más frecuentadas. De las primeras generaciones El hereje (1998) de Miguel Delibes y Galíndez de Vázquez Montalbán, con ingredientes de novela política. Se repasa la Guerra Civil, desde la óptica de los derrotados en El lápiz del carpintero (1998) o Los libros arden mal (2006) del gallego Manuel Rivas o en Luna de lobos de Julio Llamazares sobre la resistencia armada del maquis. En la tendencia de mezclar realidad y ficción con investigación ficcionalizada destaca, sobre todo, un gran éxito editorial y de crítica: Soldados de Salamina (2001) de Javier Cercas. También gran éxito popular tuvo la novela La sombra del viento (2001) de Carlos Ruiz Zafón, que incluye también elementos de otros subgéneros.
        Rafael Chirbes propone en varias novelas una revisión crítica de los cambios históricos del último periodo: Crematorio (2007), por ejemplo. En bastantes hay una revisión de la historia española reciente poco complaciente y más inclinada al desencanto. De gran éxito también La catedral del mar (2005) de Ildefonso Falcones, de ambientación medieval,  y la más reciente Victus de Albert Sánchez Piñol, la más vendida en el Día del Libro 2013 en Cataluña.
4ª    Novela de intriga. Es otro de los subgéneros novelescos más representados. Manuel Vázquez Montalbán es de los más destacados con Los mares del sur (1979) y su serie sobre el detective Carvalho. Antonio Muñoz Molina sigue el género en El invierno en Lisboa (1987), Beltenebros (1989) y la turbadora Plenilunio (1997), sobre la existencia del mal. El de más éxito comercial, Arturo Pérez Reverté con La tabla de Flandes (1990) por ejemplo.
5ª    Novela realista. Realismo más complejo y libre, abarca también lo soñado y lo irracional. Luis Mateo Díez con La fuente de la edad (1986) sobre la mediocre vida provinciana. Manuel Longares en Romanticismo (2001) sobre la intrahistoria en un barrio burgués de Madrid; Luis Landero propone una manera imaginativa y cervantina de escapar de la vida mediocre en Juegos de la edad tardía (1989). Varias novelas de Javier Marías indagan en lo que de verídico o imaginario hay en lo autobiográfico: Corazón tan blanco (1992) o la trilogía Tu rostro mañana (2002-2007).
Una cierta recuperación de la novela social con enfoque político pero sin renunciar a la originalidad estructural se da en el joven novelista Isaac Rosa en El vano ayer (2004), por ejemplo.

LA   NOVELA  REALISTA Y


 

NATURALISTA DEL  XIX


1. CONTEXTO   HISTÓRICO  Y  SOCIAL


En toda Europa se consolida el sistema burgués capitalista y con ello los estados modernos. La clase burguesa se vuelve conservadora, mientras el movimiento obrero se fortalece con diversas organizaciones como la II Internacional en 1889.
En España, todo el periodo se caracteriza por la pugna entre conservadores y liberales: la década autoritaria de Narváez acaba en 1854, seguida del bienio progresista con Espartero y O'Donnell. En 1868 estalla la Gloriosa que acaba con la monarquía, pero le sigue un periodo inestable: guerra carlista, sublevaciones cantonales, anarquismo, el breve periodo de Amadeo de Saboyá…
Todo  acaba con la Restauración monárquica de Alfonso XII, y las medidas reaccionarias y represivas que le siguen. El artífice de este parlamentarismo poco democrático es Cánovas del Castillo, con la alternancia de Sagasta, del partido liberal.
En la sociedad, hay una evidente transformación aunque continúa siendo la población rural dominante. Hay avances industriales: ferrocarril, minería y siderurgia, pero abunda la pobreza pues crece más la demografía que el desarrollo. El movimiento obrero se organiza: se fundan PSOE en 1879, UGT en 1888, anarquismo en expansión en Levante, Andalucía y otros lugares.

En el aspecto cultural, el pensamiento liberal está representado por el krausismo, introducido en España por Sanz del Río. Defiende la conciliación entre religión y razón, la tolerancia y una pedagogía progresista no autoritaria y que dé importancia al contacto con la naturaleza y a la iniciativa individual del alumno. Fundaron la Institución Libre de Enseñanza, dirigida por Giner de los Ríos, tan influyente luego para grandes escritores: Machado, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, entre otros.

2. PENSAMIENTO  Y  CULTURA.   EL   Realismo


El Realismo es el movimiento cultural propio de la sociedad burguesa. Se basa, sobre todo, en el positivismo, para el que no cabe más realidad que la de los hechos perceptibles y verificables por la experiencia. El desarrollo tecno-científico es fundamental. También es importante el evolucionismo, propuesto por Darwin en El origen de las especies, según el cual los seres vivos resultan de la evolución y selección natural. Finalmente, el marxismo estudia las leyes del capitalismo y propone la revolución proletaria; su influencia fue enorme en los movimientos obreros del XIX y XX.
La repercusión de estas ideas fue enorme en la segunda mitad del XIX y determina las carácterísticas del Realismo:
--- Observación y descripción precisa de la realidad.    La vida real es un objeto artístico y los artistas se documentan todo lo posible para lograr expresarlo. Ya no interesa la evasión ROMántica, sino que sitúan sus obras en el presente y en espacios próximos. Lo cotidiano es lo principal, más que la imaginación.
---  Intención crítica socio-política.    Muy distinta según la ideología del novelista: los conservadores describen la realidad para mostrar su degradación y volver a las tradiciones. Los progresistas creen que los problemas derivan de la intolerancia del catolicismo y de los intereses de la clase dominante.
---  Estilo sencillo y sobrio.     Alejado de la retórica ROMántica. El ideal ahora es la claridad y la exactitud, como corresponde a la idea de acercar la labor del escritor a la del científico.
---   Predilección por el género novelesco.     Como dice Stendhal, "una novela es un espejo que se pasea por un camino real."   Las carácterísticas de la novela realista son:
Verosimilitud: las historias parecen fragmentos de la realidad; no hay hechos maravillosos ni aventuras insólitas.
Protagonistas individuales y colectivos.   En el primer caso se profundiza en el análisis psicológico; en el segundo, en el reflejo de los grupos sociales ignorados hasta entonces: obreros, mendigos, aristocracia empobrecida, aunque en Galdós es prioritaria la clase media.
Narrador omnisciente.  Lo sabe todo de los hechos y los personajes.   En esta línea se desarrolla la novela de tesis, en la que el autor defiende una idea a la que subordina argumento y personajes. Desde 1890 se atenúa esta tendencia con diversos recursos:   diálogo abundante, novela epistolar, novela teatralizada, estilo indirecto libre, monólogo interior.
Descripciones minuciosas.    Gustan del dato exacto, rasgo típico del positivismo.
Uso del lenguaje coloquial.    La lengua literaria se acerca a la de la conversación. Adecuan el lenguaje de los personajes a su condición social, origen geográfico o peculiaridades personales.

3. EL Naturalismo

Fue una corriente literaria desarrollada en Francia en el último tercio del XIX, con Émile Zola (1840-1902) como principal impulsor. La novela debe acercarse a la ciencia por medio de la observación y la experimentación; parten de la idea de que el ser humano está condicionado por la herencia genética y el ambiente social. De ahí su interés por los ambientes sórdidos y degradados, y los personajes enfermos o tarados, ya que en estos casos se puede demostrar mejor la influencia determinante de la biología y del medio social.

En los aspectos literarios, se extreman los rasgos realistas: descripciones minuciosas, lenguaje hablado reproducido fielmente, crítica social. Además el narrador debe ser impasible, impersonal, como el científico en sus estudios. En lo ideológico, se defiende el igualitarismo en las condiciones sociales.
En ESPAÑA, el Realismo no se desarrolló más que a partir de 1868, con el nuevo clima de libertad, que permite el enfoque anticlerical de las primeras novelas de Galdós o Clarín. Además, empieza a desarrollarse un público lector, procedente de las clases medias.
El Naturalismo fue defendido por Emilia Pardo Bazán en su ensayo La cuestión palpitante (1883), pero no aceptó el determinismo dadas sus creencias católicas; tampoco creyó en la literatura como ciencia. Se da, por tanto, un Naturalismo mitigado, que aprovecha el gusto por ambientes degradados y ciertas técnicas narrativas, pero, como dice un crítico "ofrece un aspecto mucho más humano que el de Zola, pues a la máquina humana le ha añadido el espíritu."  Algo más ortodoxo se dio en Blasco Ibáñez y ecos, ya en el XX, en Felipe Trigo o en alguna novela de Baroja.

4.LA NOVELA REALISTA  EN  ESPAÑA


Desde mitad de siglo la prosa se vuelve más directa y sobria y se aleja de la retórica ROMántica. Las fuentes iniciales son el costumbrismo con rasgos aún ROMánticos; el ejemplo de los grandes narradores europeos; la novela folletinesca como contraejemplo y parodia; la prosa española de los siglos de Oro, sobre todo, la picaresca y Cervantes, modelos permanentes para Galdós.
A partir de 1890 se desarrolla la novela espiritualista, que reflexiona sobre los problemas morales, los símbolos y la búsqueda de lo trascendente. La realidad se ve ahora más amplia y admite la vida interior de las personas y la imaginación, incluso el "milagro" en Misericordia de Galdós.
PRERREALISTAS Representan la transición del Romanticismo al Realismo.  FERNÁN CABALLERO destaca por La gaviota y La familia de Alvareda, con muchos elementos aún ROMánticos y un didactismo ultracatólico.
Pedro Antonio DE ALARCÓN realiza un enfoque conservador y de escasa verosimilitud en novelas como El escándalo (1872). La mejor es El sombrero de tres picos (1874), novela corta inspirada en un cuentecillo folklórico, llena de humor y agilidad narrativa.
REALISTAS
Juan VALERA defiende el valor estético de la novela en un Realismo idealizado, no moralizante y con gran cuidado estilístico. Se interesa más por la psicología que por el contexto social; su gran tema es el amor en Pepita Jiménez (1874), novela epistolar sobre el conflicto entre amor humano y vocación religiosa. Además, Juanita la larga (1895), donde evoca el ambiente andaluz.
JOSÉ MARÍA DE PEREDA representa la novela tradicionalista, defensora de una sociedad patriarcal e idílica frente a los riesgos del mundo urbano y burgués. El narrador es omnisciente y tendencioso y los personajes acartonados, pero las descripciones son de gran riqueza léxica. Sotileza (1884) y Peñas arriba (1895) son las mejores.
ARMANDO PALACIO VALDÉS empezó con novelas que atacaban el falso misticismo como Marta y María, pero luego siguió ideas conservadoras  en La aldea perdida (1903), donde defiende la vida idílica frente al progreso industrial. Es un escritor ameno, pero algo desigual con tendencia a la superficialidad. En La alegría del capitán Ribot (1899) domina cierto sentimentalismo paralelo a la evolución espiritualista de otros autores en estos años.
REALISTAS  NATURALISTAS

Vicente BLASCO IBÁÑEZ. En alguna de sus novelas es bastante naturalista: ambientes, temas y lenguaje de bastante crudeza; por ejemplo: La barraca (1898) y Cañas y barro (1902).
EMILIA PARDO  BAZÁN (1851-1921).  Fue una de las grandes defensoras del Naturalismo de Zola, desde su óptica cristiana. En Los pazos de Ulloa (1886) y La madre naturaleza (1887) sigue el Naturalismo con un determinismo que puede corregirse desde la fe religiosa. Abundan los personajes y ambientes degradados, el lenguaje violento y las descripciones crudas y minuciosas. Luego siguió la corriente del espiritualismo ruso en novelas como La quimera (1905) sobre un artista decadente.

Entradas relacionadas: