Diferencia entre cuenca hidrgrafica y vertiente

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PRACTICA 2 TEMA 5

a)
1. Cuenca Atlántica Gallega: ríos Eume, Tambre y Ulla.
2. Cuenca del Norte: ríos Miño (afluente:
Sil), Eo, Navia, Nalón, Deva, Nervión, Bidasoa.
3. Cuenca del Duero: río Duero con sus afluentes (entre ellos Adaja, Tormes, Pisuerga, Esla).
4. Cuenca del Tajo: río Tajo con sus afluentes (entre ellos Jarama, Alberche, Tiétar y Alagón).
5. Cuenca del Guadiana: río Guadiana con sus afluentes (entre ellos, Jabalón, Matachel, Ardila, Zújar y Cigüela). Además, engloba a los ríos Odiel y Tinto.
6. Cuenca del Guadalquivir: río Guadiana con sus afluentes (Guadiana Menor, Guadajoz, Genil, Guadaira y Guadalimar). Esta cuenca también comprende los ríos Guadalete y Barbate.
7. Cuenca Mediterránea Sur: ríos Guadiario, Guadalhorce, Guadalfeo y Almanzora.
8. Cuenca del Segura: río Segura con sus afluentes (Sangonera y Mundo).
9. Cuenca del Júcar: río Júcar con sus afluentes (Cabriel, Magro, Valdemembra). Esta cuenca también comprende los ríos Mijares y Turia.
10. Cuenca del Ebro: río Ebro con sus afluentes (entre ellos Aragón, Gállego, Segre, Alhama, Jalón, Huerva, Martín y Guadalope).
11. Cuenca Mediterránea Catalana: ríos Fluvià, Ter y Llobregat.

b)
Las Comunidades Autónomas con balance hídrico negativo son: Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Cataluña, Islas Baleares e Islas Canarias.

c)
Al observar el balance hídrico de las cuencas de la vertiente atlántica apreciamos tres hechos:
· Todas ellas presentan un balance hídrico positivo.
· Destaca el importante súperávit hídrico de la cuenca atlántica del noroeste. Ella sola acumula más de la mitad del volumen de agua del que las cuencas atlánticas son excedentarias.


· Es evidente que, en general, el balance positivo disminuye de norte a sur.
Las razones que explican estos hechos están en las condiciones climáticas y de relieve, destacando:
El clima oceánico y la dinámica atmosférica que afecta al noroeste peninsular -visitado con frecuencia por las borrascas atlánticas- explican allí las abundantes lluvias, frente a la escasez que el clima mediterráneo proporciona al resto del país. Además, el efecto barrera de las cordilleras de sentido longitudinal, los vientos permanentes del oeste que impulsan los frentes y el carácter macizo de la Península, explican el incremento de la aridez, tanto de norte a sur como de oeste a este. El nivel de las temperaturas influye sobre la evapotranspiración, acentuando la pérdida de agua en las zonas más cálidas y, por tanto, incrementando este efecto de norte a sur.
Las precipitaciones son el principal determinante del caudal de los ríos. El caudal de los ríos de la vertiente atlántica, en todas las cuencas positivo, se reduce cuanto más al sur se sitúan, conforme a la distribución espacial de las precipitaciones. Éstas disminuyen de norte a sur y de oeste a este. El río Miño, situado en zona de clima húmedo, con más de 800mm anuales tiene un caudal abundante y no sufre estiaje. El resto de los ríos pertenecen a la Iberia seca con unas precipitaciones entre 300 y 800mm y, por tanto, con fuertes estiajes en verano, coincidiendo con el mínimo de precipitación.
El caudal depende también de la aportación de los afluentes. Así el Duero y el Tajo reciben afluentes que nacen en las Cordilleras Cantábrica y Central, islas húmedas que alimentan bien a sus ríos, incluso con las nieves de sus cumbres, algo de lo que carecen los Montes de Toledo y Sierra Morena que delimitan las cuencas del Guadiana y Guadalquivir.
También la litología influye sobre la red hidrográfica según la permeabilidad y resistencia a la erosión de las rocas. Así, las silíceas son poco permeables y muy resistentes, favoreciendo la circulación superficial del agua. Las calizas son permeables y solubles en agua con CO2, por lo que es frecuente que esta se filtre creando acuíferos. Las arcillas son muy impermeables y favorecen la escorrentía superficial. El balance hídrico relaciona los recursos y el consumo de agua. Así, la cuenca atlántica andaluza y la del Guadalquivir tienen un potencial demográfico, urbano y económico mayor que el de la Meseta: Son zonas con una fuerte implantación


del regadío, presentan un gran desarrollo urbano y en la costa tienen un fuerte desarrollo turístico. Todos ello conlleva consumo de agua y, por tanto, balances hídricos menos positivos.
d) Las Comunidades Autónomas con balance hídrico positivo son: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, La Rioja, Navarra, Aragón, Castilla y León, Extremadura, Madrid y Castilla-La Mancha.

e)
En la vertiente mediterránea la única cuenca excedentaria es la del Ebro. Este río recibe abundantes aportes en su cabecera de la Cordillera Cantábrica (clima atlántico) y después de sus afluentes provenientes del Pirineo. El resto de cuencas mediterráneas atraviesan la parte de la España Mediterránea con menores precipitaciones; además es muy intenso el consumo de agua para regadíos y para uso urbano (debido al turismo). La cuenca catalana es deficitaria por el gran consumo que demanda la conurbación barcelonsa.
f) Las diferencias en la extensión de las vertientes y cuencas españolas derivan de las carácterísticas del relieve peninsular. Así, la divisoria de aguas entre la vertiente atlántica y la mediterránea está situada en las cumbres del Sistema Ibérico (al este de la Península) y las Béticas (sur-sureste). Esto hace que los ríos atlánticos deban recorrer un largo trayecto, dirigidos por la inclinación de la Meseta hacia el Oeste, hasta llegar a su desembocadura. Esto provoca una gran disimetría entre vertientes a favor de la atlántica.
El diseño paralelo y alargado de E a W de las cuencas de los grandes ríos atlánticos obedece a que ésta es la dirección dominante, tanto de las cadenas que delimitan sus cuencas (Cantábrica, Central, Montes de Toledo, Sª Morena e incluso las Béticas), como de la inclinación del bloque de la Meseta.
En la vertiente cantábrica la proximidad al mar de la Cordillera Cantábrica configura unas cuencas hidrográficas de escasa longitud y encajadas en un relieve escarpado, con ríos cortos, de fuerte pendiente y con un importante potencial erosivo, frenado por la abundancia de vegetación, que protege las laderas de los relieves que atraviesan.
En la cuenca atlántica los sistemas orográficos cabeceras de los ríos se encuentran bastante alejados de la desembocadura. Se conforman así unas cuencas de larga longitud y sólo escarpadas en su parte inicial. La fuerza erosiva de estos ríos es escasa, dado que discurren por llanuras en las que apenas se hunden, pero sí forman barrancos en los desniveles.
En la cuenca mediterránea, las cadenas montañosas


están muy cerca del mar, excepto en el caso del río Ebro, que nace en la Cordillera Cantábrica. Se forman así unos ríos de corto recorrido y encajados en un relieve abrupto hasta su desembocadura. Estos ríos, que sufren de marcado estiaje en verano, erosionan violentamente las laderas deforestadas de los relieves que atraviesan, fundamentalmente durante las crecidas producidas por lluvias torrenciales.

g)
El clima es el factor más influyente a la hora de explicar la variación de los balances hídricos entre cuencas.
Las aguas de los ríos proceden de la escorrentía, por ello existe una relación directa entre el total de precipitaciones que recibe una cuenca y el caudal de sus ríos, aunque una parte de estas aguas vuelven a la atmósfera por la evapotranspiración, favorecida por las altas temperaturas, el viento, etc.
Como las precipitaciones y la evapotranspiración se reparten muy desigualmente por el territorio, ello se traduce en balances hídricos muy variables: Positivos en las cuencas al norte del Tajo; con excedentes moderados en las cuencas del Guadiana y Guadalquivir, y con déficits muy acusados en las del litoral mediterráneo.
No hay que despreciar otros factores físicos como la pendiente, el grado de permeabilidad del suelo o la existencia de vegetación que frena la escorrentía y ralentiza la incorporación del agua de lluvia a los cauces atenuando las crecidas violentas.
Analizando los balances hídricos de las distintas cuencas podemos concluir que:
- Las cuencas de la vertiente cantábrica presentan un balance hídrico muy positivo por la abundancia de precipitaciones ligadas al clima oceánico, que da a sus ríos una gran regularidad. - Las cuencas de la vertiente atlántica presentan ríos caudalosos, aunque su caudal se reduce de norte a sur al ritmo de la disminución de precipitaciones en el mismo sentido. Sin embargo, la cuenca del Tajo presenta mejor balance que la del Duero, debido al carácter más seco pluviométricamente hablando de ésta y a la buena alimentación de los afluentes del Tajo provenientes del Sistema Central. Las cuencas del Guadiana y Guadalquivir tienen balances positivos, aunque ésta última se acerca al punto de equilibrio por el aumento de la aridez estival, los altos niveles de evapotranspiración y un alto consumo de agua ligado a una población numerosa en el Valle, regadíos, actividades industriales y turísticas…. - Las cuencas de la vertiente mediterránea presentan todas un balance negativo

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