Declive de los Austrias en el Siglo XVII: Validos, Crisis y Sucesión
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Los Austrias del Siglo XVII: Gobierno de Validos y Conflictos Internos
Los monarcas del siglo XVII —Felipe III, Felipe IV y Carlos II— delegaron sus funciones de gobierno en manos de validos, figuras de confianza que marcaron un periodo de declive y desprestigio para la monarquía española. Su ascenso no solo se debió a la supuesta debilidad de los reyes, sino también a la creciente complejidad de las tareas de gobierno y la intrincada maquinaria administrativa. Estos validos, pertenecientes a la aristocracia y amigos personales del rey, tejieron redes clientelares de familiares y amigos para consolidar su poder.
La figura del valido conllevó la sustitución de los consejos tradicionales por juntas, comités de nobles cercanos a los favoritos que agilizaban la toma de decisiones, convirtiéndose en elementos clave de la administración española del siglo XVII.
El Reinado de Felipe III y el Duque de Lerma
El valido de Felipe III fue el Duque de Lerma, un político ambicioso y de limitada capacidad. Ocupó los principales cargos del Estado y acumuló una inmensa fortuna. Durante su mandato, la alta nobleza recuperó influencia política, regresando a la Corte en busca del favor real o del valido. Un hecho crucial de este periodo fue la expulsión de los moriscos en 1609, motivada por el rechazo de la población cristiana, la supuesta colaboración de los moriscos con los turcos y la acusación de que seguían practicando la religión musulmana. Esta medida tuvo consecuencias desastrosas: la salida de 300.000 personas, principalmente campesinos y artesanos, especialmente en Valencia y Aragón, donde dominaban las técnicas de regadío, supuso un duro golpe para la economía. En política exterior, se mantuvo una línea pacifista.
El Reinado de Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares
Con Felipe IV (1621-1665), el nuevo valido fue el Conde-Duque de Olivares. Su política se centró en dos pilares: recuperar el prestigio exterior, intensificando la participación en conflictos europeos, y llevar a cabo reformas para fortalecer la monarquía. Estas reformas generaron continuos conflictos internos, como la sublevación en Cataluña, Nápoles y Sicilia, y la independencia de Portugal. Además, España perdió la mayoría de sus posesiones europeas.
El Reinado de Carlos II y el Problema Sucesorio
El reinado de Carlos II (1665-1700) se caracterizó por la inestabilidad política, las intrigas y las luchas por el poder, debido a su limitada capacidad intelectual. Los validos se sucedieron (Nithard, Valenzuela, Don Juan José de Austria, el Duque de Medinaceli, el Conde de Oropesa). La crisis se agravó al final del reinado con el problema sucesorio. Se perfilaron dos candidatos: el Archiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou, de la casa de Borbón y nieto de Luis XIV. Carlos II nombró heredero a Felipe, buscando el apoyo de Francia para asegurar la integridad territorial de la monarquía española. Sin embargo, la posible formación de un poderoso bloque hispanofrancés provocó la oposición de otras naciones europeas, desencadenando la Guerra de Sucesión Española.