El crecimiento económico en la España de los 60

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11.2. Política económica del franquismo: de la autarquía al desarrollismo. Transformaciones sociales: causas y evolución.

En los años cuarenta y cincuenta el régimen apostó por la economía autárquica, cuyo objetivo era conseguir la autosuficiencia económica, situando a la economía española al borde del colapso y haciendo necesario el racionamiento. La reacción de Franco fue la remodelación del gobierno en 1957, nombrando ministro de Hacienda a Navarro Rubio; y Ministro de Comercio, a Ullastres, quienes elaboraron el Plan de Estabilización Económica (1959). Las medidas más destacadas serían la reducción de los gastos del Estado, la congelación de los salarios y la devaluación de la moneda; la desaparición del control del Estado sobre las actividades económicas; y la apertura a los mercados exteriores, facilitando la instalación de empresas extranjeras. Este plan liberalizó la economía española y sentó las bases del despegue económico de los años sesenta, favorecido por la coyuntura económica internacional. En contrapartida, provocó la emigración al exterior de muchos españoles. En los años sesenta, la economía española tuvo un crecimiento explosivo, pero desequilibrado. Son los años del desarrollismo. Hubo varios factores que lo favorecieron. Podemos destacar la abundante mano de obra procedente del éxodo rural (barata y férreamente controlada); la existencia de capitales acumulados en el interior, la llegada de capital extranjero: los ingresos crecientes procedentes del turismo y de las remesas de dinero enviadas por los emigrantes; y el desarrollo de la industrialización (concentrada en Madrid, Cataluña, País Vasco, Asturias y Valencia). En 1962 se pondrían en marcha los Planes de Desarrollo, bajo la dirección de Laureano López Rodó. Estos tenían una duración de cuatro años (hubo tres planes, que duraron hasta 1975). Con la finalidad de su correcta aplicación, se creó el Ministerio de Planificación y Desarrollo. Los planes establecían directrices obligatorias para las empresas públicas e indicativas para las privadas. Se concedieron ventajas fiscales y crediticias a las empresas que siguieron las directrices del Estado, con los objetivos siguientes: crecimiento del PIB; desarrollo preferente de la industria y de la modernización de la agricultura; y el desarrollo de regiones no industrializadas, para lo cual se crearon los Polos de Desarrollo (Burgos, Huelva, Valladolid, Vigo), con resultados dispares. No obstante, el desarrollismo presentaría una serie de limitaciones, tales como el desarrollo de una industria con muy poco contenido tecnológico y muy dependiente del exterior; la incentivación de la emigración al exterior (para evitar el paro masivo); la renta per cápita y el bienestar social no alcanzaron el nivel medio de los países occidentales; el sistema fiscal regresivo y el fraude y la evasión de impuestos.

Como consecuencia de la combinación de una natalidad elevada y una mortalidad en descenso, se produjo un notable crecimiento de la población (Babe Boom). Durante los años sesenta, las migraciones fueron masivas. En el interior se produjo el éxodo rural, surgiendo suburbios y ciudades dormitorio en torno a las grandes ciudades (Madrid, Cataluña y Valencia), sin planificar e infradotados de servicios y equipamientos. Se despoblaron así Andalucía, las dos Castillas, Extremadura y Galicia, acentuándose las diferencias de riqueza entre regiones del país. Por otro lado, emigraron más de 1,5 millones de personas (fundamentalmente a Alemania, Francia, Suiza y Bélgica).

La estructura de la población activa se modernizó (disminuyó el número de jornaleros en el campo, aumentó el de obreros y se desarrolló la clase media.

Los modos de vida y la mentalidad cambiaron, sobre todo entre los jóvenes de las ciudades, por la influencia de los turistas europeos y la difusión de la televisión. Uno de los cambios más destacados fue la incorporación de la mujer al trabajo fuera de casa. El nivel de vida mejoró y aparecíó la sociedad de consumo: los salarios subieron, se generalizaron el teléfono, la nevera, la lavadora, el SEAT 600, las vacaciones y, en general, la cultura del ocio
. El crecimiento económico de este período transformó profundamente la sociedad española. No obstante, los cambios económicos y sociales contrastaron con el inmovilismo y la represión políticos.

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