De las Cortes de Cádiz a la Década Ominosa: España en el siglo XIX

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Cortes de Cádiz

Con la ocupación francesa, la resistencia se organizó mediante juntas locales, provinciales y una Junta Central Suprema de Defensa, presidida por Floridablanca, inicialmente en Aranjuez, luego en Sevilla y finalmente en Cádiz. La situación en Cádiz era caótica en cuanto al poder. El hermano de Wellington, diplomático del gobierno británico, intentó coordinar la Junta, el ejército regular y el británico. Los ingleses defendieron la ciudad, derrotando a las fuerzas francesas del general Víctor en la batalla de Chiclana en 1810, mientras que el general español La Peña observaba. La Junta de Defensa promovió las Cortes de Cádiz.

Paralelamente, en España se estaban produciendo cambios ideológicos y políticos provenientes de la Ilustración. La Revolución Francesa representaba un liberalismo moderado con reformas. Los partidarios de ideas liberales simpatizantes de Napoleón eran los afrancesados (como Fernández de Moratín), pero no todos los liberales apoyaban a los franceses, sino que apoyaban a Fernando VII, pensando que aceptaría los cambios. El último grupo eran los absolutistas, que apoyaban a Fernando VII pero no la Constitución de 1812. Estos dos grupos, con la ocupación francesa, se unieron contra un enemigo común.

En el aspecto político, la Junta Central se disolvió en Cádiz en 1810, tras organizar un Consejo de Regencia que convocó a las Cortes Constituyentes, previa consulta al país organizada por Jovellanos. Los miembros destacados de las Cortes fueron Martínez de la Rosa, Argüelles y el Conde de Toreno (liberales). Las Cortes realizaron una labor revolucionaria, asumiendo la soberanía y redactando la Constitución de 1812, promulgada el 19 de marzo. Esta constitución establecía la soberanía nacional, una cámara, sufragio censitario y poderes compartidos. Se esperaba que Fernando VII la aceptara, pero no lo hizo. La anuló con el Manifiesto de los Persas, dio un golpe de Estado y restableció el absolutismo. La Constitución solo se aplicó durante el Trienio Liberal (1820-1823).

La Restauración Absolutista (1814-1820)

En 1814, España se adhirió a las nuevas corrientes europeas. El movimiento liberal se asentó con la Constitución, la economía estaba en ruinas y Fernando VII regresó con el Tratado de Valençay. No quiso firmar la Constitución y se aferró al absolutismo. Entró por el Levante hasta Valencia. Los liberales esperaban un rey que viera la Constitución como un medio para que el país volviera a engrandecerse, y los absolutistas querían el absolutismo alejado del despotismo ilustrado.

Al llegar a Valencia, el general Elío apoyó al rey, y cerca de la capital recibió el Manifiesto de los Persas de diputados absolutistas. Este documento concluía que, después de seis años de anarquía, lo mejor era el absolutismo. Fernando VII llegó seguro a Madrid, dio un golpe de Estado y, por Real Decreto de 4 de mayo de 1814, declaró nula la Constitución, comenzando la Restauración Absolutista. Se restableció la Inquisición y Fernando VII gobernó con una camarilla de amigos. A los oficiales del ejército de capas populares se les vetaron los ascensos y se les bajó el sueldo. Esto motivó los pronunciamientos de Espoz y Mina en Navarra y de Porlier en Galicia. España se convirtió en un estado policial y todo opositor a Fernando VII fue perseguido.

El Trienio Liberal (1820-1823)

En 1820, Rafael de Riego se pronunció en Cabezas de San Juan, y fue seguido por generales como Quiroga, obligando a Fernando VII a firmar la Constitución con un discurso que terminaba con una frase célebre. En tres años, los liberales gobernaron España. El primer presidente fue Argüelles. Se suprimió la Inquisición y se abolieron los privilegios señoriales.

Durante el Trienio Liberal, todavía no se había superado la Guerra de Independencia, por lo que las primeras medidas del gobierno fueron para la economía. El rey se puso en contacto con la Santa Alianza pidiendo ayuda. Los mismos liberales debilitaron el sistema con sus discrepancias, ya que los más conservadores (doceañistas) querían recortar las libertades de la Constitución, y los radicales no. El pueblo, liberado de la Inquisición y del sistema policial, arremetió contra el clero. Se ahorcó al padre Vinuesa. A pesar de esto, se crearon sociedades patrióticas para hablar de política, como la de los Amigos de la Libertad. En España entró la masonería, con sociedades como la del Anillo de Oro (Martínez de la Rosa y Argüelles) y los Comuneros (Riego).

En el Congreso de Verona, la Santa Alianza aprobó la intervención armada en España, organizándose con el ejército de los Cien Mil Hijos de San Luis, dirigidos por el Duque de Angulema. La resistencia fue nula. El ejército francés se quedó hasta 1828.

La Década Ominosa (1823-1833)

Quien pudo se exilió, como José de Espronceda, pero otros como Riego, Torrijos, Juan Martín el Empecinado y Mariana Pineda fueron asesinados. España se convirtió en un estado policial. En 1824 se dio la batalla de Ayacucho en América. España necesitaba recuperarse, por lo que Fernando VII se acercó a los ilustrados y afrancesados. Llamó para Hacienda a Ballesteros y contó con Cea Bermúdez, y dio libertades a los liberales de Cádiz. No reinstauró la Inquisición. Los apostólicos mostraron su descontento y se acercaron a Don Carlos. Fernando VII se casó con María Cristina de Borbón y en 1830 nació su hija. Publicó la Pragmática Sanción para abolir la Ley Sálica. En 1832 cayó enfermo en el Palacio de La Granja y los partidarios de Carlos le presionaron para reinstaurar la Ley Sálica, así que la reinstauró, pero cuando se curó la volvió a abolir. En 1833 murió, dejando a su mujer embarazada, un país destrozado, analfabeto, con una mala distribución de las tierras y absolutistas que no querían ser gobernados por una mujer.

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