Conclusión transformaciones económicas. Proceso de desamortización y cambios agrarios. Las peculiaridades de la incorporación de España a la revolución industrial. Modernización de las infraestructuras. El impacto del ferrocarril.

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Cataluña partíó con una posición de ventaja con respecto al resto de España, pues su despegue industrial se realizó en el S. XVIII, debido a la iniciativa empresarial de la burguésía catalana que supo modernizar sus industrias y la acción de la protección arancelaria que permitíó, tras la pérdida del mercado colonial americano, orientar la producción al mercado nacional sin la competencia inglesa. Pero este impulso fue insuficiente para arrastrar al conjunto de la economía española. España quedó rezagada por la escasa capacidad de compra de la mayoría de los consumidores, la escasez de fuentes de energía, la posición excéntrica de España con respecto a Europa y la absorción de gran cantidad de recursos por la Hacienda Pública. En cuanto a la siderurgia, la inexistencia de buen carbón y de demanda suficiente explica su desarrollo accidentado, cuya localización fue cambiando a lo largo del siglo, por lo que podemos distinguir tres etapas: 1-La etapa andaluza, hasta los años sesenta en torno a Málaga.
Se basaba en la exportación de hierro de la zona. Su inconveniente era la falta de carbón mineral que hacía recurrir al carbón vegetal, mucho más caro. Su apogeo se debíó a las guerras carlistas que impidió la explotación de la minería del norte. 2-La etapa asturiana, entre los años sesenta y ochenta, en torno a Mieres y Langreo.
El carbón de esta zona era de gran calidad. 3-La etapa vizcaína, cuyo crecimiento se inicia a raíz de la Restauración, en la que destacan tres empresas grandes fusionadas en 1902 para formar Altos Hornos de Vizcaya. La clave de su éxito estuvo en el eje comercial Bilbao- Cardiff (Gales): Bilbao exportaba hierro y compraba carbón galés, más caro, pero de más calidad y rentabilidad que el asturiano.//En lo que se refiere a la minería,
España era rica en reservas de hierro, cobre, Mercurio, plomo y cinc;
además gozaba de la ventaja de la proximidad de los yacimientos a zonas portuarias, lo que facilitaba el transporte y la exportación de minerales. Pero la explotación de la riqueza minera no alcanzó su apogeo hasta el último cuarto de siglo, cuando se convirtió en uno de los sectores más activos de la economía nacional. Esta inactividad fue debida a la falta de capitales y de conocimientos técnicos suficientes para poner en explotación algunos de los yacimientos peninsulares; a la inexistencia de una demanda suficiente de estos minerales por el atraso económico español y a una legislación que ponía demasiados obstáculos a la iniciativa empresarial privada y declaraba las minas propiedad de la Corona. Todas estas circunstancias cambiaron a partir de la revolución de 1868, pues la Ley de bases sobre minas simplificaba la adjudicación de concesiones ofreciendo seguridades a los concesionarios y aumentó considerablemente la demanda internacional de los productos mineros. España se convirtió en exportadora de materias primas de minerales. Pero desde el punto de vista energético, las principales fuentes de energía utilizadas, hasta mitad de siglo, fueron la fuerza humana y animal; en menor medida la hidráulica (molinos de agua) y la eólica (molinos de viento, barcos de vela, etc.) En este aspecto, España estaba en clara desventaja respecto a los países industrializados de Europa, ya que el carbón español era escaso, de mala calidad y caro. El carbón era la fuente de energía más importante carácterístico de la revolución industrial.  En conclusión, el proceso de industrialización español fue lento y estuvo relegado a uno de los puestos más bajos de Europa; en esto incidieron numerosos factores, entre los que destacan los siguientes:-Escasa capacidad productiva de las manufacturas tradicionales.-Inexistencia de un mercado nacional que facilitase los intercambios comerciales.-Escasez de capitales para la creación de nuevas industrias.//El resultado fue un desarrollo industrial limitado y con graves deficiencias, ya que estuvo limitado a dos focos periféricos: el catalán y el vasco.Uno de los problemas para el desarrollo industrial fue el problema de las comunicaciones, que impedía un mercado de transporte rápido y unificado. Las peculiaridades de la geografía peninsular una dificultad añadida para el desarrollo del mismo. España poseía una elevada Meseta Central rodeada de cadenas montañosas que aislaban la España interior y dificultaban considerablemente sus comunicaciones con la periferia. Además, los ríos eran demasiado cortos y con fuertes pendientes (salvo el Ebro), o largos pero de cauce poco profundo y caudal irregular por la sequía estival que dificultaba su navegabilidad y su utilización como vía de navegación.El transporte marítimo experimentó a lo largo del S. XIX profundas transformaciones, tanto en la mejora de los puertos, como en el desarrollo de la navegación, primero a vela y después a vapor. Sin embargo las costas españolas son poco recortadas por lo que escasean los puertos naturales, concentrándose la mayor parte del comercio marítimo en siete puertos: Santander, Bilbao, Barcelona, Valencia, Málaga, Cádiz y Sevilla. Entre todos ellos sobresalían por su importancia en el S. XIX Barcelona y Bilbao. En lo referente al transporte terrestre, durante el S. XIX, se inició un programa de construcción de carreteras que facilitó el transporte terrestre y abarató costes. Pero la auténtica revolución fue el FERROCARRIL, que transformó la economía y la industria española. Su desarrollo transcurríó en torno a cuatro fases: 1-La inicial, desde 1829 hasta 1844, cuando se fue estudiando la posibilidad de su implantación según modelos extranjeros. 2-Desde 1844 hasta 1855, que se crearon las primeras líneas, pero sin legislación. 3-En 1855, que se determina la Ley General de Ferrocarriles, iniciando un periodo de máximo crecimiento, gracias a la afluencia masiva de capital, tecnología y material extranjeros. El capital fue mayoritariamente francés, pero también hubo capital español. 4-Entre 1865 y 1900 se desarrolló un periodo de normalización y estabilización. Este último impulso, con la Restauración en 1876, coincidíó con el desarrollo de la minería.//Las primeras líneas de ferrocarril construidas en España fueron algunos tramos cortos, como el de Barcelona-Mataró, Madrid-Aranjuez o Langreo-Gijón, aunque la verdadera fiebre constructora tuvo lugar a partir de la Ley de 1855, que se consideró a ésta objetivo prioritario y estuvo ligada a otras leyes orientadas a impulsar su progreso: la Ley de Desamortización de Madoz y la Ley de Bancos y Sociedades de Crédito. Entre las consecuencias derivadas de la Ley de ferrocarriles cabe destacar las siguientes:-Las principales concesiones se otorgaron a compañías extranjeras, por lo que su construcción apenas estimuló la industria siderúrgica nacional, a diferencia de lo ocurrido en otros países.-El escaso capital español se invirtió en el ferrocarril y no en industrias.-Al no haber apenas mercancías que transportar, algunas compañías quebraron y arrastraron en su caída a bancos y sociedades de crédito (crisis financiera de 1866).-Aunque la estructura de la construcción del ferrocarril fue radial, partiendo desde Madrid, a finales del S.XIX todavía no existía un mercado interior único y bien articulado.//En cuanto al comercio exterior español, su volumen aumentó considerablemente a lo largo de este siglo; pero la balanza comercial se mantuvo deficitaria, con una estructura propia de un país poco desarrollado: se exportaba a Europa materias primas y productos semielaborados, y se importaban productos industriales. Gran Bretaña y Francia fueron los principales clientes y abastecedores.Durante este siglo el modelo de comercio fue el proteccionismo (con aranceles) principalmente para proteger el algodón catalán, los cereales castellanos y los productos siderúrgicos vascos. A pesar de esto había partidarios del librecambismo, aunque era un grupo menos definido social y económicamente; a este grupo pertenecían los comerciantes y las compañías ferroviarias.

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