- Para **Pitágoras**, el universo era un conjunto de relaciones numéricas calculables matemáticamente (**proporción**), que permiten el **kósmos**. Así pues, la proporción matemática es la ley básica del orden y la belleza del universo. Pitágoras, mediante el estudio de la música (cogiendo como premisa la lira), explica las consecuencias de la proporción en la armonía. Dice: si consideramos tres cuerdas del mismo grosor y las dividimos en módulos iguales de modo que las cuerdas cumplan los principios de proporción, el sonido que producirán será armónico. A esto, le añade el concepto de coexistencia entre lo material y lo inmaterial: lo material serían las cuerdas de la lira, y lo inmaterial sería la armonía de su sonido. Así pues, la música se define como la ciencia de la armonía, y es elevada a la más prestigiosa de las artes **mousiké**, al tener la capacidad de calmar (**katharsis**) las almas mediante la armonía. El pensamiento pitagórico se pone en duda con los sofistas. - **Kalokagathia** (de kalós ‘bello’ y agathós, ‘bueno’) es el pensamiento de la antigua Grecia sobre aquello que es bello y bueno, y que está vinculado con la justicia. - Para los griegos antiguos no existía una diferenciación entre arte y técnica, así que lo nombraban **téchne** (“construir”), que se definía como cualquier actividad humana relacionada con la utilización de las herramientas manuales que permiten transformar un material para construir un objeto productivo y funcional. Dentro de **téchne** se incluyen la arquitectura, la escultura y la pintura. Por otro lado, los griegos distinguen otro tipo de arte, la **mousiké** (“música”) o artes escénicas o liberales, que son artes inspiradas por las musas porque requieren como premisa fundamental grandes dotes memorísticas, ya que se transmitían oralmente, y las musas eran las diosas de la memoria. Eso señalaba que la **mousiké** no implicaba sólo técnica, sino también inspiración divina. Se incluían la poesía, la música, la danza y el teatro. El **mousikós** era visto como el intermediario entre los dioses y los hombres. Además, la poesía, inspirada por los dioses, tenía cierto poder psicagógico, es decir, que actuaba sobre el alma de los individuos guiándolos hacia lo correcto y lo justo, y pacificándolos a través de la **katharsis** (“purificación”). De este modo, **téchne** y **mousiké** quedaban distanciadas debido al banalizado carácter físico de las artes plásticas, y a la divinización de las artes escénicas, consideradas más importantes que la **téchne**. - Los artistas artesanos no creaban, sólo imitaban el orden de la naturaleza, que reflejaba el orden y la belleza divina del **kósmos**, y para los griegos, lo divino era la verdad; por lo tanto, la belleza, al ser divina, era la verdad. Así pues, lo bello era visto como una luz que les permitía acceder al conocimiento del **kósmos**, a lo inteligible (lo mental). El conocimiento para los griegos antiguos estaba relacionado con el saber de la mente, no con la experiencia física de los sentidos, ya que a través del pensamiento podían entender los principios sobre los que se basa el orden cósmico (la verdad) y su belleza.
Así pues, para los griegos antiguos, lo bello no sólo se reflejaba en lo físico, sino que además, tenía que ver con lo verdadero, lo bueno, lo justo y lo divino. Los artistas artesanos de la Grecia antigua se limitaban a representar la armonía y la belleza de la naturaleza, siguiendo unos determinados cánones que objetivaban la belleza del **kósmos**. Estos cánones se regían por un código normativo de leyes que tenían como finalidad ordenar los elementos de belleza. Y este orden lo efectuaban los técnicos y los músicos, que poseían el arte de imitar a los dioses (**mímesis**). Los cánones de belleza de la Grecia antigua venían determinados básicamente por las proporciones de los objetos, que son relaciones numéricas entre las partes que constituyen un objeto respecto al conjunto. Los más importantes son el de **Policleto** (8 cabezas) y el de **Vitruvio**, arquitecto del siglo I a.C., que escribió.