Compromiso social y político de Miguel Hernández

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6. EL COMPROMISO SOCIAL Y POLÍTICO EN LA POESÍA DE Miguel HERNÁNDEZ: Uno de los aspectos más relevantes de la figura y la obra de Miguel Hernández es la postura de compromiso que adopta ante las circunstancias sociales y políticas de la España en la que vive. Pero, esta postura no se observa desde el principio. Así en su primera etapa y en concreto en su obra teatral Quien te ha visto y quien te ve y sombra de ¡o que eras (1933-1934) el autor condena los actos revolucionarios de los campesinos; y además critica las posiciones políticas de los anarquistas, los comunistas y los sindicatos obreros. Este carácter conformista desaparecerá cuando en Marzo de 1934 Miguel Hernández viaja por segunda vez a Madrid. Su vida en la capital española; los avatares de la política y las nuevas amistades provocarán que el poeta deje el talante ideológico oriolano. Una vez instalado en Madrid, comienza a colaborar en la revista Cruz y Raya y toma contacto con la Escuela de Vallecas, Alberti, Cernuda o Pablo Neruda. Conoce a Vicente Aleixandre y se incorpora a las Misiones Pedagógicas, con la finalidad de difundir la cultura general. Estas experiencias lo conducen a abandonar una poesía de influencia conservadora e iniciar en la segunda mitad de 1935, con las primeras protestas sociales, una poesía impura. La poesía impura se define como una poesía manchada por su ímpetu social y su afinidad "con la inmensa compañía”. A través de este tipo de poesía comienza por liberarse él mismo: se trata de las primeras muestras de poesía social (Amanecen las hachas en bandadas/como ganaderías voladoras. Se libera también de las cargas y los prejuicios religiosos. El gran compromiso del poeta pone sus fuerzas para dignificar al hombre del campo. (Aquí estoy para vivir/ mientras el alma me suene/y aquí estoy para morir/cunado la hora me llegue).El estallido de la Guerra Civil obliga a M. Hernández a dar el paso al compromiso político y toma partido por el bando republicano, que identifica con los pobres. En su obra El rayo que no cesa Hernández fundamenta su compromiso político en experiencias cotidianas, vividas y sufridas por él y los suyos ( viendo a mi hermana helarse mientras lava la ropajviendo a mi madre siempre en ayuno forzoso. En 1937 tras casarse civilmente con Josefina Manresa compone Viento del pueblo.
Este poemario dedicado a Vicente Aleixandre recoge los poemas escritos desde el estallido de la guerra y publicados puntualmente en diversas revistas. Viento de pueblo es fruto de la necesidad que siente el poeta de comprometerse no solo socialmente sino también políticamente. El poeta comprende el poder transformador de la palabra, su posible función social y política. Escribe una poesía de guerra, de denuncia pero también una poesía de solidaridad con el pueblo oprimido.
Dicha función se articula en tres tonos: Exaltación (alabanza a los hombres que luchan por la justicia y la libertad): "Vientos del pueblo", "Canción del esposo soldado". Su entusiasmo combativo lo lleva a mitificar a sus protagonistas poemáticos: jornaleros, poetas, combatientes...
Exalta y exhorta a los jornaleros, a los campesinos ("Campesino, despierta/español, que no es tarde/... en "Campesino de España")
a los aceituneros de Jaén, o a las figuras emblemáticas de la lucha.
El poeta también se mitifica a sí mismo cuando en poemas como "vientos de pueblo" se identifica con la colectividad y a ésta le otorga atributos de fuerza y orgullo mediante hipérboles, la identificación de fenómenos atmosféricos. El poeta además se convierte en intérprete de las desdichas del pueblo, con el que se siente identificado y comprometido. Miguel Hernández sufre con los explotados (Me duele este niño hambriento/como una grandiosa espina) pero además lleva su compromiso a las trincheras como aparece al final de "Viento de pueblo".


Este tono de exaltación también se observa en la fusión entre el amor y el heroísmo.
El amor y el "vientre" de la esposa son el "sustento" del poeta-esposo-soldado, cuando lucha por defender a su pueblo.
Lamentación (lamentación por las víctimas de los opresores): "Elegía primera, "Elegía segunda" y "El niño yuntero", "Aceituneros"...
Imprecación (imprecación a los enemigos, opresores y explotadores): "Los cobardes", "Ceniciento Mussolini". Este tono implica denigrar e insultar a los cobardes que tiranizan al pueblo. Este contraste entre la exaltación del pueblo y la imprecación del tirano aparece dramáticamente articulado en "Las manos": "las manos" son símbolo de lo positivo y de lo negativo al mismo tiempo. Símbolo positivo en cuanto que representan las manos puras de los trabajadores, "pobladas de sudor" que significan progreso y esperanza; y negativo porque también representan las manos de los explotadores que "empuñan puñales y crucifijos", "acaparan tesoros". Hernández escribe su segundo libro de guerra El hombre acecha, que consta de diecinueve poemas escritos entre 1937 y Octubre de 1938. Este poemario coincide con Viento del pueblo en los moldes métricos- estéticos, en el concepto de la "poesía como arma" y en las "circunstancias" que lo provocan; pero el tono y el tratamiento temático son distintos, a saber:

Viento del pueblo

Es un poemario heterogéneo y externo. Es un libro combativo en el que se observa entusiasmo, optimismo y esperanza de victoria.

El hombre acecha

Es un poemario orgánico. Los acontecimientos de la guerra provocan en el poeta el desaliento debido a una realidad que se mide ya en miles de muertos, cárceles, heridos y odio. Es la visión pesimista de la guerra en general, ya sin necesidad de tomar partido.
El hombre acecha presenta tres temas claves en su poesía: -

El acecho y el dolor

El hombre, con sus odios que todo lo salpican, no deja ver el paisaje. -

La reivindicación de la palabra poética da autenticidad de su poesía y la de los suyos, sus poetas)

Su poesía social es una síntesis del dolor compartido, y de denuncia contra la injusticia. -
España. En su poema "Madre España", el símbolo de España es la tierra como madre primigenia, originaria ( Decir madre es decir tierra que me ha parido), lo que la asocia a la función maternal, la fecundación y la regeneración. En el tratamiento de sus temas esenciales, los poemas de El hombre acecha suelen presentar una oposición entre las fuerzas de lo positivo y lo negativo como sucedía en el poema " Las manos" de Vientos de pueblo.
Pero este segundo poemario, a pesar de todo, acaba con una petición de esperanza. Es su "Canción última", preludio de Cancionero y Romancero de ausencias.
Se contempla la derrota íntima a causa de la Historia, es decir, la ruptura de la vida cotidiana, íntima como consecuencia de la guerra. Pero el poeta se aferra a la vida y a la esperanza por medio del amor. Es la victoria épica de lo lírico. En Septiembre de 1939, Hernández entrega a su esposa Cancionero y Romancero de ausencias.
Con este último poemario M. Hernández alcanza la madurez poética. Es una poesía desnuda, sencilla, basada en la lírica popular, desgarrada, íntima. Los temas son recurrentes: el amor, la vida y la muerte, pero con un tono trágico. El poeta es una víctima más, un vencido más, como su pueblo. La palabra "libertad" está unida ahora al amor, a su esposa, ya que su sentir no puede encarcelarse. Ya no hay canto combativo, ni exaltación de los héroes o del pueblo, ni imprecación a los verdugos, sólo hay lamento por el destino de cárcel y muerte que le aguarda. La guerra se retrata con una desnudez terrible. Ante las consecuencias funestas de la guerra, el poeta quiere dejar unos versos de pacifismo en su poema "Tristes guerras". Son los versos de un hombre cuyo lema ha sido siempre el amor y cuyas armas han sido siempre las palabras:

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