Comparación de Nietzsche con la actualidad

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La idea fundamental del texto es la crítica que hace Nietzsche a la filosofía occidental.Golpes a la filosofía de Platón: las Ideas no son objeto de ciencia sino de creencia. Creencia, además, “desesperada”. ¿Por qué desesperada? Porque tiene su origen en el miedo a la muerte y el deseo rastrero de permanecer, de perdurar.La sensibilidad, ese defecto que nos convierte en mortales bicéfalos (Parménides) o que nos mantiene encadenados en el fondo de la caverna (Platón) es el engañador, la impureza que nos aparta del verdadero camino del ser.Obsérvese como Nietzsche explota las connotaciones de la comparación de los filósofos con una horda salvaje que persigue y captura al chivo expiatorio de sus males -la sensibilidad- para ejecutarlo.Que los sentidos nos engañan acerca del mundo verdadero, de lo que es, está claro desde Parménides y Platón. Pero no sólo nos engañan también nos corrompen. Apreciar los sentidos es propio de una conducta inmoral, pecaminosa.Primera máxima de la filosofía platónica: abandonar la caverna. Los que eligen el cambio, el devenir, se apartan del saber y se dejan arrastrar por una fe ciega en “los sentidos”, los máximos engañadores.Segunda máxima de la filosofía platónica: Todo el que permanezca fiel a los sentidos pertenece a la clase social más baja, es “pueblo”. En la separación de las clases sociales que hace Platón, el filósofo, la razón, representa a la clase superior mientras que la mayoría, los inferiores, son aquellos que permanecen ligados a lo sensible y a la parte apetitiva del alma, la parte inmoral y pecaminosa.Es extraño que Nietzsche de la razón a la mayoría, al pueblo, frente a la minoría. Generalmente, su planteamiento es el opuesto: el pueblo, la chusma, los esclavos son siempre mayoría que oprime a una minoría.El filósofo termina por convertirse en aquello que ha creado: momias. Eso implica que el filósofo termina matando la vida dentro de sí. Recuérdese a Platón: filosofar es prepararse para morir. El Ser de Parménides y Platón termina por encontrar su máxima expresión en la Idea de Dios con la llegada del cristianismo. El filósofo entonces se convierte en abanderado del “monótono-teísmo” -reuníón de los conceptos monótono y monoteísmo- y adquiere un tenebroso aspecto de sepulturero.Nietzsche hace gala aquí de una fina ironía: los filósofos, adoradores del Ser y enterradores de la Vida, se caracterizan por ser mortalmente monótonos, mortalmente aburridos.Sin embargo, hay algo que todavía se resiste a la negación filosófica del mundo de los sentidos, algo que la razón -la lógica- no puede someter del todo, algo que la religión nos adiestra para que lo refutemos pero que siempre protesta, el muy insolente: el cuerpo.Para Nietzsche los sentidos simbolizan, lo esencial para la percepción.Para Nietzsche, los sentidos no engañan, son los únicos instrumentos que captan fielmente la realidad inestable y cambiante del mundo. La razón sólo nos muestra la realidad disfrazada, oculta,  a través de los conceptos. Para los filósofos antiguos el verdadero conocimiento estaba el las ideas, ya que formaban las cosas en esencias y conceptos, pero para Nietzsche el verdadero conocimiento no esta en las ideas, sino en el mundo sensible, en los sentidos, ya que cuando tu ves una cosa, la conoces mediante los sentidos. El cristianismo para Nietzsche no es otra cosa que una metafísica y una antropología de corte platónico. Supone el establecimiento de una moral antinatural que se opone a la vida y rechaza como pecado toda manifestación corporal e instintiva en el hombre. El cuerpo, nueva cárcel del alma, debe perecer para así salvar el alma. Por lo tanto, el cristianismo no es solamente una prolongación de ese platonismo que refuerza esta escisión entre el mundo verdadero y el mundo aparente. Ese mundo verdadero, inmutable y eterno en el que se encuentran el Bien, la Verdad y la Belleza, es la morada de Dios, un Dios que se muestra hostil y lejano a ese mundo aparente, cambiante, perecedero, que debe ser contemplado como tránsito hacia la morada definitiva que es el propio Dios.Nietzsche entiende que la religión cristiana supo, como ninguna otra, aprovechar ese temor reverencial que el hombre siente hacia realidades como el dolor, el sufrimiento y las dudas existenciales que se presentan, inevitablemente, al cuestionarnos que habrá después de la muerte; desde estas premisas surge en el hombre el concepto de Dios.





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