Comer al mediodía lenguaje poético

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Nos remontamos a la Edad de Plata, a la Generación del 27, con una de las autoras más representativas, Josefina de la Torre; a la que pertenece este poema.
A pesar de ser una gran amante de la literatura, también se dedicó al mundo del espectáculo, siendo

tanto cantante y pianista, como actriz y guionista. Esto se debe a que nace en una familia de intelectuales y artistas, con ideales progresistas, por lo que comparte con sus padres esa pasión por el arte dramático, la literatura, y la música.

Recibíó mucha influencia de varios autores canarios que la introducen en el Modernismo.

Con veinte años, viaja a Madrid con su hermano, del que recibe enseñanzas y un impulso hacia el mundo de la literatura.

Estando allí, entra en contacto con varios escritores conocidos, como Salinas, García Lorca

o Gerardo Diego. Fue testigo de la agitación cultural que crecía en la capital, colaborando en revistas poéticas.

Su primera obra la publica en el año 1927, trás este libro, llega Poemas de la isla, y más adelante, durante el franquismo, sólo publica uno de versos, Marzo incompleto, que escribe entre 1930 y 1936. A esta obra pertenece este poema, y en ella, Josefina nos transmite sus emociones y su mundo interno, al tratar temas como el paso del tiempo, la memoria, evocación al pasado y el misterio de la vida, que trae consigo momentos de soledad y de desasosiego ante aspiraciones incumplidas. Esto último, lo observamos en este poema en particular, tratándose de una descripción como proyecto de vida frustrado, al no haber sido madre por su esterilidad.


Del mismo modo, como ya se comentó antes, Josefina de la Torre pertenecíó a la Generación del 27; un grupo de escritores españoles nacidos en fechas cercanas y movidos

por un mismo acontecimiento que les uníó y les dió nombre: el homenaje del tercer

centenario de la muerte de Góngora. La fuerte relación entre ellos, provocará el uso de

rasgos comunes de estilo, que a pesar de querer encontrar nuevas fórmulas poéticas, no

rompen con las tradiciones y sienten admiración por el lenguaje poético de Góngora, por los

autores clásicos españoles (Garcilaso, Quevedo...) y por las formas populares del

romancero (neopopularismo). A esto se añade la fuerte influencia de la generación del 98,

de Juan Ramón Jiménez y de las vanguardias, empleando siempre un estilo propio.

Las corrientes de estas últimas, sobre todo el Surrealismo (estos escritores exploran el

mundo de lo inconsciente y pretenden alcanzar la belleza absoluta, que está por encima de

la realidad), ejercerán también una gran influencia en este grupo de autores, a la par que lo

Tradicional



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