Como clasifica Kant los actos en relación al deber

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La buena voluntad es lo más valioso que tenemos. No es buena ni mala, la buena voluntad orienta esa carácterística a un fin bueno, depende de la presencia o ausencia de la buena voluntad. La buena voluntad no es buena por lo que se realice sino que es buena por sí misma, no importa si alcanzo o no lo que deseo realizar, lo que importa es la voluntad y agotar todos los medios para que se realice. Con el mero deseo o la intención al realizar determinado acto, ya es correcto, independientemente de las consecuencias. El concepto de buena voluntad está relacionado con el concepto de deber, por lo tanto Kant clasifica los actos morales en:

Contrarios al deber: actos malos que ni siquiera suceden por deber, son contrarios a este


Conforme al deber: pueden ser por inclinación mediata, es decir, la inclinación (que es algo subjetivo: sentimiento, deseo, impulso) hacen de medio para alcanzar determinada acción. Deja en evidencia el fin o interés egoísta más allá de cumplir con el deber. Ej: hacer determinado trabajo para tener un ascenso. O pueden ser por inclinación inmediata, el interés egoísta en este caso no está tan claro, la inclinación empaña la moral, si se realiza determinada acción por la inclinación y no por la moral, la moral termina siendo negativa. La diferencia con la otra, es que en esta no se utiliza a la inclinación como medio para llegar a otro fin.

Por deber: Según Kant, son los únicos con contenido moral, se actúa en contra de las inclinaciones. Ej del hombre suicida.

El valor moral de una acción reside en lo que se quiere o busca y no en la consecuencia o resultado de la acción. Los propósitos que podamos tener al realizar las acciones y los efectos de éstas, no proporcional a la acción ningún valor moral. Una acción realizada por deber tiene que dejar de lado las inclinaciones y las posibles consecuencias de esa acción. El valor de la acción reside en la máxima que guía mi comportamiento moral (correcto o incorrecto) y no en el resultado, consecuencia, propósito o inclinaciones. Esta máxima es subjetiva. Se elige preguntándose si es deseable el comportamiento que exige esa máxima, si lo es, la máxima es correcta y si no lo es, es incorrecta (universalizar la máxima). Cualquier persona puede realizar este razonamiento sin importar la religión, clase social, etc. La fuente de la moral es la razón no la experiencia, la razón determina la voluntad por fundamentos a priori (antes de la experiencia)  Ej del amigo leal. La moral no debe deducirse a partir de la experiencia porque si no sería subjetiva; lo correcto o incorrecto dependería de mi experiencia. Los imperativos son métodos para que se apliquen y definir lo correcto e incorrecto. Un imperativo es un mandato moral (ordenes morales hechos por uno mismo) y hay dos tipos: Hipotético: cuando el mandato es un medio para alcanzar un fin, no se cumple la orden por sí misma, sino para alcanzar otra cosa, está condicionado a una alternativa. Categórico: son mandatos que valen por sí mismos, lo cumplo por el mandato en sí y no para alcanzar otra cosa. 1era formulación: “obra solo según una máxima que pueda transformarse en ley moral”, es decir, la universalidad de las máximas

2da formulación: “obra de tal modo que la humanidad, en tu persona y en la de cualquier otro, sea un fin y nunca un medio”. A la 1era formulación se le agrega que la humanidad sea un fin y no un medio. Los seres humanos son seres raciones por lo tanto, son dignos, libres e iguales (valores que defiende la modernidad); son derechos a respetar, no importa la cultura, religión, etc.

3era formulación: se opone el principio de heteronomía de la voluntad y se aplica el principio de autonomía de la voluntad. El propio hombre es capaz de producir principios o leyes morales universales (racionales). El individuo se siente obligado consigo mismo a cumplir con esa ley, se cumple el deber porque me parece que es lo mejor y no por miedo al castigo. Se refleja el pensamiento ilustrado de Kant, defiende la libertad individual del hombre racional; deja de lado las inclinaciones y elegir las máximas según la razón respetando los  imperativos categóricos.


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