Causas de la perdida de minerales del suelo por efecto de la lluvia

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LAS LLUVIAS TORRENCIALES..Mientras que las lluvias torrenciales son las causantes de grandes inundaciones, los seres humanos, en ocasiones, despilfarramos el agua hasta agotarla.
Como comentábamos anteriormente, la climatología en el ámbito Mediterráneo se comporta en frecuentes ocasiones de una forma bastante irregular y hasta podríamos decir que caprichosa. A prolongadas y "pertinaces" sequías, siguen épocas de fuertes y continuas lluvias que provocan destructoras inundaciones.
Esta es, por desgracia, una dinámica natural que no podemos modificar y con la cual nos toca convivir.Es por tanto imprescindible no saltarse las reglas que ese mismo medio nos impone, como forma de evitar catástrofes y tragedias.
 Antiguamente, las personas que vivían cerca de los ríos eran, en general, más conscientes del peligro que este hecho implicaba que muchas de las que actualmente viven en zonas que son inundables.En numerosas ocasiones, las urbanizaciones y las infraestructuras se ubican en zonas con un elevado riesgo potencial de inundaciones. De este modo, cuando llueve mucho más de lo normal y los ríos se salen de su cauce, las aguas invaden terrenos que tradicionalmente se han mantenido vacíos al ser considerados como zona inundable.
Pero debido normalmente aintereses económicos, y olvidándose del principio básico de prudencia y de los riesgos naturales que este hecho conlleva, se ha construido en ellos sin pensar que un futuro las aguas pueden acabar llegando hasta ese lugar.
LA Erosión DEL SUELO…. La consecuencia de todo ello, es que la erosión acaba con un gran número de suelos fértiles.Las raíces de los árboles y de las plantas ejercen una labor fundamental para la conservación del suelo, ya que lo fijan de tal manera, que impiden que pueda ser arrastrado por fenómenos naturales o antrópicos y, en consecuencia, lo protegen de posibles pérdidas.Pero los incendios, cuando afectan a una gran extensión, dejan a la superficie afectada carente de cobertura vegetal, con lo cual esa labor protectora de las plantas sobre el suelo desaparece y este se convierte en un elemento inestable, frágil y fácilmente erosionable por cualquier agente erosivo que actúe sobre él.
Las talas incontroladas y las deforestaciones tienen un efecto similar.Al no existir ese elemento que lo estabilice, las grandes avenidas de agua en forma de fuertes chaparrones, o la escorrentía que arrastra al agua después de una gran tormenta, provocan que la capa superficial del mismo, al carecer de un elemento que la sustente y la apelmace, se pierda con una gran rapidez.Los suelos erosionados son luego muy difíciles de recuperar, y cuando la capa superficial, que es la más fértil, ha sido arrastrada, la productividad de los mismos desciende enormemente.Y no solo se trata de la productividad, que siempre es muy importante. La ausencia de un suelo compacto que frene la escorrentía puede acabar provocando también la acumulación de ese barro que el agua arrastra consigo y que lleva en disolución. Este agua se deposita en las zonas bajas de los ríos y arroyos y puede llegar a colmatarlos o, lo que es peor, causar avenidas de cieno y limo que inundan zonas urbanas y agrícolas en la parte más baja de los vallesPor estos motivos, son las zonas más áridas las que más fácilmente se pueden erosionarLOS INCENDIOS FORESTALES..
España ha sufrido siempre una de las consecuencias negativas propias de las regiones que rodean a este mar, la de las cíclicas sequías
Por lo general, el clima peninsular e insular se caracteriza por su irregularidad en cuanto a las precipitaciones.
La sequía no solo afecta a las tierras de España en los largos y calurosos veranos. Esa cuestión se tiene asumida como algo propio del clima y aunque es desde un punto de vista económico algo negativo, se puede sobrellevar.El problema grave surge cuando la sequía no solo se extiende a lo largo de los meses veraniegos, sino que lo hace también durante buena parte del año. Esto provoca enormes problemas desde numerosos puntos de vista. No solo produce la pérdida de las cosechas, lsino que también reseca el suelo, con lo que favorece su pérdida en caso de lluvias intensas y esporádicas. También favorece los incendios devastadores que se aprovechan de la falta de humedad para propagarse con rapidez y de forma incontrolable.En las últimas décadas se observa un avance de las zonas áridas o semidesérticas en nuestro país.

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