Características teatro de Valle-Inclán

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La figura de Ramón del Valle-Inclán (1866-1936) representa extraordinariamente algunos de los problemas estéticos de su tiempo: Valle podría ser un paradigma de la generación del fin de siglo. Su individualismo feroz, su desprecio por el mundo burgués, su disfraz bohemio y su constante búsqueda de un nuevo modo de entender el lenguaje literario hacen de él un personaje único en la literatura española. Pero es sobre todo en su faceta de dramaturgo donde más podemos apreciar la originalidad de su obra. Una originalidad que le costó muy cara: su teatro apenas fue representado (hay que esperar a la década de 1960 para ello) y todavía hoy choca contra la maquinaria del teatro comercial.

En sus primeras obras tiene influencias “modernistas” con un teatro cargado de simbolismo, donde la puesta en escena parece más importante que el argumento. Dos géneros destacan en esta etapa: Las Comedias bárbaras y las Farsas.  Sin embargo, la preocupación por España es uno de los temas recurrentes de esta época.  A partir de 1920, Valle-Inclán intenta reflejar el estado lamentable de un país donde las desigualdades sociales, la decadencia económica, la corrupción política y la desidia cultural se agudizan. Esta conciencia dará lugar a un género revolucionario en la escena española: el esperpento, que se puede considerar pionero del teatro vanguardista europeo.

El esperpento es una especie de tragedia grotesca: en primer término, una serie de personajes innobles y fracasados; y como trasfondo, una sociedad dominada por la miseria, la corrupción y el abuso de poder. Los «héroes» luchan sin grandeza, quedando reducidos a la categoría de caricaturas. Sus actos y palabras suenan falsos, una parodia de la literatura heroica. A diferencia de lo que hiciera en sus Comedias bárbaras, con el esperpento las tragedias de Valle resultan ridículas. Del canto a lo ancestral y legendario, Valle ha pasado a burlarse de sus personajes, destacando sus gestos más absurdos y mezquinos. Si las Sonatas evocaban paisajes exóticos y elegantes,  los personajes de Luces de bohemia deambulan por el paisaje sucio, destartalado del Madrid «absurdo, brillante y hambriento». A Bradomín le arrebataban la aristocracia, el cinismo y la melancolía; los antihéroes del esperpento, en fin, mezclan un lenguaje altisonante y retórico con lo más chusco de las jergas populares.

Los principales recursos podrían resumirse en unas pinceladas. La degradación de los personajes produce la frecuente caricatura sobre personajes de la literatura clásica española. También se produce la animalización, muñequización o cosificación de personajes. El contraste entre lo doloroso y lo grotesco, que se mezclan, produce que escenas aparentemente trágicas adquieran un tono ridículo o vulgar. Destaca el humor negro: en la tradición de Quevedo o Goya, Valle utiliza una risa mordaz y agria para demoler todo lo que toca. En cuanto al lenguaje, asombra la variedad de registros: desde las jergas a los registros literarios o pretendidamente cultos. Sirven para caracterizar a los personajes pero sobre todo tienen uso paródico.  Los diálogos suelen ser rápidos y brillantes, con un gran sentido de la brevedad y la oportunidad de las réplicas. Respecto a las acotaciones, son mucho más que indicaciones sobre la puesta en escena, tienen un carácter literario. Sus descripciones pictóricas pretenden crear ambientes o climas, más que escenografías. Se suele hablar de la influencia del expresionismo en estas acotaciones.

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